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  <bookinfo>

    <title>Artículos políticos 1910</title>
    <subtitle><emphasis>Regeneración</emphasis></subtitle>


     <author>
      <firstname>Ricardo</firstname>
      <surname>Flores Magón</surname>
     </author>

    <legalnotice>

     <para>
      <emphasis>Esta versión 1.0:</emphasis>
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      <emphasis>Comprimidos para descarga rápida</emphasis>:
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     <para>
      <emphasis>Versión más reciente:</emphasis>
      <ulink url="http://www.espora.org/biblioweb/politica/rfm/ap1910/">http://www.espora.org/biblioweb/politica/rfm/ap1910/</ulink>
     </para>

     <para>
     <emphasis>Nota legal:</emphasis>
      Esta edición digital esta basada en la primera edición cibernética
      realizada por Chantal López y Omar Cortés en marzo de 2003 para la
      <ulink url="http://www.antorcha.net/index/biblioteca.html">Biblioteca
      Virtual Antorcha</ulink>. La maquetación con la DTD DocBook XML corrió
      a cargo de la <ulink url="http://www.espora.org/biblioweb/">BiblioWeb
      BASE | Espora.org</ulink> en agosto de 2003.
     </para>

    </legalnotice>
  </bookinfo>

  <preface>
    <title>Prefacio de la edición digital</title>

      <para>
       El interés por realizar esta versión digital a partir de la recopilación
       de Chantal López y Omar Cortés es doble. Por un lado recordar el
       pensamiento de Ricardo Flores Magón, que por su claridad y sencillez
       periodística ayuda a comprender de raíz las causas que  hicieron
       indispensable la insurrección popular de 1910 e incluso las causas
       del malestar social que prosiguió a la usurpación e institucionalización
       de la Revolución Mexicana por parte del Estado hasta nuestros días.
       Por otro lado comenzar el proyecto de una Biblioteca Digital Autónoma
       que se dé a la tarea recopilar y clasificar recursos con licencias de
       publicación libre y/o de fuente abierta así como participar en la
       construcción de una WWW con formatos y protocolos universales que
       faciliten el acceso y la distribución de la información digital.
      </para>

      <para>
       Esta edición se realizó usando la <emphasis>Document Type
       Definition</emphasis>, Definición de Tipo de Documento, para
       documentación libre
       <ulink url="http://www.docbook.org/xml/4.2/">DocBook XML</ulink>,
       de la cual a partir de un documento fuente (XML) se compilaron las
       versiones en los otros formatos (HTML, PDF, RTF). Tanto la edición
       como la compilación de estas vesiones se realizó enteramente con
       software libre, producto de la libre cooperación de miles de personas
       en todo en mundo.
      </para>

      <para>
       Se guarda la esperanza de que esta tarea sea útil, tanto para
       participar en la reflexión entorno a los problemas que aquejan a
       nuestra sociedad como para difundir el uso de tecnologías libres y
       la socialización de la información y el conocimiento.
      </para>

      <para>
       BiblioWeb BASE | Espora.org, 9 de agosto de 2003.
      </para>

  </preface>

  <chapter> 
    <title>Nota de la Editorial Antorcha</title>

      <para>
       El año de 1910 marca, en la historia de México, el inicio
       de una nueva época. El movimiento revolucionario comenzado en
       este año contra el régimen porfirista sería
       irreversible. El porfirismo tocaba a su fin. La larga lucha que
       remontaba a diez años atrás, durante la cual fueron
       miles quienes perdieron la libertad y otros miles la vida, había
       logrado su objetivo: una insurrección general, multitudinaria.
      </para>

      <para>
       Efectivamente, ya varios acontecimientos habían sentenciado a la
       oprobiosa tiranía porfirista; basta rerordar los sucesos de
       Cananea y los de Río Blanco. Todo ello evidenciaba la
       incapacidad del régimen y revelaba la existencia de un
       núcleo organizativo formado con gente de entrega, honestidad y
       talento indiscutible. Sin duda, la actuación de la
       Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano,
       formada en 1905 al calor de los acontecimientos nacionales, fue
       decisiva para que se lograra el estallido de 191O.
      </para>

      <para>
       En agosto de aquel año, Ricardo Flores Magón, Librado
       Rivera y Antonio I. Villarreal salen de la cárcel. Un mes
       después <emphasis>Regeneración</emphasis> reaparece.
       En él, Ricardo expondría sus conceptos sobre la
       revolución, las masas, el proletariado, el clero, el
       Partido Antirreeleccionista y otros temas
       más. Lúcidamente analizaría punto por punto los
       elementos que propician o frenan el desarrollo de toda lucha
       libertaria. En este vocero, no sólo se hacía propaganda,
       se exponía también claramente que una revolución
       es, además de una lucha armada, un enfrentamiento de valores
       éticos y que para forjar una sociedad sin opresores es preciso
       que los individuos que luchan para ese fin, lo tengan bien presente y
       opongan, en la práctica, frente a frente, esos valores.
      </para>

      <para>
       Chantal López y Omar Cortés
      </para>

  </chapter>

  <chapter>
     <title>Regeneracion</title>

      <para>Aquí estamos. Tres años de trabajos forzados en la prisión han
       templado mejor nuestro carácter. El dolor es un acicate para los
       espiritus fuertes. El flagelo no nos somete: nos rebela.
      </para>

      <para>
       Apenas desatados, empuñamos de nuevo la antorcha revolucionaria y
       hacemos vibrar el clarín de combate: <emphasis>Regeneración</emphasis>.
       Los malvados palidecen; los buenos levantan las manos y aplauden.
      </para>

      <para>
       <emphasis>Regeneración</emphasis> es el anuncio de una nueva era.
       Viejo luchador es este periódico; pero siempre joven en sus entusiasmos
       por la libertad y la justicia, siempre viril en sus demandas por la
       igualdad y la fraternidad. Por eso, cuando se anunció su salida, los
       brazos musculosos de los trabajadores se aprestaron a sostenerlo. Es
       que a ellos más que a ningún otro, interesa la vida del viejo campeón
       de la libertad y de la dignidad humanas; es que a ellos, los esclavos
       del salario, los desheredados, los parias en todas las patrias les
       trae <emphasis>Regeneración</emphasis> un mensaje de esperanza. En las
       humildes viviendas se iluminan los rostros en que habría puesto su
       sello de muerte la resignación; es que el proletario anuncia a la
       familia que <emphasis>Regeneración</emphasis> va a salir. En la
       fábrica, en el taller, en el campo, en la mina, la buena nueva corre
       de boca en boca, y parece que pesa menos la cadena; más risueño y
       alegre parece el sol.
      </para>

      <para>
       En cambio, en los palacios, es otro el sentimiento que domina.
       <emphasis>Regeneración</emphasis>, que es caricia y es alivio para
       el que trabaja y el que sufre, es fusta y es castigo para los que
       oprimen y explotan. El poderoso recuerda con horror con qué fuerza,
       con qué implacable destreza hemos dejado caer el látigo sobre sus
       lomos. Díaz y Corral, Creel y Limantour, Reyes y Olegario Molina, y
       mil más, si fueran desnudados por el pueblo, mostrarian en sus carnes
       viejas los surcos que dejó nuestro látigo al caer.
      </para>

      <para>
       Aquí estamos, con la antorcha de la Revolución en una mano y el
       <emphasis>Programa del Partido Liberal</emphasis> en la otra,
       anunciando la guerra. No somos gemebundos mensajeros de paz: somos
       revolucionarios. Nuestras boletas electorales van a ser las balas que
       disparen nuestros fusiles. De hoy en adelante, los marrazos de los
       mercenarios del César no encontrarán el pecho inerme del ciudadano que
       ejercita sus funciones cívicas, sino las bayonetas de los rebeldes
       prontas a devolver golpe por golpe.
      </para>

      <para>
       Sería insensato responder con la ley a quien no respeta la ley; sería
       absurdo abrir el Código para defendernos de la agresión del puñal o de
       la Ley Fuga. ¿Talionizan? ¡Talionicemos! ¿A balazos se nos quiere
       someter? ¡Sometámoslos a balazos también!
      </para>

      <para>
       Ahora, a trabajar. Que se aparten los cobardes: no los queremos; para
       la Revolución sólo se alistan los valientes.
      </para>

      <para>
       Aquí estamos, como siempre, en nuestro puesto de combate. El martirio
       nos ha hecho más fuertes y más resueltos; estamos prontos a más grandes
       sacrificios. Venimos a decir al pueblo mexicano que se acerca el día
       de su liberación. A nuestra vista está la espléndida aurora del nuevo
       día; a nuestros oidos llega el rumor de la tormenta salvadora que está
       próxima a desencadenarse; es que fermenta el espíritu revolucionario;
       es que la Patria entera es un volcán a punto de escupir colérico el
       fuego de sus entrañas. ¡No más paz!, es el grito de los valientes;
       mejor la muerte que esta paz infame. La melena de los futuros héroes
       flota al aire a los primeros soplos de la tragedia que se avecina. Un
       acre, fuerte y sano aliento de guerra vigoriza el medio afeminado.
       El apóstol va anunciando de oido en oido cómo y cuándo comenzará la
       catástrofe, y los rifles aguardan impacientes el momento de abandonar
       el escondite en que yacen, para lucir altaneros bajo el sol de los
       combates.
      </para>

      <para>
       Mexicanos: ¡a la guerra!
      </para>

  </chapter>

  <chapter>
     <title>A los proletarios</title>

      <para>Obreros, escuchad: muy pronto quedará rota la infame paz que por
       más de treinta años hemos sufrido los mexicanos. La calma del momento
       contiene en potencia la insurrección del mañana. La revolución es la
       consecuencia lógica de los mil hechos que han constituído el
       despotismo que ahora vemos en agonia. Ella tiene que venir
       indefectiblemente, fatalmente, con la puntualidad con que aparece
       de nuevo el sol para desvanecer la angustia de la noche. Y vais a ser
       vosotros, obreros, la fuerza de esa revolución. Van a ser vuestros
       brazos los que empuñen el fusil reivindicador. Vuestra va a ser la
       sangre que matizará el suelo patrio, como rojas flores de fuego. Si
       algunos ojos van a llorar su luto y su viudez, esos serán los de
       vuestras madres, de vuestras esposas, de vuestras hijas. Vosotros,
       pues, vais a ser los héroes; vais a ser la espina dorsal de ese
       gigante de mil cabezas que se llama insurrección; vais a ser el
       músculo de la voluntad nacional convertida en fuerza.
      </para>

      <para>
       La revolución tiene que efectuarse irremisiblemente, y, lo que es
       mejor todavia, tiene que triunfar, esto es, tiene que llegar a sangre
       y fuego hasta el cubil donde celebran su último festin los chacales
       que os han devorado en esta larga noche de treinta y cuatro años.
       Pero ¿es eso todo? ¿No os parece absurdo llegar hasta el sacrificio
       por el simple capricho de cambiar de amos?
      </para>

      <para>
       Obreros, amigos míos, escuchad: es preciso, es urgente que llevéis
       a la revolución que se acerca la conciencia de la época; es preciso,
       es urgente que encarnéis en la pugna magna el espiritu del siglo. De
       lo contrario, la revolución que con cariño vemos incubarse en nada
       diferirá de las ya casi olvidadas revueltas fomentadas por la
       burguesia y dirigidas por el caudillaje militaresco, en las cuales
       no jugasteis el papel heróico de propulsores conscientes, sino el
       nada airoso de carne de cañón.
      </para>

      <para>
       Sabedlo de una vez: derramar sangre para llevar al poder a otro
       bandido que oprima al pueblo, es un crimen, y eso será lo que suceda
       si tomáis las armas sin más objeto que derribar a Díaz para poner en
       su lugar un nuevo gobernante.
      </para>

      <para>
       La larga opresión que ha sufrido el pueblo mexicano; la desesperación
       que se ha apoderado de todos como el resultado de esa opresión, han
       fecundado en el alma entristecida del pueblo una sola ambición: la de
       un cambio en los hombres del Gobierno. Ya no se soporta a los hombres
       actuales; se les odia con toda la fuerza de un odio por tanto tiempo
       comprimido, y la idea fija de un cambio de gobernantes ha venido a
       empequeñecer los ideales; los principios salvadores han quedado
       subordinados al solo deseo del cambio en la Administración Pública.
       Un ejemplo tristísimo de la verdad de esto se encuentra en ese loco
       entusiasmo, en esa absurda alegria con que se acogió la candidatura
       de uno de los funcionarios más perversos, de uno de los verdugos más
       crueles que ha tenido la nación mexicana: la candidatura de Bernardo
       Reyes.
      </para>

      <para>
       Cuando se lanzó esa candidatura, no reflexionó el pueblo mexicano
       acerca de la personalidad del postulado. Lo interesante para él, para
       el pueblo, era el cambio. La desesperación popular parecia haberse
       cristalizado en estas palabras: cualquiera, menos Díaz, y como el que
       está a punto de rodar hacia un abismo, se asió de la candidatura
       revista como de un clavo ardiendo. Por fortuna, si Reyes es ambicioso,
       al mismo tiempo es cobarde para ponerse frente a Díaz y luchar contra
       él. Esa cobardía salvó al pueblo mexicano de sufrir una tiranía más
       cruel, una opresión más salvaje, si cabe, que la que actualmente
       lamenta.
      </para>

      <para>
       Para evitar estos lamentables extravíos, es preciso reflexionar. La
       revolución es inminente: ni el Gobierno ni los oposicionistas podrán
       detenerla. Un cuerpo cae por su propio peso, obedeciendo las leyes de
       la gravedad; una sociedad revolucionaria, obedeciendo leyes
       sociológicas incontrastables. Pretender oponerse a que la revolución
       estalle, es una locura que sólo puede cometer el pequeño grupo de
       interesados en que no suceda tal cosa. Y ya que la revolución tiene
       que estallar, sin que nadie ni nada pueda contenerla, bueno es,
       obreros, que saquéis de ese gran movimiento popular todas las ventajas
       que trae en su seno y que serían para la burguesía, si, inconscientes
       de vuestros derechos como clase productora de la riqueza social,
       figuraseis en la contienda simplemente como máquinas de matar y de
       destruir, pero sin llevar en vuestros cerebros la idea clara y precisa
       de vuestra emancipación y engrandecimiento sociales.
      </para>

      <para>
       Tened en cuenta, obreros. que sois los únicos productores de la
       riqueza. Casas, palacios, ferrocarriles, barcos, fábrieas, campos
       cultivados, todo, absolutamente todo está hecho por vuestras manos
       creadoras y, sin embargo, de todo carecéis. Tejéis las telas, y andáis
       casi desnudos; cosecháis el grano, y apenas tenéis un miserable
       mendrugo que llevar a la familia; edificáis casas y palacios, y
       habitáis covachas y desvanes: los metales que arrancáis de la tierra
       sólo sirven para hacer más poderosos a vuestros amos, y, por lo mismo,
       más pesada y más dura vuestra cadena. Mientras más producis, más pobres
       sois y menos libres, por la sencilla razón de que hacéis a vuestros
       señores más ricos y más libres, porque la libertad politica sólo
       aprovecha a los ricos. Así pues, si vais a la revolución con el
       propósito de derribar el despotismo de Porfirio Díaz, cosa que
       lograréis indudablemente, porque el triunfo es seguro, si os va bien
       después del triunfo, obtendréis un Gobierno que ponga en vigor la
       Constitución de 1857, y, con ello, habréis adquirido, al menos por
       escrito, vuestra libertad política; pero en la práctica seguiréis
       siendo tan esclavos como hoy, y como hoy sólo tendréis un derecho:
       el de reventar de miseria.
      </para>


      <para>
       La libertad política requiere la concurrencia de otra libertad para
       ser efectiva: esa libertad es la económica: los ricos gozan de libertad
       económica y es por ello por lo que son los únicos que se benefician
       con la libertad política.
      </para>

      <para>
       Cuando la <emphasis>Junta Organizadora del Partido Liberal
       Mexicano</emphasis> formuló el programa promulgado en St, Louis, Mo.,
       el 1º de julio de 1906, tuvo la convicción, convicción que tiene
       todavía, firmisima convicción que guarda con cariño, de que la
       libertad política debe ir acompañada de la libertad económica para ser
       efectiva, por eso se exponen en el programa los medios que hay que
       emplear para que el proletariado mexicano pueda conquistar su
       independencia económica.
      </para>

      <para>
       Si a la lucha que se aproxima no lleváis la convicción de que sois los
       productores de la riqueza social, y de que por ese solo hecho tenéis
       el derecho no sólo de vivir, sino de gozar de todas las comodidades
       materiales, y de todos los beneficios morales e intelectuales de que
       ahora se aprovechan exclusivamente vuestros amos, no haréis obra
       revolucionaria tal como la sienten vuestros hermanos de los paises más
       cultos. Si no sois conscientes de vuestros derechos como clase
       productora, la burguesía se aprovechará de vuestro sacrificio, de
       vuestra sangre y del dolor de los vuestros, del mismo modo que hoy se
       aprovecha de vuestro trabajo, de vuestra salud y de vuestro porvenir
       en la fábrica, en el campo, en el taller, en la mina.
      </para>

      <para>
       Así pues, obreros, es necesario que os déis cuenta de que tenéis más
       derechos que los que os otorga la Constitución política de 1857, y,
       sobre todo, convenceos de que por el solo hecho de vivir y de formar
       parte de la humanidad, tenéis el inalienable derecho a la felicidad.
       La felicidad no es patrimonio exclusivo de vuestros amos y señores,
       sino vuestro también y con mejor derecho de vuestra parte, porque sois
       los que producís todo lo que hace amena y confortable la vida.
      </para>

      <para>
       Ahora sólo me resta exhortaros a que no desmayéis. Veo en vosotros
       el firme propósito de lanzaros a la revolución para derribar el
       despotismo más vergonzoso, más odioso que ha pesado sobre la raza
       mexicana: el de Porfirio Díaz. Vuestra actitud merece el aplauso de
       todo hombre honrado; pero os repito, llevar al combate la conciencia
       de que la revolución se hace por vosotros, de que el movimiento se
       sostiene con vuestra sangre y de que los frutos de esa lucha serán
       vuestros y de vuestras familias, si sostenéis con la entereza que da
       la convicción de vuestro derecho a gozar de todos los beneficios de
       la civilización.
      </para>

      <para>
       Proletarios: tened presente que váis a ser el nervio de la revolución;
       id a ella, no como el ganado que se lleva al matadero, sino como
       hombres conscientes de todos sus derechos. Id a la lucha: tocad
       resueltamente a las puertas de la epopeya; la gloria os espera
       impaciente de que no hayáis hecho pedazos todavía vuestras cadenas
       en el cráneo de vuestros verdugos.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 3 de septiembre de 1910).
      </para>

  </chapter>

  <chapter>
     <title>El Derecho de Rebelión</title>

      <para>Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. Una claridad
       inquietante comienza a disipar las sombras que en el horizonte
       amontonó el crimen, y en la lividez del paisaje parece adivinarse la
       silueta de un gigante que avanza: es la Insurrección.
      </para>

      <para>
       El Buitre Viejo se sumerge en el abismo de su conciencia, hurga los
       lodos del bajo fondo; pero nada haya en aquellas negruras que le
       explique el por qué de la rebelión. Acude entonces a los recuerdos;
       hombres y cosas y fechas y circunstancias pasan por su mente como un
       desfile dantesco; pasan los mártires de Veracruz, pálidos, mostrando
       las heridas de sus cuerpos, recibidas una noche a la luz de un
       farolillo, en el patio de un cuartel, por soldados borrachos
       mandados por un jefe borracho también de vino y de miedo; pasan los
       obreros de <emphasis>El Republicano</emphasis>, lívidos, las ropas
       humildes y las carnes desgarradas por los sables y las bayonetas de
       los esbirros; pasan las familias de Papantla, ancianos, mujeres, niños,
       acribillados a balazos; pasan los obreros de Cananea, sublimes en su
       sacrificio chorreando sangre; pasan los trabajadores de Río Blanco,
       magníficos, mostrando las heridas denunciadoras del crimen oficial;
       pasan los mártires de Juchitán, de Velardeña, de Monterrey, de Acayucan,
       de Tomochic; pasan Ordoñez, Olmos y Contreras, Rivero Echegaray,
       Martínez, Valadez, Martínez Carreón; pasan Ramírez Terrón, García de
       la Cadena, Ramón Corona; pasan Ramírez Bonilla, Albertos, Kaukum,
       Leyva. Luego pasan legiones de espectros, legiones de viudas, legiones
       de huérfanos, legiones de prisioneros y el pueblo entero pasa, desnudo,
       mascilento, débil por la ignorancia y el hambre.
      </para>

      <para>
       El Buitre Viejo alisa con rabia las plumas alborotadas por el
       torbellino de los recuerdos, sin encontrar en éstos el porqué de la
       Revolución. Su conciencia de ave de rapiña justifica la muerte. ¿Hay
       cadáveres? La vida está asegurada.
      </para>

      <para>
       Así viven las clases dominantes: del sufrimiento y de la muerte de las
       clases dominadas, y pobres y ricos, oprimidos y déspotas, en virtud de
       la costumbre y de las preocupaciones heredadas, consideran natural este
       absurdo estado de cosas.
      </para>

      <para>
       Pero un día uno de los esclavos toma un periódico, y lo lee: es un
       periódico libertario. En él se ve cómo el rico abusa del pobre sin más
       derecho que el de la fuerza y la astucia; en él se ve cómo el gobierno
       abusa del pueblo sin otro derecho que el de la fuerza. El esclavo
       piensa entonces y acaba por concluir que, hoy como ayer, la fuerza es
       soberana, y, consecuente con su pensamiento, de hace rebelde. A la
       fuerza no se la domina con razones: a la fuerza se la domina con la
       fuerza.
      </para>

      <para>
       El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento
       crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y
       se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los eluvios
       de rebeldía que la saturan y el horizonte comenza a aclararse. Desde
       lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. De las llanadas no suben ya
       rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que se
       escucha. Baja la vista y se estremece: no percibe una sola espalda; es
       que el pueblo se ha puesto de pie.
      </para>

      <para>
       Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de
       lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados
       y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de
       la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres.
      </para>

      <para>
       El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable
       para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía,
       grita la mariposa, al romper el capullo que la aprisiona; rebeldía,
       grita la yema al desgarrar la recia corteza que cierra el paso; 
       rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir
       los rayos del sol; rebeldía, grita el tierno ser humano al desgarrar
       las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie
       para aplastar a tiranos y explotadores.
      </para>

      <para>
       La rebeldía es la vida: la sumisión es la muerte. ¿Hay rebeldes en un
       pueblo? La vida está asegurada y asegurados están también el arte y la
       ciencia y la industria. Desde Prometeo hasta Kropotkin, los rebeldes
       han hecho avanzar a la humanidad.
      </para>

      <para>
       Supremo derecho de los instantes supremos es la rebeldía. Sin ella,
       la humanidad andaría perdida aún en aquel lejano crepúsculo que la
       Historia llama la Edad de la Piedra, sin ella la inteligencia humana
       hace tiempo que habría naufragado en el lodo de los dogmas; sin ella,
       los pueblos vivirían aún de rodillas ante los principios del derecho
       divino; sin ella, esta América hermosa continuaría durmiendo bajo la
       protección del misterioso océano; sin ella, los hombres verían aun
       perfilarse los recios contornos de esa afrenta humana que se llamó la
       Bastilla.
      </para>

      <para>
       Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la
       sanguinolenta pupila en el gigante que avanza sin darse cuenta aún del
       por qué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los
       tiranos.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 10 de septiembre de 1910).
      </para>

  </chapter>
 
  <chapter>
     <title>Predicar la paz es un crimen</title>

      <para>
       Trémulo y pálido, inquieta la mirada, colgante el belfo, un hombre
       se abre paso por entre la multitud, y dando tropezones, arrastrando
       los pies como si fueran de plomo, sube a la tribuna: es el Miedo quien
       va a hablar. Filosofía de bestias de cuadra es la que predica. La paz
       es buena, dice; la paz es un gran bien, La vida es dulce y es amable,
       prosigue; cuidemos, pues, la vida.
      </para>

      <para>
       Momentos antes, altivos tribunos habían sacudido a aquella multitud,
       y el heroismo, el arrojo y la rebelde audacia habian hecho vibrar
       aquellas almas, almas proletarias, espíritus taciturnos de vencidos
       seculares que, al grito de rebelión, habían sentido levantarse de los
       más escondidos rincones de su ser el ansia de los héroes, el coraje de
       los bravos. Un grito más, y aquellos esclavos habrían dejado caer con
       rabia ese fardo que los encorva y los somete con más eficacia que el
       presidio y el cadalso: el reepeto a los de arriba. Pero el Miedo se
       encarama y habla; sus palabras pasan sobre aquellas cabezas como un
       soplo de invierno; y los entusiasmos se apagan, el ansia ardiente se
       entumece, y aquellos seres humanos, que habían podido llegar a los
       umbrales del heroísmo e iban ya a franquear sus puertas, abren los
       ojos con espanto y retroceden para caer de nuevo envilecidos y sumisos
       a los pies de sus verdugos, repitiendo las palabras malditas: la paz
       es buena; la paz es un gran bien.
      </para>

      <para>
       Esta es la historia de todos los humanos esfuerzos hacia la libertad
       y la felicidad. Poniendo en riesgo su vida y su bienestar, habla el
       apóstol. Los esclavos se enderezan y escuchan. La vívida palabra del
       apóstol cae sobre las almas entristecidas por el secular dolor como
       un bálsamo bienhechor. Es un consuelo saber que todos, por el solo
       hecho de nacer, tenemos derecho a vivir y a ser felices. ¿No somos
       felices? Es que hay alguien que pone obstaculos al libre disfrute de
       la felicidad. Y el apóstol habla entonces del amo, del fraile, del
       soldado y del gobernante. Estos pesan sobre los proletarios desde que
       apareció el primer ladrón que dijo: este pedazo de tierra es mio, y
       desde entonces han moldeado a su antojo la inteligencia humana,
       amedrentándola unos con el temor al infierno y aterrorizándola otros
       con el calabozo y la muerte. De aquí deriva el religioso respeto a los
       de arriba; respeto al fraile que embrutece; respeto al soldado que
       asesina; respeto al gobernante que oprime; respeto al amo que vive del
       trabajo de los parias, y ese respeto prescrito por las leyes, tan
       admirablemente dispuestas que con ellas sólo se benefician los de
       arriba y se perjudican los de abajo, oprime a la humanidad, la hace
       esclava, la hace desgraciada porque quita el derecho al libre examen,
       arrebata la prerrogativa de gozar de todos los bienes con que nos
       brinda la naturaleza, nos tienta la civilización y hace al hombre
       incapaz de levantar la vista y mirar de frente a sus opresores.
      </para>

      <para>
       Contra ese respeto habla el apóstol y sus palabras son inyecciones de
       santa soberbia que vigoriza a las multitudes. El deseo de ser libres
       se apodera y el espíritu de la justicia inmortal parece que al fin se
       decide a echar sus raíces en el corazón del hombre. Pero viene el
       Miedo y habla; se sobrecogen de terror los corazones; los brazos más
       firmes dejan caer con desaliento las armas libertarias y de los labios
       envilecidos brotan una por una las odiosas palabras: la vida es dulce
       y amable; cuidemos, pues, la vida.
      </para>

      <para>
       Y bien, predicar la paz es un crimen. Predicar la paz cuando el tirano
       nos deshonra imponiéndonos su voluntad; cuando el rico nos extorsiona
       hasta convertirnos en sus esclavos; cuando el Gobierno, y la Burguesía
       y el Clero matan toda aspiración y toda esperanza; predicar la paz en
       tales circunstancias es cobarde, es vil, es criminal. La paz con
       cadenas es una afrenta que se debe rechazar. Hay paz en la ergástula,
       hay paz en el cementerio, hay paz en el convento; pero esa paz no es
       vida; esa paz no enaltece; esa es la paz de Porfirio Díaz, la paz en 
       que medra el eunuco y se prostituye el ciudadano; la paz de los
       Faraones, la paz de los Zares, la paz de los Césares, la paz de los
       sátrapas del Oriente. Una paz asi, ¡maldita sea!
      </para>

      <para>
       Contra una paz asi debemos rebelarnos todos los que todavía andamos
       en dos pies. La muerte en medio de la Revolución es más dulce que la
       vida en medio de la opresión. La libertad o la muerte, debe ser nuestro
       grito, y a su conjuro levantémonos todos para aplastar, primero, a los
       cobardes que predican la paz; en seguida, a los tiranos.
      </para>

      <para>
       Primero a los cobardes, porque ellos son el más seguro apoyo de todo
       despotismo y los enemigos más peligrosos de todo progreso. Blasfemia,
       gritan los cobardes. Si, bendita blasfemia, responde el revolucionario;
       blasfemia creadora; blasfemia vidente; blasfemia sabia; blasfemia justa.
       La blasfemia puso sus manos en los altares y los tronos de la Tierra, y
       los hizo pedazos; la blasfemia se elevó al cielo donde otra corte, la
       celestial, imperaba y la hizo añicos con la razón dejando en su lugar
       soles magnificos cuya composición química nos dió a conocer; la
       blasfemia rompió el freno con que la ignorancia tenía fija a la Tierra
       en un punto del espacio y la echó a rodar en su elipse gloriosa
       alrededor del Sol; la blasfemia arrancó el rayo de las manos de
       Júpiter y lo redujo a prisión en la botella de Leyden, e infatigable
       y audaz la blasfemia, después de haber llegado al cielo y derribado
       dioses; después de haber encadenado las fuerzas ciegas de la naturaleza;
       después de haber descubierto la impostura del derecho divino de los
       llamados señores de la Tierra; después de haber escudriñado los mares
       hasta encontrar el protoplasma, o sea la más pequeña raíz del árbol
       zoológico cuyo más bello fruto es el hombre, se levanta serena, con la
       serenidad augusta de la Ciencia, para formular ante el Capital esta
       sencilla pregunta: ¿por qué reinas?
      </para>

      <para>
       Obreros de la Revolución: cultivad la irreverencia.
      </para>

      <para>
      (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 17 de septiembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>A la mujer</title>

      <para>
       Compañeras: la catástrofe está en marcha, airados los ojos, el rojo
       pelo al aire, nerviosas las manos prontas a llamar a las puertas de
       la patria. Esperémosla con serenidad. Ella, aunque trae en su seno
       la muerte, es anuncio de vida, es heraldo de esperanza. Destruirá y
       creará al mismo tiempo; derribará y construirá. Sus puños son los
       puños formidables del pueblo en rebelión. No trae rosas ni caricias:
       trae un hacha y una tea.
      </para>

      <para>
       Interrumpiendo el milenario festín de los satisfechos, la sedición
       levanta la cabeza, y la frase de Baltasar se ha convertido con los
       tiempos en un puño crispado suspendido sobre la cabeza de las llamadas
       clases directoras.
      </para>

      <para>
       La catástrofe está en marcha. Su tea producirá el incendio en que
       arderán el privilegio y la injusticia. Compañeras, no temáis la
       catástrofe. Vosotras constituís la mitad de la especie humana, y,
       lo que afecta a ésta, afecta a vosotras como parte integrante de la
       humanidad. Si el hombre es esclavo, vosotras lo sois también. La
       cadena no reconoce sexos; la infamia que avergüenza al hombre os
       infama de igual modo a vosotras. No podéis sustraeros a la vergüenza
       de la opresión: la misma garra que acogota al hombre os estrangula
       a vosotras.
      </para>

      <para>
       Necesario es, pues, ser solidarios en la gran contienda por la
       libertad y la felicidad. ¿Sois madres? ¿Sois esposas? ¿Sois hermanas?
       ¿Sois hijas? Vuestro deber es ayudar al hombre; estar con él cuando
       vacila, para animarlo; volar a su lado cuando sufre para endulzar
       su pena y reir y cantar con él cuando el triunfo sonrie. ¿Que no
       entendéis de política? No es ésta una cuestión de política: es una
       cuestión de vida o muerte. La cadena del hombre es la vuestra ¡ay! y
       tal vez más pesada y más negra y más infamante es la vuestra. ¿Sois
       obrera? Por el solo hecho de ser mujer se os paga menos que al hombre
       y se os hace trabajar más; tenéis que sufrir las impertinencias del
       capataz o del amo, y si además sois bonita, los amos asediarán
       vuestra virtud, os cercarán, os estrecharán a que les deis vuestro
       corazón, y si flaqueais, os lo robarán con la misma cobardía con que
       os roban el producto de vuestro trabajo.
      </para>

      <para>
       Bajo el imperio de la injusticia social en que se pudre la humanidad,
       la existencia de la mujer oscila en el campo mezquino de su destino,
       cuyas fronteras se pierden en la negrura de la fatiga y el hambre o
       en las tinieblas del matrimonio y la prostitución.
      </para>

      <para>
       Es necesario estudiar, es preciso ver, es indispensable escudriñar
       página por página de ese sombrío libro que se llama la vida, agrio
       zarzal que desgarra las carnes del rebaño humano, para darse cuenta
       exacta de la participación de la mujer en el universal dolor.
      </para>

      <para>
       El infortunio de la mujer es tan antiguo, que su origen se pierde en
       la penumbra de la leyenda. En la infancia de la humanidad se
       consideraba como una desgracia para la tribu el nacimiento de una niña.
       La mujer labraba la tierra, traía leña del bosque y agua del arroyo,
       cuidaba el ganado, ordeñaba las vacas y las cabras, construía la choza,
       hacía las telas para los vestidos, cocinaba la comida, cuidaba los
       enfermos y los niños. Los trabajos más sucios eran desempeñados por
       la mujer. Si se moría de fatiga un buey, la mujer ocupaba su lugar
       arrastrando el arado, y cuando la guerra estallaba entre dos tribus
       enemigas, la mujer cambiaba de dueño; pero continuaba, bajo el látigo
       del nuevo amo, desempeñando sus funciones de bestia de carga.
      </para>

      <para>
       Más tarde, bajo la influencia de la civilización griega, la mujer subió
       un peldaño en la consideración de los hombres. Ya no era la bestia de
       carga del clan primitivo ni hacía la vida claustral de las sociedades
       del Oriente; su papel entonces fue el de productora de ciudadanos
       para la patria, si pertenecía a una familia libre, o de siervos para
       la gleba, si su condición era de ilota.
      </para>

      <para>
       El cristianismo vino después a agravar la situación de la mujer con el
       desprecio a la carne. Los grandes padres de la Iglesia formularon los
       rayos de su cólera contra las gracias femeninas; y San Agustín, Santo
       Tomás y otros santos, ante cuyas imágenes se arrodillan ahora las
       pobres mujeres, llamaron a la mujer hija del demonio, vaso de impureza,
       y la condenaron a sufrir las torturas del infierno.
      </para>

      <para>
       La condición de la mujer en este siglo varía según su categoría social;
       pero a pesar de la dulcificación de las costumbres, a pesar de los
       progresos de la filosofía, la mujer sigue subordinada al hombre por la
       tradición y por la ley. Eterna menor de edad, la ley la pone bajo la
       tutela del esposo; no puede votar ni ser votada, y para poder celebrar
       contratos civiles, forzoso es que cuente con bienes de fortuna.
      </para>

      <para>
       En todos los tiempos la mujer ha sido considerada como un ser inferior
       al hombre, no sólo por la ley, sino también por la costumbre, y a ese
       erróneo e injusto concepto se debe el infortunio que sufre desde que la
       humanidad se diferenciaba apenas de la fauna primitiva por el uso del
       fuego y el hacha de sílex.
      </para>

      <para>
       Humillada, menospreciada, atada con las fuertes ligaduras de la
       tradición al potro de una inferioridad irracional, familiarizada por
       el fraile con los negocios del cielo, pero totalmente ignorante de los
       problemas de la tierra, la mujer se encuentra de improviso envuelta en
       el torbellino de la actividad industrial que necesita brazos, brazos
       baratos sobre todo, para hacer frente a la competencia provocada por la
       voracidad de los príncipes del dinero y echa garra de ella,
       aprovechando la circunstancia de que no está educada como el hombre
       para la guerra industrial, no está organizada con las de su clase para
       luchar con sus hermanos los trabajadores contra la rapacidad del
       capital.
      </para>

      <para>
       A esto se debe que la mujer, aun trabajando más que el hombre, gana
       menos, y que la miseria, y el maltrato y el desprecio son hoy, como
       lo fueron ayer, los frutos amargos que recoge por toda una existencia
       de sacrificio, El salario de la mujer es tan mezquino que con
       frecuencia tiene que prostituirse para poder sostener a los suyos
       cuando en el mercado matrimonial no encuentra un hombre que la haga
       su esposa, otra especie de prostitución sancionada por la ley y
       autorizada por un funcionario público, porque prostitución es y no
       otra cosa, el matrimonio, cuando la mujer se casa sin que intervenga
       para nada el amor, sino sólo el propósito de encontrar un hombre que
       la mantenga, esto es, vende su cuerpo por la comida, exactamente como
       lo practica la mujer perdida, siendo esto lo que ocurre en la mayoría
       de los matrimonios.
      </para>

      <para>
       ¿Y qué podría decirse del inmenso ejército de mujeres que no
       encuentran esposo? La carestía creciente de los articulos de primera
       necesidad, el abaratamiento cada vez más inquietante del precio del
       trabajo humano, como resultado del perfeccionamiento de la maquinaria,
       unido todo a las exigencias, cada vez más grandes, que crea el medio
       moderno, incapacitan al hombre económicamente a echar sobre sí una
       carga más: la manutención de una familia. La institución del servicio
       militar obligatorio que arranca del seno de la sociedad a un gran
       número de varones fuertes y jóvenes, merma también la oferta masculina
       en el mercado matrimonial. Las emigraciones de trabajadores,
       provocadas por diversos fenómenos económicos o políticos, acaban por
       reducir todavía más el número de hombres capacitados para contraer
       matrimonio. El alcoholismo, el juego y otros vicios y diversas
       enfermedades reducen aún más la cifra de los candidatos al matrimonio.
       Resulta de esto que el número de hombres aptos para contraer matrimonio
       es reducidísimo y que, como una consecuencia, el número de solteras sea
       alarmante, y como su situación es angustiosa, la prostitución engrosa
       cada vez más sus filas y la raza humana degenera por el envilecimiento
       del cuerpo y del espíritu.
      </para>

      <para>
       Compañeras: este es el cuadro espantoso que ofrecen las modernas
       sociedades. Por este cuadro veís que hombres y mujeres sufren por igual
       la tiranía de un ambiente político y social que está en completo
       desacuerdo con los progresos de la civilización y las conquistas de
       la filosofía. En los momentos de angustia, dejad de elevar vuestros
       bellos ojos al cielo; ahi están aquéllos que más han contribuido a
       hacer de vosotras las eternas esclavas. El remedio está aquí, en la
       Tierra, y es la rebelión.
      </para>

      <para>
       Haced que vuestros esposos, vuestros hermanos, vuestros padres,
       vuestros hijos y vuestros amigos tomen el fusil. A quien se niegue a
       empuñar un arma contra la opresión, escupidle el rostro.
      </para>

      <para>
       La catástrofe está en marcha. Jiménez y Acayucan, Palomas, Viesca, Las
       Vacas y Valladolid son las primeras rachas de su aliento formidable.
       Paradoja trágica: la libertad, que es vida, se conquista repartiendo
       la muerte.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 24 de septiembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Vamos hacia la vida</title>

      <para>
       No vamos los revolucionarios en pos de una quimera: vamos en pos de la
       realidad. Los pueblos ya no toman las armas para imponer un dios o una
       religión, los dioses se pudren en los libros sagrados; las religiones
       se deslíen en las sombras de la indiferencia. El Corán, los Vedas, la
       Biblia, ya no esplenden: en sus hojas amarillentas agonizan los dioses
       tristes como el sol en un crepúsculo de invierno.
      </para>

      <para>
       Vamos hacia la vida. Ayer fue el cielo el objetivo de los pueblos:
       ahora es la tierra. Ya no hay manos que empuñen las lanzas de los
       caballeros. La cimitarra de Alí yace en las vitrinas de los museos.
       Las hordas del dios de Israel se hacen ateas. El polvo de los dogmas
       va desapareciendo al soplo de los años.
      </para>

      <para>
       Los pueblos ya no se rebelan, porque prefieren adorar un dios en vez
       de otro. Las grandes conmociones sociales que tuvieron su génesis en
       las religiones, han quedado petrificadas en la historia. La Revolución
       francesa conquistó el derecho de pensar; pero no conquistó el derecho
       de vivir, y a tomar este derecho se disponen los hombres conscientes de
       todos los países y de todas las razas.
      </para>

      <para>
       Todos tenemos derecho de vivir, dicen los pensadores, y esta doctrina
       humana ha llegado al corazón de la gleba como un rocío bienhechor.
       Vivir, para el hombre, no significa vegetar. Vivir significa ser libre
       y ser feliz. Tenemos, pues, todos derecho a la libertad y a la
       felicidad.
      </para>

      <para>
       La desigualdad social murió en teoría al morir la metafísica por la
       rebeldía del pensamiento. Es necesario que muera en la práctica. A
       este fin encaminan sus esfuerzos todos los hombres libres de la tierra.
      </para>

      <para>
       He aquí por qué los revolucionarios no vamos en pos de una quimera.
       No luchamos por abstracciones, sino por materlalidades. Queremos
       tierra para todos, para todos pan. Ya que forzosamente ha de correr
       sangre, que las conquistas que se obtengan beneficien a todos y no a
       determinada casta social.
      </para>

      <para>
       Por eso nos escuchan las multitudes; por eso nuestra voz llega hasta
       las masas y las sacude y las despierta, y, pobres como somos, podemos
       levantar un pueblo.
      </para>

      <para>
       Somos la plebe; pero no la plebe de los Faraones, mustia y doliente; ni
       la plebe de los Césares, abyecta y servil; ni la plebe que bate palmas
       al paso de Porfirio Díaz. Somos la plebe rebelde al yugo; somos la plebe
       de Espartaco, la plebe que con Munzer proclama la igualdad, la plebe que
       con Camilo Desmoulins aplasta la Bastilla, la plebe que con Hidalgo
       incendia Granaditas, somos la plebe que con Juárez sostiene la Reforma.
      </para>

      <para>
       Somos la plebe que despierta en medio de la francachela de los hartos
       y arroja a los cuatro vientos como Un trueno esta frase formidable:
       ¡Todos tenemos derecho a ser libres y felices!. Y el pueblo, que ya no
       espera que descienda a algún Sinaí la palabra de Dios grabada en unas
       tablas, nos escucha. Debajo de las burdas telas se inflaman los
       corazones de los leales. En las negras pocilgas, donde se amontonan
       y pudren los que fabrican la felicidad de los de arriba, entra un rayo
       de esperanza. En los surcos medita el peón. En el vientre de la Tierra
       el minero repite la frase a sus compañeros de cadenas. Por todas partes
       se escucha la respiración anhelosa de los que van a rebelarse. En la
       obscuridad, mil manos nerviosas acarician el arma y mil pechos
       impacientes consideran siglos los días que faltan para que se escuche
       este grito de hombres: ¡rebeldía!
      </para>

      <para>
       El miedo huye de los pechos: sólo los viles lo guardan. El miedo es un
       fardo pesado, del que se despojan los valientes que se avergüenzan de
       ser bestias de carga. Los fardos obligan a encorvarse, y los valientes
       quieren andar erguidos. Si hay que soportar algún peso, que sea un peso
       digno de titanes; que sea el peso del mundo o de un universo de
       responsabilidades.
      </para>

      <para>
       ¡Sumisión! es el grito de los viles; ¡rebeldía! es el grito de los
       hombres. Luzbel, rebelde, es más digno que el esbirro Gabriel, sumiso.
      </para>

      <para>
       Bienaventurados los corazones donde enraiza la protesta.
       ¡Indisciplina y rebeldía!, bellas flores que no han sido debidamente
       cultivadas.
      </para>

      <para>
       Los timoratos palidecen de miedo y los hombres serios se escandalizan
       al oír nuestras palabras; los timoratos y los hombres serios de mañana
       las aplaudirán. Los timoratos y los serios de hoy, que adoran a Cristo,
       fueron los mismos que ayer lo condenaron y lo crucificaron por rebelde.
       Los que hoy levantan estatuas a los hombres de genio, fueron los que
       ayer los persiguieron, los cargaron de cadenas o los echaron a la
       hoguera. Los que torturaron a Galileo y le exigieron su retractación,
       hoy lo glorifican; los que quemaron vivo a Giordano Bruno, hoy lo
       admiran; las manos que tiraron de la cuerda que ahorcó a John Brown,
       el generoso defensor de los negros, fueron las mismas que más tarde
       rompieron las cadenas de la esclavitud por la guerra de secesión;
       los que ayer condenaron, excomulgaron y degradaron a Hidalgo, hoy
       lo veneran; las manos temblorosas que llevaron la cicuta a los labios
       de Sócrates, escriben hoy llorosas apologías de ese titán del
       pensamiento.
      </para>

      <para>
       Todo hombre -dice Carlos Malato- es a la vez el reaccionario de otro
       hombre y el revolucionario de otro también.
      </para>

      <para>
       Para los reaccionarios -hombres serios de hoy- somos revolucionarios;
       para los revolucionarios de mañana nuestros actos habrán sido de
       hombres serios. Las ideas de la humanidad varian siempre en el sentido
       del progreso, y es absurdo pretender que sean inmutables como las
       figuras de las plantas y los animales impresas en las capas geológicas.
      </para>

      <para>
       Pero si los timoratos y los hombres serios palidecen de miedo y se
       escandalizan con nuestra doctrina, la gleba se alienta. Los rostros
       que la miseria y el dolor han hecho feos, se transfiguran; por las
       mejillas tostadas ya no corren lágrimas; se humanizan las caras,
       todavía mejor, se divinizan, animadas por el fuego sagrado de la
       rebelión. ¿Qué escultor ha esculpido jamás un héroe feo? ¿Qué pintor
       ha dejado en el lienzo la figura deforme de algún héroe? Hay una luz
       misteriosa que envuelve a los héroes y los hace deslumbradores.
       Hidalgo, Juárez, Morelos, Zaragoza, deslumbran como soles. Los griegos
       colocaban a sus héroes entre los semidioses.
      </para>

      <para>
       Vamos hacia la vida; por eso se alienta la gleba, por eso ha despertado
       el gigante y por eso no retroceden los bravos. Desde su Olimpo,
       fabricado sobre las piedras de Chapultepec, un Júpiter de zarzuela
       pone precio a las cabezas de los que luchan; sus manos viejas firman
       sentencias de canibales; sus canas deshonradas se rizan como los pelos
       de un lobo atacado de rabia. Deshonra de la ancianidad, este viejo
       perverso se aferra a la vida con la desesperación de un náufrago. Ha
       quitado la vida a miles de hombres y lucha a brazo partido con la
       muerte para no perder la suya.
      </para>

      <para>
       No importa; los revolucionarios vamos adelante. El abismo no nos
       detiene: el agua es más bella despeñándose.
      </para>

      <para>
       Si morimos, moriremos como soles: despidiendo luz.
      </para>

      <para>
       Nota.- Este artículo fue escrito en San Francisco, California, en
       julio de 1907, y publicado en el mismo mes en Los Angeles, Cal., en un
       periódico llamado <emphasis>Revolución</emphasis>. Depués se volvió a
       reimprimir en el número 5 de <emphasis>Regeneración</emphasis>, del
       1º de octubre de 1910.
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Tierra</title>

      <para>
       Millones de seres humanos dirigen en estos momentos al cielo su triste
       mirada, con la esperanza de encontrar más allá de las estrellas que
       alcanzan a ver, ese algo que es el todo porque constituye el fin, forma
       el objeto del doloroso esfuerzo, del penoso batallar de la especie
       hombre desde que sus pasos vacilantes la pusieron un palmo adelante de
       las especies irracionales: ese algo es la felicidad.
      </para>

      <para>
       ¡La felicidad! <emphasis>La felicidad no es de este mundo</emphasis>,
       dicen las religiones: <emphasis>la felicidad está en el cielo, está
       más allá de la tumba</emphasis>. Y el rebaño humano levanta la vista,
       e ignorante de la ciencia del cielo, piensa que este está muy lejos
       cuando sus pies se apoyan precisamente en este astro, que con sus
       hermanos constituye la gloria y la grandeza del Firmamento.
      </para>

      <para>
       La Tierra forma parte del cielo; la humanidad, por lo mismo, está en
       el cielo. No hay que levantar la vista con la esperanza de encontrar
       la felicidad detrás de esos astros que embellecen nuestras noches: la
       felicidad está aquí, en el astro Tierra, y no se conquista con rezos,
       no se consigue con oraciones, ni ruegos, ni humillaciones ni llantos:
       hay que disputarla de pie y por la fuerza, porque los dioses de la
       Tierra no son como los de las religiones: blandos a la oración y al
       ruego; los dioses de la Tierra tienen soldados, tienen polizontes,
       tienen jueces, tienen verdugos, tienen presidios, tienen horcas,
       tienen leyes, todo lo cual constituye lo que se llama instituciones,
       montañas escarpadas que impiden a la humanidad alargar el brazo y
       apoderarse oe la Tierra, hacerla suya, someterla a su servicio, con
       lo que se haría de la felicidad el patrimonio de todos y no el
       privilegio exclusivo de los pocos que hoy la detentan.
      </para>

      <para>
       La Tierra es de todos. Cuando hace millones de millones de años no
       se desprendia aún la Tierra del grumo caótico que andando el tiempo
       había de dotar al firmamento de nuevos soles, y después, por el
       sucesivo enfriamiento de ellos, de planetas más o menos bien
       acondicionados para la vida orgánica, este planeta no tenia dueño.
       Tampoco tenía dueño la Tierra cuando la humanidad hacia de cada
       viejo tronco del bosque o de cada caverna de la montaña una vivienda
       y un refugio contra la intemperie y contra las fieras. Tampoco tenía
       dueño la Tierra cuando más adelantada la humanidad en la dolorosa vía
       de su progreso llegó al periodo pastoril: donde había pastos, allí se
       estacionaba la tribu que poseía en común los ganados. El primer dueño
       apareció con el primer hombre que tuvo esclavos para labrar los campos,
       y para hacerse dueño de esos esclavos y de esos campos necesitó hacer
       uso de las armas y llevar la guerra a una tribu enemiga. Fue, pues, la
       violencia el origen de la propiedad territorial, y por la violencia
       se ha sostenido desde entonces hasta nuestros días.
      </para>

      <para>
       Las invasiones, las guerras de conquista, las revoluciones políticas,
       las guerras para dominar mercados, los despojos llevados a cabo por los
       gobernantes o sus protegidos son los títulos de la propiedad
       territorial, títulos sellados con la sangre y con la esclavitud de la
       humanidad; y este monstruoso origen de un derecho absurdo, porque se
       basa en el crimen, no es un obstáculo para que la ley llame sagrado
       ese derecho, como que son los detentadores mismos de la Tierra los
       que han escrito la ley.
      </para>

      <para>
       La propiedad territorial se basa en el crimen, y, por lo mismo, es una
       instituciún inmoral. Esta institución es la fuente de todos los males
       que afligen al ser humano. El vicio, el crimen, la prostitución, el
       despotismo, de ella nacen. Para protegerla se hacen necesarios el
       ejército, la judicatura, el parlamento, la policía, el presidio,
       el cadalso, la iglesia, el gobierno y un enjambre de empleados y de
       zánganos, siendo todos ellos mantenidos precisamente por los que no
       tienen un terrón para reclinar la cabeza, por los que vinieron a la
       vida cuando la Tierra estaba ya repartida entre unos cuantos bandidos
       que se la apropiaron por la fuerza o entre los descendientes de esos
       bandidos, que han venido poseyéndola, por el llamado derecho de
       herencia.
      </para>

      <para>
       La Tierra es el elemento principal del cual se extrae o se hace
       producir todo lo que es necesario para la vida. De ella se extraen
       los metales útiles: carbón, piedra, arena, cal, sales. Cultivándola
       produce toda clase de frutos alimenticios y de lujo. Sus praderas
       proporcionan alimento al ganado, mientras sus bosques brindan su
       madera y las fuentes sus líneas generadoras de vida y de belleza. Y
       todo esto pertenece a unos cuantos, hace felices a unos cuantos, da
       poder a unos cuantos, cuando la Naturaleza lo hizo para todos.
      </para>

      <para>
       De esta tremenda injusticia nacen todos los males que afligen a la
       especie humana al producir la miseria. La miseria envilece, la
       miseria prostituye, la miseria empuja al crimen, la miseria bestializa
       el rostro, el cuerpo y la inteligencia.
      </para>

      <para>
       Degradadas, y, lo que es peor, sin consciencia de su vergüenza, pasan
       las generaciones en medio de la abundancia y de la riqueza sin probar
       la felicidad acaparada por unos pocos. Al pertenecer la Tierra a unos
       cuantos, los que no la poseen tienen que alquilarse a los que la
       poseen para siquiera tener en pie la pie y la osamenta. La humillación
       del salario o el hambre: éste es el dilema con que la propiedad
       territorial recibe a cada nuevo ser que viene a la vida; dilema de
       hierro que empuja a la humanidad a ponerse ella misma las cadenas de
       la esclavitud, si no quiere perecer de hambre o entregarse al, crimen
       o a la prostitución.
      </para>

      <para>
       Preguntad ahora por qué oprime el Gobierno, por qué roba o mata el
       hombre, por qué se prostituye la mujer. Detrás de las rejas de esos
       pudrideros de carne y de espíritu que se llaman presidios, miles de
       infortunados pagan con la tortura de su cuerpo y la angustia de su
       espíritu las consecuencas de ese crimen elevado por la ley a la
       categoría de derecho sagrado: la propiedad territorial. En el
       envilecimiento de la casa pública, miles de jóvenes mujeres
       prostituyen su cuerpo y estropean su dignidad, sufriendo igualmente
       las consecuencias de la propiedad territorial. En los asilos, en los
       hospicios, en las casas de expósitos, en los hospitales, en todos
       los sombrios lugares donde se refugian la miseria, el desamparo y
       el dolor humanos, sufren las consecuencias de la propiedad territorial
       hombres y mujeres, ancianos y niños. Y presidiarios, mendigos,
       prostitutas, huérfanos y enfermos levantan los ojos al cielo con la
       esperanza de encontrar más allá de las estrellas que alcanzan a ver,
       la felicidad que aqui les roban los dueños de la Tierra.
      </para>

      <para>
       Y el rebaño humano, inconsciente de su derecho a la vida, torna a
       encorvar las espaldas trabajando para otros esta tierra con que la
       Naturaleza lo obsequió, perpetuando con su sumisión el imperio de la
       injusticia.
      </para>

      <para>
       Pero de la masa esclava y enlodada surgen los rebeldes; de un mar de
       espaldas emergen las cabezas de los primeros revolucionarios. El rebaño
       tiembla presintiendo el castigo; la tiranía tiembla presintiendo el
       ataque, y, rompiendo el silencio, un grito, que parece un trueno,
       rueda sobre las espaldas y llega hasta los tronos: 
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>
      </para>

      <para>
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>, gritaron los Gracos;
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>, gritaron los anabaptistas de Munzer;
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>, gritó Babeuf;
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>, gritó Bakounine;
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>, gritó Ferrer; 
       <emphasis>¡Tierra!</emphasis>, grita la Revolución mexicana, y este
       grito ahogado cien veces en sangre en el curso de las edades; este 
       grito que corresponde a una idea guardada con cariño a través de los
       tiempos por todos los rebeldes del planeta; este grito sagrado
       transportará al cielo con que sueñan los misticos a este valle de
       lágrimas cuando el ganado humano deje de lanzar su triste mirada al
       infinito y la fije aquí, en este astro que se avergüenza de arrastrar
       la lepra de la miseria humana entre el esplendor y la grandeza de sus
       hermanos del cielo.
      </para>

      <para>
       Taciturnos esclavos de la gleba, resignados peones del campo, dejad el
       arado. Los clarines de Acayucan y Jiménez, de Palomas y las Vacas, de 
       Viesca y Valladolid, os convocan a la guerra para que toméis posesión
       de esa Tierra, a la que dais vuestro sudor, pero que os niega sus frutos
       porque habéis consentido con vuestra sumisión que manos ociosas se
       apoderen de lo que os pertenece, de lo que pertenece a la humanidad
       entera, de lo que no puede pertenecer a unos cuántos hombres, sino
       a todos los hombres y a todas las mujeres que, por el solo hecho de
       vivir, tienen derecho a aprovechar en común, por medio del trabajo,
       toda la riqueza que la Tierra es capaz de producir.
      </para>

      <para>
       Esclavos, empuñad el winchester. Trabajad la Tierra cuando hayáis
       tomado posesión de ella. Trabajar en estos momentos la Tierra es
       remacharse la cadena, porque se produce más riqueza para los amos
       y la riqueza es poder, la riqueza es fuerza, fuerza fisica y fuerza
       moral, y los fuertes os tendrán siempre sujetos. Sed fuertes vosotros,
       sed fuertes todos y ricos haciéndoos dueños de la Tierra; pero para
       eso necesitáis el fusil: compradlo, pedidlo prestado en último caso,
       y lanzaos a la lucha gritando con todas vuestras fuerzas:
       ¡Tierra y Libertad!
      </para>

      <para>
      (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 1º de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Libertad, igualdad, fraternidad</title>

      <para>
       ¡Qué lejos está el ideal, qué lejos! Espejismos del desierto, ilusión
       de la estepa, imagen de una estrella titilando en el fondo del lago.
       Primero era un abismo insondable el que separaba a la humanidad de
       la Tierra Prometida. ¿Cómo llenar ese abismo? ¿Cómo cegarlo? ¿Cómo
       alcanzar la risueña playa que adivinamos que existe en la orilla
       opuesta? El árabe sediento ve de repente agitarse a lo lejos la
       melena de las palmas y hacia allá fustiga su camello. Vana empresa:
       avanza hacia el oasis y el oasis parece que retrocede. Siempre la
       misma distancia entre él y la ilusión, siempre la misma.
      </para>

      <para>
       Defendiendo el abismo están las preocupaciones, las tradiciones,
       el fanatismo religioso, la ley; para poder pasar es preciso vencer
       a sus defensores hasta llenar de sangre ese abismo y en seguida
       embarcarse, nuevo Mar Rojo.
      </para>

      <para>
       Y a llenar ese abismo se han dedicado los hombres generosos a través
       de los tiempos con sangre de los malvados ¡ay! y con su sangre también;
       pero el abismo no se llena; podria vaciarse en él la sangre de toda la
       humanidad sin que por eso se llenase el abismo: es que hay que ahogar
       en esa sangre las preocupaciones, las tradiciones, el fanatismo
       religioso y la ley de los que oprimen.
      </para>

      <para>
       Las grandes revoluciones han tenido por objetivo esas tres palabras.
       Libertad, Igualdad. Fraternidad han figurado inscritas en cien
       banderas y cientos de miles de hombres las han tenido en sus labios
       al expirar en los campos de batalla, y, sin embargo, el abismo no se
       ciega, el nivel de la sangre no sube. ¿Por qué?
      </para>

      <para>
       Ninguna revolución se ha preocupado seriamente por la Igualdad; la
       Igualdad es la base de la Libertad y de la Fraternidad. La igualdad
       ante la ley, que fue la conquista de la Revolución francesa, es una
       mentira que rechaza indignada la conciencia moderna. Las revoluciones
       han sido incendios superficiales. Pueden arder los árboles de un
       bosque; pero las raíces quedarán intactas. Igualmente las revoluciones
       han sido superficiales, no han ido hasta la raíz de los males sociales,
       no han escarbado la carne enferma hasta llegar al origen de la llaga,
       y de eso, los llamados jefes han sido los culpables.
      </para>

      <para>
       Los jefes han sido siempre menos radicales que el grupo de hombres
       a quienes pretenden dirigir y esto tiene su razón de ser: el poder
       vuelve conservador al hombre y no sólo eso, sino que lo encariña con
       el mando. Para no perder su posición los jefes moderan su radicalismo,
       lo comprimen, lo desfiguran, evitan los choques con los intereses
       contrarios; y si por la naturaleza de las cosas mismas el choque es
       inevitable y la lucha armada es una necesidad, los jefes procuran
       siempre arreglárselas de tal modo que su posición no se vea en peligro,
       y concilian, tanto como pueden, los intereses de la revolución con los
       intereses de los dominadores, consiguiendo con ello disminuir la
       intensidad del choque, la duración de la lucha, conformándose con
       obtener un triunfo más o menos fácil. El ideal ... el ideal queda muy 
       lejos después de estas luchas de enanos. Con ellas se consigue barrer
       la superficie y nada más.
      </para>

      <para>
       Por eso, a pesar de la sangre derramada a través de los tiempos; a
       pesar del sacrificio de tantos hombres generosos; a pesar de haber
       lucido en cien banderas las bellas palabras Libertad, Igualdad,
       Fraternidad, existen aún las cadenas, la sociedad se divide en clases
       y la guerra de todos contra todos es lo normal, lo legal, lo honrado,
       lo que los <emphasis>serios</emphasis> llaman el
       <emphasis>orden</emphasis>, lo que los tiranos llaman el
       <emphasis>progreso</emphasis> y lo qne los esclavos, ciegos por la
       ignorancia y acobardados por siglos de opresión y de injusticia,
       veneran y soatienen con su sumisión.
      </para>

      <para>
       Es necesario ahondar, es preciso profundizar. Los jefes son cobardes;
       los jefes no ahondan ni profundizan. El impulso revolucionario
       tropieza siempre con el moderantismo de los llamados directores,
       hábiles políticos si se quiere, pero sin nervio revolucionario.
       Sobre lo que es necesario poner valerosamente las manos, si se quiere
       hacer obra revolucionaria y no obra de politicos vulgares, de
       amblciosos de puestos públicos, es sobre la propiedad territorial;
       pues mientras la tierra continúe siendo la propiedad de unos cuantos;
       mientras haya millones de seres humanos que no cuentan más que con el
       reducido espacio de tierra que ha de amortajar su cadáver cuando
       mueran; mientras los pobres continúen trabajando la tierra para sus
       amos, cualquiera revolución no tendrá otro desenlace que el cambio
       de amos, a veces más crueles que aquellos a quienes se acaba de
       destronar.
      </para>

      <para>
       La Revolución es inminente. De un momento a otro anunciará el Cable
       a todas las naciones del mundo que el pueblo mexicano está en rebelión.
       Los atentados de la tiranía son cada vez más brutales, cada vez más
       cínicos. Porfirio Diaz está loco: ya no se conforma con arrebatar
       la vida a los hombres: está asesinando mujeres, cuyos cadáveres deja
       abandonados para que se los coman los perros. La Bestia Vieja está
       precipitando la Revolución, y de ella se aprovecharán las
       ambiciones si el pueblo no toma posesión de la tierra.
      </para>

      <para>
       Libertad, Igualdad, Fraternidad: tres bellas palabras que se hace
       necesario convertir en tres bellos hechos. Pongamos los
       revolucionarios la mano sobre ese dios que se llama
       <emphasis>derecho de propiedad territorial</emphasis>, y hagamos que
       la tierra sea para todos.
      </para>

      <para>
       Si se va a derramar sangre, que sea en provecho del pueblo. Derramar
       sangre por elevar un candidato a la Presidencia de la República, es un
       crimen, porque el mal que aflige al pueblo mexicano no se cura con
       quitar a Díaz y poner, en su lugar, a otro hombre. Supongamos que el
       ciudadano más honrado, el más bueno de los mexicanos, triunfa por
       medio de las armas y ocupa el lugar en que ahora se enseñorea el más
       perverso y el más criminal de los mexicanos: Porfirio Díaz. Lo que
       hará ese hom!bre será poner en vigor la Constitución de 1857.
       El pueblo, por lo tanto, tendrá derecho a votar; tendrá derecho a
       manifestar con libertad sus ideas; la Prensa no tendrá mordaza; los
       Poderes de la Federación serán independientes unos de otros; los
       Estados recobrarán su soberania; no habrá más reelección. En suma, el
       pueblo mexicano obtendrá lo que se llama libertad politica. Pero
       ¿se haría con eso la felicidad del pueblo? El derecho de votar, el
       derecho de reunión, el derecho de escribir sobre cualquier materia,
       la no-reelección, la independencia de los Poderes ¿podrian dar pan,
       albergue y vestido al pueblo?
      </para>

      <para>
       Una vez más hay que decirlo: la libertad politica no da de comer al
       pueblo; es necesario conquistar la libertad económica, base de todas
       las libertades y sin la cual la libertad politica es una sangrienta
       ironía que convierte al Pueblo-Rey en un verdadero rey de burlas;
       porque si en teoría es libre, en la práctica es esclavo. Hay, pues,
       que tomar posesión de la tierra; arrancarla de las garras que la
       detentan y entregarla al pueblo. Entonces si tendrán pan los pobres;
       entonces si podría llegar a ser libre el pueblo; entonces, con un
       esfuerzo más, nos acercarémos al ideal que vemos lejos porque los
       directores de revoluciones no han tenido el valor de derribar idolos,
       de matar proocupaciones, de hacer pedazos la ley que protege ese
       crimen que se llama propiedad territorial.
      </para>

      <para>
       Es preciso, sin embargo, hablar con honradez. La toma de posesión de
       la tierra por el pueblo será un gran paso hacia el ideal de Libertad,
       Igualdad y Fraternidad. Un gran paso solamente; pero, gracias a él,
       tendrá el pueblo oportunidad para adquirir la educación que le hace
       falta para llegar a constituir, en un porvenir más o menos cercano,
       la sociedad justa y sabia que hoy es sólo una hermosa ilusión.
      </para>

      <para>
       Y mientras no se avance valerosamente por el camino de la liberación
       económica, no se hará obra sana. La libertad no puede existir mientras
       sea una parte de la sociedad la que haga las leyes para que las
       obedezca la parte restante; pues fácil es comprender que nadie hará
       una ley que sea contraria a sus intereses, y como la clase que
       posee la riqueza es la que hace las leyes, o, al menos, la que ordena
       que se hagan, estas tienen que resultar, en todo, favorables a los
       intereses del Capital, y, por lo mismo, desfavorables para los
       intereses de los pobres. He aquí la razón de por qué la ley no
       alcanza a castigar a los ricos ni molesta a éstos para nada.
       Todas las cargas sociales y políticas recaen sobre el pobre. Las
       contribuciones tienen que ser pagadas, exclusivamente, por los pobres;
       los servicios gratuitos, como rondas, fatigas y otras, pesan,
       exclusivamente, sobre las espaldas del pobre; el contingente para
       el Ejército se recluta únicamente entre los proletarios, y en la
       casa pública no se degradan las hijas de la burguesía, sino las
       hijas de los pobres. No podía ser de otro modo: sería absurdo pensar
       que los ricos hacen la ley contra ellos mismos.
      </para>

      <para>
       ¿Puede, en tales condiciones, existir la igualdad? Socialmente la
       igualdad es una quimera bajo el régimen actual. ¿Cómo pueden ser
       iguales el pobre y el rico? Ni en ilustración, ni en el modo de vestir,
       ni en la manera de vivir se parecen la clase dominadora y la clase
       dominada. El trabajo del pobre es rudo y fatigoso; su vida es una
       serie de privaciones y de angustias, ocasionadas por la miseria; sus
       distracciones son escasas: el alcohol y el amor; no pueden participar
       de los goces del rico porque cuestan mucho dinero, y, además, no tiene
       el vestido que se necesita para codearse con la gente elegante; el
       descuido en que ha vivido no ha sido lo más a propósito para adquirir
       maneras distinguidas; la grande ópera y el gran drama, aparte de ser
       diversiones muy costosas, requieren cierta preparación artística o
       literaria que no pueden tener los pobres, empujados, desde niños,
       a ganarse el pan para poder vivir, En cuanto a la igualdad ante la
       ley es la más grande de las majaderías que los aspirantes a gobernar
       ofrecen a las multitudes. Si socialmente es imposible la igualdad
       entre los hombres mientras haya clases sociales, no lo es menos
       politicamente. Los jueces se declaran a favor de los ricos y en
       contra de los pobres al pronunciar sus sentencias; el ejercicio del
       derecho electoral resulta siempre dirigido, organizado y llevado a
       cabo por las clases dominantes, por ser las que tienen tiempo para
       ello, quedando a los pobres únicamente el derecho de llevar las
       boletas a las casillas electorales con el nombre que han escogido los
       directores y organizadores de la elección; de donde resulta que los
       proletarios eligen a quien las clases dominantes quieren que elijan;
       el derecho de manifestar libremente las ideas no puede ser ejercitado
       por los pobres, que no han podido adquirir la ilustración necesaria
       para escribir o hablar en público, y de ese derecho también se
       aprovechan, casi exclusivamente, las clases dominadoras. Y si se
       recorre la lista de todos los derechos politicos, se llegará
       igualmente a la conclusión de que los pobres no pueden ejercitarlos
       porque sus tareas de esclavos apenas les dejan el tiempo absolutamente
       necesario para desentumecer sus miembros en las cortas horas de sueño;
       no tienen la representación social que dan la educación, la
       independencia económica y aun el simple traje elegante, y carecen de
       la ilustración necesaria para competir, con ventaja, con las
       lumbreras intelectuales de la burguesia.
      </para>

      <para>
       ¡Fraternidad! ¿Qué fraternidad puede existir entre el lobo y el
       cordero? La desigualdad social hace a las clases sociales enemigas
       naturales unas de otras. Los poseedores no pueden abrigar sentimientos
       de amistad para los desheredados, en quienes ven una amenaza constante
       para el disfrute tranquilo de sus riquezas, mientras los pobres
       tampoco pueden abrigar sentimientos fraternales para aquellos que los
       oprimen y les merman el producto de su trabajo. De aqui nace un
       antagonismo constante, una querella interminable, una lucha solapada
       y a veces abierta y decisiva entre las dos clases sociales, lucha que
       da vida y fuerza a sentimientos de odio, a deseos de venganza que no
       son los más apropiados a la creación de lazos fraternales y de
       amistad sincera, imposibles en las relaciones del. verdugo y de la
       victima. Pero no es esto todo. Hay todavía algo más que impide a los
       seres humanos acercarse, abrirse el corazón y ser hermanos. La lucha
       por la vida, aunque sea vergonzoso confesarlo, reviste, en la especie
       humana, los mismos caracteres de brutalidad y de ferocidad que en las
       especies inferiores animales. El egoismo impera en las relaciones
       entre los hombres. No educada la especie humana en la solidaridad y
       el apoyo mutuo, cada cual va en pos del pan a disputarlo a sus
       semejantes, del mismo modo que los perros hambrientos se disputan a
       mordidas el derecho de roer un hueso hediondo. Esta es una verdad en
       todas las clases sociales. El rico, envidioso de la riqueza de otro
       rico, le hace la guerra para aumentar sus tesoros con los despojos
       del de su clase. A eso se le llama, con la hipocresía de la época,
       la competencia. El pobre, por su parte, es enemigo de sus hermanos
       igualmente pobres. El pobre ve un enemigo en otro pobre que se
       acerca, tal vez a alquilarse por menos precio. Si hay una huelga,
       no faltan hambrientos dispuestos a hacer traición a sus hermanos
       de clase, ocupando los lugares de los huelguistas. De este modo las
       cosas, la fraternidad es un sueño, y en su lugar sólo hallamos el
       odio de una clase contra otra clase: el odio de los individuos de
       una misma clase entre si; la espantosa guerra de todos contra todos,
       que deshonra a la raza humana y retarda el advenimiento de ese día
       de amor y de justicia con que sueñan los hombres generosos del mundo.
      </para>

      <para>
       La Revolución está para estallar. Todos, luchadores y no luchadores,
       nos vamos a ver arrastrados por el grandioso movimiento. Nadie podrá
       permanecer indiferente al gran choque. Hay necesidad, pues, de
       escoger una bandera. Si se desea simplemente el cambio de amos,
       hay Partidos, fuera del Liberal, que luchan solamente por tener
       nuevos Presidente y Vicepresidente; pero todos aquellos que deseen
       hacer obra revolucionaria verdadera, obra profunda y grande que
       beneficie a los pobres, que vengan a nuestras filas, que se
       agrupen bajo la bandera igualitaria del Partido Liberal, y, unidos,
       arrancaremos la tierra de las pocas manos que la detentan para
       dársela al pueblo, y nos acercaremos al ideal de Iibertad,
       Igualdad y Fraternidad por medio del bienestar del mayor número.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 8 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Carne de cañón</title>

      <para>
       Es la hora de reflexionar. Por siglos y siglos la tarea de pensar, de
       estudiar, de reflexionar ha estado a cargo de las llamadas clases
       directoras de la sociedad: los intelectuales y los ricos. La masa no
       ha pensado, y, naturalmente, los que lo han hecho por ella se han
       pagado con creces ese <emphasis>servicio</emphasis>, en perjuicio de
       las multitudes. Pero ha llegado el momento de reflexionar; ha llegado
       el momento de decidir si hemos de continuar los pobres bajo la
       interesada dirección de los intelectuales y los ricos, o si
       valerosamente tomamos por nuestra cuenta el estudio de nuestros
       problemas, y confiamos a nuestras propias fuerzas la defensa de
       nuestros intereses. Ya es tiempo de hacerlo; escojamos: o rebaño
       arrastrable o falange de seres conscientes; la vergüenza o la gloria.
      </para>

      <para>
       Arrastrados por el interés de las clases directoras, las masas
       proletarias han venido derramando su sangre a través de los tiempos.
       Siempre ha habido descontento entre los pobres, descontento ocasionado
       por la miseria y la injusticia, por el hambre y la opresión. Por lo
       mismo, el proletariado ha estado siempre dispuesto a rebelarse con la
       esperanza de alcanzar con la victoria un cambio favorable a sus
       intereses; pero como los proletarios no han pensado con su cabeza,
       sino que han sido las clases directoras quienes han pensado por ellos,
       quienes han encaminado las tendencias de los movimientos
       insurreccionales, ellas han sido las únicas que se han aprovechado
       de los sacrificios de la clase trabajadora.
      </para>

      <para>
       Ved, pues, el proletariado, cuán importante es que emprenda por su
       propia cuenta la conquista de su bienestar. Cada vez que las clases
       directoras necesitan de la fuerza del número para asegurar una
       victoria que las beneficie, acuden al proletariado, a la masa siempre
       dispuesta a rebelarse, seguras de encontrar héroes en la turba que
       cordialmente desprecian, pero a la que entonces adulan, halagan sus
       pasiones y hasta aplauden y estimulan sus vicios y sus extravíos,
       como se pasa la mano por el lomo de las bestias para someterlas
       por la dulzura cuando no es necesario emplear el fuete.
      </para>

      <para>
       De ese modo las masas proletarias han sido lanzadas a la guerra, han
       sido empujadas a cometer empresas contrarias a sus intereses. Guerra
       de conquista, guerras comerciales, guerras coloniales, insurrecciones
       politicas, todo se ha hecho con la sangre de los proletarios,
       aplaudidos a rabiar mientras comprometen la vida como héroes,
       despreciados y escupidos al día siguiente de la victoria en que es
       necesario que alguien se encargue de sembrar el grano, de cuidar
       el ganado, de hacer vestidos, de fabricar casas, siendo entonces
       bajados a puntapiés, los héroes, del pedestal que les formó la
       adulación interesada de las clases directoras, para ir a reanudar
       su trabajo en el surco, en el taller, en la fábrica, en la mina,
       en el camino de hierro, llevando cada uno, como única ganancia,
       un papelote en que consta la declaración oficial de su valor, una
       medalla de cobre para que luzca sobre sus harapos en los grandes días,
       y algunas cicatrices, aparte de los malos hábitos contraídos en la
       promiscuidad de los cuarteles, mientras los intelectuales y los
       ricos se reparten las tierras del país conquistado, y de la nación
       cuyo Gobierno ganaron con el sacrificio de la plebe y derrochan en
       la orgia y en el lujo el copioso botín que los hambrientos
       arrebataron a los vencidos.
      </para>

      <para>
       Y esto ha venido repitiéndose desde tiempo inmemorial; siempre
       burlados los de abajo, siempre gananciosos los de arriba, sin que
       la experiencia haya abierto los ojos al rebaño; sin. que el chasco,
       constantemente repetido, haya hecho revolucionar a la masa,
       la haya hecho pensar. La muchedumbre actual es la misma muchedumbre
       inflamada e inocente que llevó sobre los hombros a los grandes
       capitanes de la antigüedad: la muchedumbre de Alejandro, la chusma
       de Ciro, la plebe de Cambises, el rebaño de Scipión, las multitudes
       de Anibal, los bárbaros de Atila, pensaban lo mismo que las turbas
       napoleónicas, las chusmas conquistadoras del Transvaal, la
       plebe americana de Santiago y de Cavite y las legiones amarillas
       triunfadoras en Manchuria. La psicología de las masas contemporáneas
       es la misma de las masas francesas de 1789, de las masas de Hidalgo
       de 1810, de las masas republicanas de Portugal en estos días.
       Siempre lo mismo: el sacrificio de los generosos proletarios en
       beneficio de las clases dominadoras; el sufrimiento y el dolor de
       los humildes en provecho de los intelectuales y de los ricos.
      </para>

      <para>
       Todo esto ha sido así, porque no se han hecho el propósito los
       proletarios de encauzar los movimientos populares hacia un fin
       favorable a sus intereses, sino que han obedecido las órdenes de la
       minoria dominadora que, como es natural, ha trabajado siempre en
       favor de sus intereses de clase. Así, por ejemplo, en las guerras
       de conquista, en las guerras comerciales y coloniales, guerras que
       el Gobierno de una nación lleva contra el pueblo de otra nación,
       para extender sus dominios territoriales o conquistar mercados
       exteriores que consuman los productos industriales o agrícolas de
       la nación dominadora, el proletariado no hace otra cosa que dar su
       sangre sin obtener, en cambio, ningún beneficio material. Los
       grandes industriales, los grandes comerciantes, los banqueros y
       los hombres del Gobierno son los que se benefician con esas guerras.
       Al proletariado no le queda más que la gloria, si es posible que
       puedan dar gloria los asesinatos en grande escala, cometidos contra
       pueblos extraños para satisfacer la absurda codicia de los reyes
       de la industria, de la banca y del comercio. ¿Es más feliz el
       proletariado inglés de hoy, después del triunfo de las armas
       inglesas en el Transvaal? ¿Es más feliz el pueblo norteamericano
       como consecuencia del triunfo del Ejército de los Estados Unidos
       sobre el Ejército español? ¿El japonés de hoy disfruta de más
       comodidades que antes del triunfo sobre Rusia? Nada de eso: ingleses,
       norteamericanos y japoneses continúan confrontando los mismos problemas
       sociales, agravados aún más por el aumento de poder que el ensanche
       territorial o la adquisición de nuevos mercados dieron a las clases
       directoras.
      </para>

      <para>
       Y en cuanto a las revoluciones, puede observarse el mismo resultado.
       Hechas para obtener la libertad política solamente, las masas
       proletarias que la han hecho triunfar con su sangre, han sido tan
       esclavas después de los movimientos insurreccionales como lo eran
       antes de derramar su sangre. Nuestra propia historia nos suministra
       ejemplos suficientes para demostrar esa gran verdad, que puede parecer
       blasfemia a los que no se preocupan de ahondar las cuestiones, a los
       conservadores de instituciones políticas caídas ya en completo
       desprestigio. La insurrección de 1810, que nos dió la independencia
       política, no tuvo el poder de dar, al pueblo hambriento de pan y de
       instrucción, lo que necesitaba para su engrandecimiento, y eso se
       debió a que el proletariado no se hizo el propósito de tomar por su
       cuenta su redención, encauzando el movimiento del mártir Miguel Hidalgo
       hacia un fin provechoso para la clase trabajadora. El movimiento de
       insurrección contra Santa-Anna, iniciado en Ayutla, y que tuvo como
       resultado la promulgación de la Constitución de 1857, tampoco tuvo
       el poder de dar pan e instrucción al pueblo trabajador. Le dió
       libertades políticas que, como es bien sabido, sólo aprovechan a
       los que ocupan lugar prominente en la vida política y social, pero
       no al proletariado que por su falta de dinero, de instrucción y aún
       de representación social, se encuentra subordinado en un todo a
       la voluntad de las clases directoras. Del movimiento de Ayutla no
       sacó tampoco provecho el proletariado por no haber encauzado él
       mismo ese movimiento al fin práctico de obtener un beneficio para su
       clase. La insurrección de Tuxtepec, que arrastró al pueblo en pos de
       la bandera <emphasis>Sufragio Efectivo y No Reelección</emphasis>,
       reconquistó para las masas la alternabilidad de los cargos de elección
       popular, y tuvo como resultado el despotismo que hoy lamentamos en el
       terreno político y el recrudecimiento de la miseria y del infortunio
       del pueblo obrero, por no haberse hecho cargo la clase trabajadora de
       la dirección del movimiento revolucionario de Porfirio Díaz, y por
       haber confiado su porvenir a las clases directoras de la sociedad.
      </para>

      <para>
       Ahora una nueva revolución está en fermento. Los excesos de la
       tiranía porfirista lastiman a todos, a proletarios y a no proletarios,
       a hombres y a mujeres, a ancianos y a niños. Acaparado el poder
       político en pocas manos, el número de personas de las clases directoras
       que se han visto obligadas a dejar en esas pocas manos la parte del
       poder que tienen bajo todos los gobiernos, se ha entregado,
       naturalmente, a trabajar por la reconquista de su poder. Como en
       todos los tiempos, esas clases directoras bajan hasta el proletariado
       ahora que necesitan de la fuerza del número, y lo acarician, lo adulan,
       ponen en juego la tradicional artimaña de aplaudirle hasta aquello
       que merece censura; pasan, en fin, la mano por el lomo del monstruo
       para atraerlo por la dulzura, sin perjuicio de hacer más dura la
       esclavitud en las haciendas, más penoso y menos remunerativo el
       trabajo en las fábricas, en los talleres y en las minas al día
       siguiente de la victoria alcanzada con la sangre, con el sacrificio,
       con el heroísmo de las masas proletarias.
      </para>

      <para>
       Proletarios: es la hora de retlexionar. El movimiento revolucionario
       no puede detenerse, tiene que estallar por la naturaleza misma de las
       causas que lo producen; pero no hay que temer ese movimiento. Es
       preferible desearlo y aun precipitarlo. Es mejor morir defendiendo el
       honor, defendiendo el porvenir de las familias, que continuar sufriendo,
       en medio de la paz, la afrenta de la esclavitud, la vergüenza de la
       miseria y de la ignorancia. Pero, compañeros, no dejéis a las clases
       llamadas directoras la tarea de pensar por vosotros y de arreglar la
       revolución de modo que resulte favorable a sus intereses. Tomad parte
       activa en el gran movimiento que va a estallar, y haced que tome la
       dirección que necesitáis para que la revolución sea esta vez
       provechosa a la clase trabajadora. Recorred las páginas de la
       Historia, y en ellas encontraréis que en las luchas armadas en que
       han tomado participación las clases directoras habéis representado el
       papel de carne de cañón, simplemente porque no quisisteis daros la
       pena de pensar con vuestra cabeza y de acometer, por vosotros mismos,
       la tarea de vuestra redención. Recordad que la emancipación de la
       clase trabajadora debe ser obra de los trabajadores mismos, y esa
       emancipación comienza por la toma de posesión de la tierra. Alistáos,
       pues, para la gran revolución; pero llevando el propósito de tomar la
       tierra, de arrancarla de las garras de esos señores feudales que hoy
       la tienen para ellos. Sólo haciéndolo asi no seréis carne de cañón,
       sino héroes que sabrán hacerse respetar en medio de la revolución y
       después del triunfo, porque tendréis, por la sola adquisición de
       la tierra, el poder necesario para alcanzar, con poco esfuerzo ya,
       vuestra total liberación.
      </para>

      <para>
       Tened presente una vez más que el simple cambio de mandatarios no es
       fuente de libertad, y que cualquier programa revolucionario que no
       contenga la cláusula de la toma de posesión de la tierra por el pueblo,
       es un programa de las clases directoras, de las que no pueden luchar
       contra sus propios intereses como lo demuestra la historia, de las que
       sólo acuden a la masa, a la plebe, a la chusma, cuando necesitan
       héroes que las defiendan y se sacrifiquen por ellas, héroes que pocas
       horas después del triunfo pueden verse con los ijares sangrando
       bajo la espuela de sus amos.
      </para>

      <para>
       Proletarios: tomad el fusil y agrupaos bajo la bandera del Partido
       Liberal, que es la única que os invita a tomar la tierra para vosotros.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 15 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>La cadena de los libres</title>

      <para>
       Al leer las Constituciones de los pueblos cultos de la Tierra, el
       filósofo no puede menos que sonreír. El ciudadano, según ellas, es
       casi un ser todopoderoso, libre, soberano, amo y señor de presidentes
       y de reyes; de ministros y de generales; de jueces, magistrados,
       diputados, senadores, alcaldes y un verdadero enjambre de grandes
       y pequeños funcionarios. Y el ciudadano, con un candor que la
       experiencia no ha podido destruir, se cree libre ... porque la ley
       lo dice.
      </para>

      <para>
       <emphasis>Dentro del territorio nacional todos nacen libres</emphasis>,
       dice nuestra Constitución. ¡Libres!, y con los ojos de la imaginación
       vemos al peón encorvado sobre el surco: dejó el lecho antes de que
       saliera el sol; volverá a él mucho después de que haya cerrado
       la noche. ¡Libres!, y en la fábrica, negra, nauseabunda, estruendosa,
       se agita una multitud de seres sudorosos, jadeantes, envejecidos en
       plena edad viril. ¡Libres!, y dondequiera vemos a hombres y mujeres,
       ancianos y niños trabajar sin descanso para poder llevar a la boca un
       pedazo de pan, nada más que lo suficiente, lo estrictamente necesario
       para que el trabajador pueda reanudar sus labores. ¿Sucedía acaso
       todo lo contrario cuando por la ley estaba instituida la esclavitud?
       ¿Trabaja, siquiera, menos el hombre hoy, que es <emphasis>ciudadano
       libre</emphasis>, que cuando era esclavo?
      </para>

      <para>
       El esclavo era más feliz que lo es hoy el trabajador libre. Como había
       costado dinero al amo, éste cuidaba al esclavo; lo hacía trabajar con
       moderación, lo alimentaba bien, lo abrigaba cuando hacia frío, y si
       se enfermaba, lo confiaba a los cuidados de algún médico. Hoy los
       patrones no se cuidan de la suerte de sus trabajadores. No costándoles
       dinero la adquisición de éstos, los hacen desempeñar tareas agotantes
       que en pocos años acaban con su salud, no importándole que las familias
       de los trabajadores carezcan de comodidades y de alimentación, porque
       éstas no les pertenecen.
      </para>

      <para>
       El trabajador de hoy es esclavo como lo fue el de ayer, con la única
       diferencia de que tiene la libertad de cambiar de amo; pero esa
       libertad la paga bien caro desde que no goza de las comodidades, de
       las atenciones, de los cuidados de que era objeto el esclavo de antaño
       y su familia. Pero si hay que dolerse de la situación del trabajador
       moderno, no hay, por eso, que suspirar por los tiempos en que la
       esclavitud era legal. Debemos buscar los medios más apropiados para
       destruir el régimen actual, ya que la experiencia nos demuestra que
       el trabajador de hoy, que lleva pomposamente el nombre de
       <emphasis>ciudadano</emphasis>, es un verdadero esclavo sobre el cual
       no sólo pesa la autoridad del amo, sino que, además, tiene que soportar
       sobre las débiles espaldas todas las cargas sociales y políticas, de
       cuyo peso la ley ha librado mañosamente a las clases ricas e
       ilustradas, para hacerlas caer, con toda su abrumadora pesadumbre,
       sobre el proletariado exclusivamente.
      </para>

      <para>
       La esclavitud y el salariado, que son la misma cosa, con la única
       diferencia del nombre, se fundan en lo que se llama el derecho del
       capital. Se supone, por la ley, que el Capital es de la propiedad del
       que lo posee, quien, por llamado derecho de accesión, tiene derecho a
       apropiarse de todo lo que se produzca con ese Capital. Pero,
       ¿tiene alguien derecho a declararse dueño del Capital?
      </para>

      <para>
       El Capital, según la Economía Política, es trabajo acumulado.
       La maquinaria, los edificios, los buques, las vías férreas, son
       trabajo acumulado, esto es, obra de trabajadores intelectuales y
       manuales de todas las épocas hasta nuestros días, y, por lo mismo,
       no se ve la razón por la cual ese Capital deba pertenecer a unos
       cuantos individuos. El Capital, en efecto, es el trabajo de
       generaciones laboriosas que pusieron su ciencia, su arte o
       simplemente su trabajo manual para formarlo. La maquinaria moderna
       no es más que el perfeccionamiento llevado a cabo en ella por
       generaciones de inventores, de obreros, de artistas, cada uno de los
       cuales puso su parte de trabajo para producir los complicados
       mecanismos que hoy admiramos, y que, debiendo pertener a todos,
       porque son el resultado de una obra colectiva, pertenecen, sin
       embargo -porque así lo dispone la ley, la ley hecha por los
       ricos- a unos cuantos individuos.
      </para>

      <para>
       Si el Capital es la obra de las generaciones laboriosas de la
       especie humana, como es indudable, no puede pertenecer a un reducido
       número de individuos, sino que a todos los que estén dispuestos a
       seguir los pasos de las generaciones anteriores que se esforzaron en
       aumentarlo y mejorarlo con su trabajo personal. Esto es lo que la
       justicia y la lógica aconsejan; pero la ley, para la cual son
       estorbos molestos la lógica y la justicia, ordena lo contrario: es
       por eso por lo que el proletariado tiene que ponerse a las órdenes
       de un amo para poder vivir, permitiendo que el producto de su trabajo
       pase casi íntegro a los bolsillos de los detentadores de la riqueza
       social.
      </para>

      <para>
       Por eso el filósofo, al leer las Constituciones de los pueblos
       cultos, la nuestra inclusive, no puede menos que sonreír. La palabra
       <emphasis>ciudadano</emphasis> es un sarcasmo, la palabra libertad es
       una ironía, y los tan llevados y traidos derechos del hombre lo
       amparan todo, menos lo que es esencial, el primordial derecho, sin el
       cual la especie humana queda a merced de todas las injusticias y es
       pasto de la miseria, de la prostitución y del crimen: el derecho de
       vivir.
      </para>

      <para>
       Todos los derechos están garantizados, menos el de vivir. El derecho
       a la vida es la base de todos los derechos, y consiste en la facultad
       que tiene todo ser humano de aprovechar ampliamente, por el sólo hecho
       de venir a la vida, todo lo que existe, sin más obligación que la de
       permitir a los demás seres humanos que hagan lo mismo, dedicándose
       todos a la conservación y fomento de la riqueza social.
      </para>

      <para>
       Veis, proletarios, que tenéis derecho a algo más que la limosna que
       se os da por vuestro trabajo con el nombre de salario. Tenéis derecho
       a percibir íntegro el producto de vuestro trabajo, porque el Capital
       es de todos, hombres y mujeres, ancianos y niños. El salario, por lo
       tanto, es un ultraje; es la cadena de los libres, la cadena que es
       preciso quebrantar para que la palabra <emphasis>ciudadano</emphasis>
       deje de ser un ultraje por aplicársela a verdaderos esclavos. Si eso
       se hace, se habrá obtenido la libertad económica.
      </para>

      <para>
       La tarea, sin embargo, no es fácil. No sólo se oponen a la
       realización de ese hermoso ideal la ley y sus sostenedores el fraile,
       el soldado, el polizonte, el juez y toda la máquina gubernamental,
       sino que, al lado de todo ese sistema opresivo, está la pasividad de
       las multitudes, la inacción de las masas acostumbradas a la
       servidumbre y al ultraje hasta el grado de considerar como
       absolutamente natural y muy en orden que el pobre sea la bestia
       de carga del rico y que el Gobierno sea el padrastro feroz, facultado
       por la divinidad para castigar a los pueblos. Es necesario que la masa
       piense de otro modo, que comprenda sus derechos para que esté
       dispuesta a reivindicarlos, siendo el principal de los derechos el
       derecho a la vida.
      </para>

      <para>
       Ardua tarea de educación requiere eso, y no basta con ir a las
       escuelas oficiales para obtener la educación. Las escuelas
       oficiales educan al pueblo en el sentido de hacer de cada hombre un
       sostenedor del sistema actual. Si en las escuelas oficiales se
       aprendiera a desconocer el derecho que tienen los capitalistas a
       apropiarse el producto del trabajo de los proletarios, los Estados
       Unidos, por ejemplo, habrían dado un paso en la vía de la libertad
       económica, pues casi todos los norteamericanos saben leer y escribir.
       Pero en las escuelas se enseña todo lo contrario: se enseña al niño
       a admirar la destreza con que algunos hombres saben sacar provecho
       del sudor y la fatiga de sus semejantes, para convertirse en reyes
       del acero, del petróleo y de otras cosas. En la escuela se enseña
       al niño que el ahorro y la laboriosidad son el origen de las
       grandes fortunas de esos Cresos modernos que dejan boquiabiertos
       a los imbéciles, cuando la experiencia demuestra que sólo las malas
       artes, la violencia y el crimen pueden acumular la riqueza en las
       manos de un hombre.
      </para>

      <para>
       El pueblo, pues, necesita educación, pero distinta de la educación
       oficial, cuyos programas han sido sugeridos o dictados por los
       interesados en perpetuar la esclavitud de los pobres en beneficio
       de los audaces y de los malvados. La educación de las masas, para
       que sea verdaderanwente provechosa y vaya de acuerdo con las
       conquistas que ha logrado hacer el pensamiento humano, es preciso
       que esté a cargo de los trabajadores, esto es, que ellos la costeen
       y sugieran los programas educacionales. De este modo se conseguirá
       que la juventud proletaria entre de lleno a la vida, bien armada de
       las ideas modernas que darán a la humanidad el suspirado bien de la
       justicia social.
      </para>

      <para>
       Al lado de la educación proletaria debe estar la unión de los
       trabajadores, y así, con la unión solidaria de los explotados y su
       educación, se logrará romper para siempre la cadena maldita que nos
       hace esclavos a los pobres y amos naturales a los ricos: el salario,
       y se entregará la humanidad al disfrute libre e inteligente de todo
       cuanto han podido acumular las generaciones anteriores y que está
       actualmente en poder de un reducido número de modernos negreros.
      </para>

      <para>
       Pero para que el proletariado mexicano pueda unirse y educarse,
       necesita antes que cualquiera otra cosa, algún bienestar material.
       Las largas horas de trabajo, la insuficiente alimentación, las pésimas
       condiciones de los lugares de trabajo y de habitación, hacen que el
       trabajador mexicano no pueda progresar. Cansado por la labor
       prolongada, apenas si le queda tiempo para descansar por medio del
       sueño para reanudar su tarea de presidiario. Por lo mismo, no le
       queda tiempo para reunirse con sus compañeros de trabajo, y discutir
       y pensar juntos sobre los problemas comunes al proletariado, ni tiene
       humor para abrir un libro o leer un periódico obrero. El obrero, así,
       está absolutamente a merced de la voracidad del capitalismo.
       Necesario es, por lo mismo, que se reduzcan las horas de trabajo y
       se aumenten los salarios, al mismo tiempo que se entregue la tierra
       a todos los pobres, para, de ese modo, crear un ambiente de bienestar
       propicio a la educación y a la unión de la clase trabajadora.
      </para>

      <para>
       Pero, para esto, hay que ejercitar la violencia. En frente del
       interés de los desheredados está el interés de los ricos y el
       interés de los bandidos que están en el Poder. Los poseedores de la
       riqueza no van a permitir por su voluntad que el pueblo tenga algún
       respiro y cobre alientos para entrar de lleno en la gran lucha contra
       todo lo que se opone a la emancipación humana. No nos queda otro
       recurso a los desheredados que recurrir a la fuerza de las armas para
       formar, con nuestro esfuerzo, un medio mejor en el cual podamos
       educarnos y unirnos firmemente para las grandes conquistas del porvenir.
      </para>

      <para>
       Educación y solidaridad, teniendo como base el alivio de las
       condiciones existentes, será el fruto inmediato de la próxima
       revolución. Un paso más después de eso, y habremos llegado a los
       umbrales del ideal.
      </para>

      <para>
       Bienvenida sea la revolución; bienvenida sea esa señal de vida, de
       vigor de un pueblo que está al borde del sepulcro.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 22 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Discordia</title>

      <para>
       Imaginaos la Tierra sin montañas, el mar sin olas, el cielo sin
       estrellas, la flor sin colores. Imaginaos a todas las aves vistiendo
       el mismo plumaje, a todos los insectos ostentando la misma forma y
       color. Imaginaos las llanadas sin un repliegue, sin un accidente;
       arenas y guijarros aquí, guijarros y arenas allá, arenas y guijarros
       por todas partes; ni un árbol, ni un yerbajo; nada que trunque la
       monotonía del paisaje, nada que interrumpa la uniformidad del cuadro;
       ni un arroyo que murmure, ni un pájaro que cante, ni una brisa que
       recuerde que hay movimiento, que hay acción. Imaginaos, por último,
       a la humanidad, sin pasiones, teniendo todos los mismos gustos,
       pensando todos del mismo modo, y decid si no sería preferible morir
       de una vez a sufrir la prolongada agonía, que no otra cosa sería
       el vivir en tales condiciones.
     </para>

     <para>
      El orden, la uniformidad, la simetría parecen más bien cosas de la
      muerte. La vida es desorden, es lucha, es crítica, es desacuerdo,
      es hervidero de pasiones. De ese caos sale la belleza; de esa 
      confusión sale la ciencia; de la crítica, del choque, del desorden,
      del hervidero de pasiones surgen radiantes como ascuas, pero grandes
      como soles, la verdad y la libertad. La discordia, he ahí el grande
      agente creador que obra en la naturaleza. Las acciones y las reacciones
      en la materia inorgánica y en la orgánica, generadoras de movimiento,
      de calor, de luz, de belleza, ¿qué son sino obra de la Discordia?
      Rompiendo la monotonía de las substancias simples, la Discordia acerca
      unas a las otras, las mezcla, las combina, las desmenuza y las lleva
      de un lugar a otro: el hierro que duerme en las entrañas de la tierra
      es el mismo que arde al atravesar la atmósfera terrestre en la forma
      de aerolito, el que enrojece los labios de una mujer y el que brilla
      en la hoja de un puñal; el carbono que se presenta negro en los
      tizones apagados es el mismo que se ostenta verde y bello en las
      hojas de las plantas, límpido como una gota de rocío en el diamante,
      tibio y acariciador en el aliento de la mujer amada. Todo lo
      transforma la Discordia: disuelve y crea, destruye y esculpe.
     </para>

     <para>
      En las sociedades humanas la Discordia desempeña el principal papel.
      Innovadora, rompe viejos moldes y crea nuevos; destruye tradiciones
      queridas, pero perniciosas al progreso, y prende en el alma popular
      nuevas lumbres, nuevas ansias después de destruir los rescoldos en
      que desentumecen su frío senil los ideales viejos. Esteta, detiene
      en su trillado camino al Arte y lo hace tomar nuevos derroteros,
      donde hay fuentes no aprovechadas aún por el rebaño literatoide,
      nuevos colores, nuevas armonías, giros de dicción inesperados que no
      existen en ninguna paleta, que no han vibrado en ninguna cuerda, que
      no han brotado como chorros de luz de ninguna pluma. Revolucionaria
      siempre, la Discordia hace que el disgusto fermente en los pechos
      proletarios hasta que, amargadas las almas hasta el límite, irritados
      los nervios hasta alcanzar el máximo de tensión, la desesperación hace
      que las manos busquen la piedra, la bomba, el puñal, el revólver, el
      rifle, y se lancen los hombres contra la injusticia, dispuesto cada
      uno a ser un héroe.
     </para>

     <para>
      Mientras el pobre se conforma con ser pobre; mientras el oprimido se
      conforma con ser esclavo, no hay libertad, no hay progreso. Pero
      cuando la Discordia tienta el corazón de los humildes; cuando viene
      y les dice que mientras ellos sufren sus señores gozan, y que todos
      tenemos derecho a gozar y vivir, arden entonces las pasiones y
      destruyen y crean al mismo tiempo; talan y cultivan, derriban y
      edifican. ¡Bendita sea la Discordia!
     </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 29 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Solidaridad</title>

      <para>
       Ante el espectáculo de la guerra bestial de todos contra todos, que
       se inició con la aparición del primer propietario sobre la Tierra y
       se ha prolongado hasta nuestros días, produciendo como lógico resultado
       la división de la humanidad en dos clases, una de opresores y la otra
       de oprimidos; de señores una y de esclavos la otra; ante el espectáculo
       de esa lucha que hace completamente extraño a un hombre de otro hombre,
       y a los hombres de una nación enemigos al parecer naturales de los
       hombres de otras naciones; ante el espectáculo de esa guerra que
       parece eterna, cabe preguntar: ¿ha progresado el hombre?
      </para>

      <para>
       El progreso material alcanzado por la humanidad es enorme, es 
       gigantesco si se le compara con su progreso moral; pues mientras
       todos admiramos el fonógrafo, el cinematógrafo, la telegrafía
       inalámbrica y la navegación aérea, las más generosas concepciones
       de los filósofos, aquellas que, puestas en práctica, abrirían
       amplios horizontes para gozar libremente la dicha de vivir, se
       asfixian entre las pastas de libros rara vez abiertos y, todavía
       peor, rara vez comprendidos.
      </para>

      <para>
       No es extraño, pues, que, hoy como ayer, la lucha por la vida
       revista el mismo carácter de ferocidad, de hostilidad recíproca, que
       hace del hombre, como dijera Hobbes, el lobo del hombre:
       <emphasis>homo hóminis lupus</emphasis>. No; no es extraño que el
       hombre del presente, que sabe manejar la electricidad y que ha
       encontrado la manera de volar, tenga, respecto de los demás hombres,
       el mismo sentimiento de encono que hacía hervir la sangre del 
       troglodita cuando, vuelto de la caza, encontraba en su vivienda de
       roca un oso o una hiena listos para disputarle el alojamiento y el
       sustento. Progresa la humanidad, pero en un sentido solamente.
      </para>

      <para>
       Por eso, cuando se habla de solidaridad, muy pocos son los que
       entienden. La solidaridad es el conocimiento del interés común, y
       la acción consecuente con ese conocimiento. A pesar de su sencillez,
       la solidaridad es desconocida casi por todos. Un egoísmo cada vez más
       grande domina las relaciones de los hombres entre si. Protestas
       aisladas contra tal estado de cosas perecen tan pronto como son 
       formuladas, acalladas por el estrépito mismo de la lucha; espíritus
       generosos que osan erguirse en medio de los combatientes para
       predicar la fraternidad, caen hechos pedazos como florecillas
       puestas al paso de una tropelada de bestias: para cada redentor hay
       un Calvario o un Monjuich.
      </para>

      <para>
       Y en esta lucha implacable los vencedores son siempre los mismos:
       los inteligentes y los malvados, con la única diferencia de que ayer
       justificaban su triunfo como un resultado de la voluntad divina, y hoy,
       avergoncémonos, justifican sus depredaciones con la ciencia. La teoría
       de Darwin sobre la selección, que explica cómo los individuos mejor
       dotados para la lucha por la vida son los que triunfan, es el
       razonamiento que esgrimen los ricos y los déspotas contra los que
       tratan de poner en duda el derecho que se apropian para explotar y
       oprimir, aunque olvidando decir, porque así les conviene, que los
       animales de una misma especie no se destruyen unos a los otros, ni
       se declaran unos los amos de los otros. La lucha de las especies va
       dirigida contra otras especies, a la vez que se opera un proceso de
       adaptación al medio. Sólo la especie humana ofrece el repugnante
       espectáculo de devorarse unos individuos a los otros, produciéndose
       con eso un retardo evidente del progreso, cuando por la solidaridad
       hace muchos miles de años que habría esclavizado a la naturaleza
       y obtenido su progreso integral.
      </para>

      <para>
       El desconocimiento del interés común a todos los hombres, esto es,
       el desconocimiento de la solidaridad, hace que cada hombre vea en
       otro hombre un competidor al que es necesario vencer para poder vivir.
       El rico vive del pobre; pero a su vez teme a los demás ricos que
       pueden arruinarle para enriquecerse más. El pobre, por su parte, ve
       en cada recién nacido una boca más que va a mermar la porción de pan
       que le permite comer, y ve en cada pobre un enemigo que puede
       alquilarse por menos precio y dejar sin pan a él y a su familia.
      </para>

      <para>
       Esta lucha implacable, que tiene su origen en la falta de solidaridad
       entre todós los seres humanos, mata en el hombre, o al menos debilita
       en él, el instinto de sociabilidad, característico de las especies
       animales superiores, a la vez que lo hace mentiroso, falso, cobarde
       y egoísta. Triunfan, en un medio así, los malvados, los que no son
       sinceros, los codiciosos y los brutales, y por eso, mientras el
       progreso material es grande, las concepciones filosóficas más bellas
       viven solamente en las páginas de los libros comidos por la polilla
       en los estantes de las bibliotecas.
      </para>

      <para>
       Pero en vista de que las clases ilustradas y ricas no entienden la
       solidaridad o fingen no entenderla, o a lo sumo la practican solamente
       en lo que concierne al estrecho interés de su clase, sin comprender
       ni practicar la solidaridad que debería unir a la especie humana en
       una sola fuerza inteligente y activa que pusiera a la naturaleza al
       servicio del hombre; en vista de las agresiones de esas clases
       dominadoras, la clase proletaria debe unirse, debe apretar sus filas
       para poder librar una decisiva batalla en la que tendrá la victoria
       por ser la que cuenta mayor número de individuos.
      </para>

      <para>
       En vez de ver en cada pobre un concurrente molesto, una boca más con
       la cual hay que compartir las migajas que despreciativamente nos dan
       los ricos como salario, debemos pensar que es nuestro hermano; debemos
       hacerle comprender que nuestro interés es el suyo, y que en la lucha
       contra las clases dominadoras debemos estar juntos. ¿Hay una huelga?
       El interés de todos es ayudar a los que están en huelga. Alquilarse
       en lugar del huelguista es una traición al interés común de los pobres,
       porque se ayuda con eso a las clases opresoras a no conceder nada a
       las clases oprimidas. Alquilarse por menos de lo que gana otro
       trabajador, es, igualmente, una traición, porque se hace ganar más
       al rico y se empeora la condición de la clase trabajadora con la
       rebaja de los salarios. Hay que considerar como un mal que se hace
       a todos, el mal que se hace a un trabajador.
      </para>

      <para>
       En la Revolución que se acerca, el trabajador mexicano debe mostrarse
       solidario. Unido fuertemente a los demás trabajadores podrá dar a la
       Revolución el giro que desee y que esté de acuerdo con su interés.
       Toma de posesión de la tierra, aumento de los salarios y disminución de
       las horas de trabajo, junto con la educación, serán las primeras
       conquistas preparatorias de la gran batalla final que quitará de las
       manos de unos cuantos lo que se necesita para la producción de la
       riqueza y su distribución. Pero, hay que entenderlo bien: eso sólo
       se conseguirá si la Revolución se hace con ese propósito. Mas si
       desviados los proletarios, hacen la revolución solamente para darse
       el lujo de tener un nuevo Presidente, o lo que es lo mismo, un nuevo
       amo, deben entender que no conseguirán, con eso, el alivio de la
       miseria, ni el acercamiento al ideal de Libertad, Igualdad y
       Fraternidad que debe vivir en el corazón de todo hombre y de toda mujer.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 29 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Las canas</title>

      <para>
       Las canas son simpáticas. Una cabeza con canas es agradable y ante
       ella se experimenta una sensación de frescura: es que tal vez, por
       asociación de ideas, piense uno en las cimas de los volcanes. Pero
       hay cabezas canosas cuya vista molesta y hacen apretar fuertemente
       los puños. Las hay tan odiosas, que involuntariamente hecha uno de
       menos el hacha del verdugo. La nieve, al caer, cubre indistintamente
       una flor o la carne podrida de algún animal.
      </para>

      <para>
       Las canas de Porfirio Díaz, ¿habrá canas más odiosas?
      </para>

      <para>
       Respetad las canas; respetad la ancianidad de nuestro gran Presidente,
       gritan hasta ponerse roncos los lacayos del tirano. Los osos polares
       tienen el pelo blanco. ¿Respetarán a los osos polares esos
       sentimentales señores? ¿Se quitarán el sombrero ante las hienas
       viejas, sólo porque son viejas?
      </para>

      <para>
       La ancianidad es simpática ciertamente y merece atenciones. El corazón
       rebosa cariño ante las manos temblorosas y los labios balbucientes de
       los viejos. Historia hecha carne y hueso son los viejos. Respetémoslos.
      </para>

      <para>
       Pero ¿qué decir de las canas ensangrentadas? ¿Qué decir de las manos
       temblorosas que saben decretar de una plumada la muerte, el destierro
       o la prisión de los hombres más buenos? ¿Qué decir de los labios que
       ante las lágrimas de las mujeres, la orfandad de los niños y el
       desamparo de los ancianos, ante el sufrimiento de toda una raza
       tienen fuerza para decir: yo mando; obedeced?
      </para>

      <para>
       Ancianidad maldita es la de los tiranos. Malditas las canas
       humedecidas con la sangre y las lágrimas de la humanidad. Benditas
       las canas de un Hidalgo o de un Ferrer; malditas las cabezas canosas
       de un Doctor Francia o un Porfirio Díaz.
      </para>

      <para>
       Canas, nieves, lirios, blancas nubes: enrojeced. Vive aún la deshonra
       de todas las blancuras, la vergüenza de todas las purezas: aun alienta
       la ancianidad odiosa de Porfirio Díaz.
      </para>

      <para>
       La inmundicia destinada a las moscas es a veces protegida por la nieve.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 21 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Frailes y tiranos</title>

      <para>
       No puede negarse que el proletariado mexicano empieza a dar señales de
       vida. Las huelgas de Cananea y de Río Blanco, cuyo trágico desenlace no
       es posible recordar sin sentir cólera contra un Gobierno de asesinos,
       fueron el comienzo de la guerra industrial en México. A esas huelgas
       siguieron otras, las de los ferrocarrileros, motoristas, panaderos y
       muchas más, que sacudieron fuertemente la atención de los capitalistas
       y los hombres del Gobierno que nunca pensaron que el dócil trabajador
       mexicano llegase a cansarse de sus cadenas.
      </para>

      <para>
       Asustado el Gobierno, quiso detener en sus comienzos el movimiento
       del proletariado empleando la vieja política del terror. ¿Tenían hambre
       los obreros y pedían en voz alta salario más elevado? Pues, allá iban
       los cosacos de la Dictadura a ahogar en sangre las demandas de
       justicia. ¿Se unían los trabajadores para luchar contra el Capital?
       Pues, no tardaban los soldados en llegar a aprehender a los directores
       de la unión y en fusilarlos. Así pasó en Cananea; así sucedió en Río
       Blanco. Pero esto no dio al despotismo el resultado apetecido. La
       intranquilidad continuó existiendo; el disgusto de las masas obreras
       cada vez era más marcado y hoy el proletariado está próximo a
       verificar su primera insurrección consciente.
      </para>

      <para>
       La alarma de las clases directoras es grande, tan grande como el
       disgusto de la clase proletaria que está para exteriorizarse en
       acción. Espartaco despierta; Shylock se estremece; Loyola, en las
       sombras, urde sus planes.
      </para>

      <para>
       El clero mexicano ha salido al encuentro de las demandas proletarias
       con el jesuitismo que le es característico. Díaz no pudo acallar a
       balazos la protesta del hambre; ahora encomienda a Loyola la solución
       del conflicto. Ya se sabe que tiranos y frailes se han prestado
       mutuamente apoyo en todos los casos graves.
      </para>

      <para>
       José Mora y Del Río, Arzobispo de México, asociado a algunos Obispos,
       Canónigos y simples presbíteros y seglares ha organizado una serie de
       conferencias para buscar una solución al Problema del Trabajo, el que
       pretenden resolver por medio de una amigable avenencia entre patronos
       y trabajadores.
      </para>

      <para>
       Guillermo De Landa y Escandón, Gobernador del Distrito Federal, por
       su parte, después de tantas visitas a fábricas y talleres; después
       de haber visto con sus propios ojos las pésimas condiciones en que
       se efectúa el trabajo, los miserables salarios que ganan los obreros y
       las largas jornadas de labor, está en vísperas, según dice
       <emphasis>El Imparcial</emphasis>, de fundar una sociedad
       <emphasis>mutualista y moralizadora</emphasis>, para obtener el
       resultado que quieren los clérigos: la amigable avenencia entre
       patronos y trabajadores.
      </para>

      <para>
       De este modo, frailes y tiranos quieren resolver el Problema del
       Trabajo. Nada de decir al trabajador que es víctima de la voracidad
       de los capitalistas con el sistema del salariado; nada de ahondar el
       asunto haciendo ver claro al proletario que no hay ninguna razón para
       que deje a los patrones casi la totalidad del producto del trabajo.
       Esas son cosas de los anarquistas y de los socialistas, dicen a una
       voz clérigos, déspotas y ricos.
      </para>

      <para>
       El proletariado debe estar bien prevenido para no dejarse embaucar
       por sus verdugos. No puede haber paz, ni es de desearse que la haya,
       mientras exista la desigualdad social, esto es, mientras haya pobres
       y ricos, patrones y trabajadores. Media un abismo insondable entre el
       interés del rico y el interés del trabajador. El interés del rico está
       en aumentar sus ganancias a costa del trabajo del pobre; el interés
       del pobre está en aumentar sus ganancias en perjuicio del pretendido
       derecho del rico. ¿Cómo podrían conciliarse esos dos intereses
       diametralmente opuestos? De ninguna manera. Charlatanería es, y no
       otra cosa, pretender resolver el Problema del Trabajo por la
       fratemización de intereses que se excluyen.
      </para>

      <para>
       Pero en el caso que nos ocupa hay un fin avieso que lo hace doblemente
       odioso. Frailes y tiranos quieren desviar las tendencias del movimiento
       obrero mexicano. Frailes y tiranos ven claramente que el trabajador
       comienza a orientarse, a comprender que su causa es distinta de la
       causa del capitalista, y se hace urgente para ellos detener el avance
       de las ideas modernas sobre Capital y Trabajo y darles un curso que
       les permita prolongar el actual orden de cosas tan propicio a las
       rapacidades del Capital.
      </para>

      <para>
       De desear es que la clase trabajadora entienda de una vez que su
       redención tiene que ser obra de su propio esfuerzo. Las clases
       directoras, como ya lo hemos dicho otras veces, se hacen pagar bien
       caros los pretendidos servicios que prestan a las clases laboriosas.
       Los trabajadores deben tomar por su cuenta el estudio y solución de
       sus problemas. No dejar más al lobo el oficio de pastor.
      </para>

      <para>
       La Revolución se acerca. Tomemos la tierra para el pueblo,
       ennoblezcamos el trabajo y demos con ello una lección a frailes
       y tiranos de cómo deben tratarse las cuestiones entre el Capital
       y el Trabajo.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 29 de octubre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Sembrando</title>

      <para>
       Yo me imagino las satisfacciones y las angustias del sembrador.
       ¡Cuántas emociones debe sentir el hombre que pone el grano en la
       tierra! He aqui un yermo; pero el sembrador viene y remueve la tierra,
       la rebana, desmenuza los toscos terrones, la peina, echa el grano y
       riega. Luego, ¡a esperar! Mas no consiste esa espera en cruzarse de
       brazos: hay que luchar; hay que luchar contra las aves que bajan a
       comerse el grano, contra los animales que se alimentan de las plantitas
       tiernas, contra el frío o la acequia que amenaza desbordarse, contra el
       yerbajo que se extiende y va a sepultar la siembra. ¡Con qué emoción
       aguarda cada nuevo día, esperando ver las puntitas verdes de las
       plantas saliendo de la tierra negra! Por fin aparecen, y entonces
       levanta angustiado la vista al cielo; sabe leer en las nubes el tiempo
       que va a haber; la dirección con que sopla el viento, tiene,
       igualmente, grande importancia. Viendo las nubes, reconociendo el
       viento, se le ve palidecer o iluminarse su rostro, según se deduce
       de la apariencia del medio, bueno o mal tiempo.
      </para>

      <para>
       Empero, estas torturas nada son comparándolas con las que sufre el
       sembrador de ideales. La tierra recibe con cariño. El cerebro de las
       masas humanas rehusa recibir los ideales que en él pone el sembrador.
       La mala yerba, las malezas representadas por los ideales viejos, por
       las preocupaciones, las tradiciones, los prejuicios, han arraigado
       tanto, han profundizado sus raices de tal modo y se han entremezclado
       a tal grado, que no es fácil extirparlas sin resistencia, sin hacer
       sufrir al paciente. El sembrador de ideales echa el grano; pero las
       malezas son tan espesas y proyectan sombras tan densas, que la mayor
       parte de las veces; no germina; y si, a pesar de las resistencias,
       la simiente-ideal está dotada de tal vitalidad, de tan vigorosa
       potencia, que logra hacer salir el brote, crece éste débil, enfermizo,
       porque todos los jugos los aprovechan las malezas viejas y es por
       esto por lo que con tanto trabajo logran enraizar las ideas nuevas.
      </para>

      <para>
       El miedo a lo desconocido entra con mucho en la resistencia que el
       cerebro de las masas ofrece a los ideales nuevos. La cobardía del
       rebaño queda perfectamente expresada en la frase que anda en boca
       de todos los taimados: <emphasis>Vale más malo por conocido que bueno
       por conocer</emphasis>. Son amargos los frutos de las viejas ideas:
       sin embargo, la imbecilidad o cobardía de las masas los prefieren
       mejor que entregarse al cultivo de nuevos y sanos ideales.
      </para>

      <para>
       El sembrador de ideales tiene que luchar contra la masa, que es
       conservadora; contra las instituciones, que son conservadoras
       igualmente; y solo, en medio del ir y venir del rebaño que no lo
       entiende, marcha por el mundo no esperando por recompensa más que
       el bofetón de los estultos, el calabozo de los tiranos y el cadalso
       en cualquier momento, Pero mientras va sembrando, sembrando,
       sembrando; el sembrador de ideales que llega va sembrando, sembrando,
       sembrando ...
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 5 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El pueblo y la tiranía</title>

      <para>
       El tirano no es un producto de generación expontánea: es el producto
       de la degradación de los pueblos. Pueblo degradado, pueblo tiranizado.
       El mal, pues, está ahí: en la masa de los sufridos y los resignados,
       en el montón amorfo de los que están conformes con su suerte.
      </para>

      <para>
       Es costumbre, cuando la tirania aprieta la garra un poco más de lo
       que se está acostumbrado a sufrirla, levantar los puños con dirección
       al trono donde el déspota está sentado, cuando bueno fuera descargar
       los primeros golpes sobre los rostros indiferentes de los mansos,
       de los que encuentran todavía satisfacciones y dichas en su 
       condición de esclavos.
      </para>

      <para>
       Los sumisos, los mansos; los indiferentes, los sufridos, los
       resignados, son la masa, la muchedumbre que con su pasividad,
       su modorra y falta de carácter hace lento y doloroso el avance de
       las sociedades humanas hacia la libertad y la felicidad. ¡Cuántas
       veces el genio perece, rotas las alas por la resistencia de las masas!
       Así son las masas, estúpidas; no marchan, y si alguien quiere ponerse
       en marcha, le rompen las piernas; no vuelan, y si alguien quiere volar,
       le hacen pedazos las alas. ¿Cómo será posible que el condor se
       remonte a las alturas cuando la masa glutinosa le impide desplegar
       las alas?
      </para>

      <para>
       Esclavas de su propio miedo y su falta de energía, las masas no
       ofrecen resistencia al despotismo, y éste las aplasta, las humilla,
       las escupe, las diezma; pero no se rebelan, no se levantan como un
       solo hombre para castigar a sus verdugos. Una humanidad así no tiene
       objeto alguno sobre la Tierra, Soportarlo todo con tal de vivir,
       parece ser el lema de la especie humana, El tirano lo sabe, y
       oprime: el rico lo sabe, y explota a los trabajadores; el fraile lo
       sabe, y toma por tarea el fomentar el miedo y la resignación de los
       pueblos.
      </para>

      <para>
       Por eso, cuando una voz valerosa se levanta, se hace el vacío en
       torno del apóstol, y son manos encadenadas las que lo señalan a los
       sicarios del tirano. ¿No fue el crimen de las masas la crucifixión
       de Jesucristo? De la masa salió Judas, el denunciante; los sayones
       eran hijos de la masa, y como para que no supiera que se trataba de
       un crimen de la multitud, la población entera alargó los hocicos
       para escupir al mártir.
      </para>

      <para>
       ¿Puede alguien asombrarse de que haya tiranos? ¿No son ellos el
       producto de la cobardía, de la indiferencia y de la falta de
       vergüenza de las multitudes? ¿No fueron las masas, acaudilladas por
       el borracho Pio Marcha, las que se pusieron el yugo de la monarquía
       de Iturbide? ¡Miente quien diga que Porfirio Díaz se sostiene por 
       medio de las armas!: es la pasividad, la mansedumbre, la indiferencia,
       la cobardía, la falta de vergüenza y de dignidad de las masas la
       fuerza del tirano. Prueba: quince millones de mexicanos están
       sometidos a la obediencia de un tirano, cuya fuerza es de menos que
       sesenta mil hombres armados, lo que da el bochornoso resultado
       de que basta un hombre armado de los despotismos para tener a raya
       a una multitud de mexicanos.
      </para>

      <para>
       Sobre qué pocas espaldas descarga su peso la gigantesca obra del
       porvenir. Sin embargo, ¡adelante! hasta que de la multitud, por
       cuya libertad y felicidad se trabaja con tantos sacrificios. salga
       el Judas, que ha de vendernos. ¡Así fue ayer; así será hoy!
      </para>
 
      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 5 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El partido liberal y el antirreelecionista</title>

      <para>En su edición del 23 del pasado octubre, al comentar el
       <emphasis>Diario del Hogar</emphasis>, de la ciudad de México, un
       artículo publicado por el periódico americano <emphasis>El Paso
       Times</emphasis> de El Paso, Texas, acerca de la venida de Madero a
       los EE.UU., dice: <emphasis>El Partido Liberal, que así podemos llamarlo
       determinando claramente que es el Antirreeleccionista, no rechaza
       a Madero, que es muy suyo</emphasis>.
      </para>

      <para>
       No queremos dejar pasar inadvertido este error, que no otra cosa es
       considerar como una misma cosa al Partido Liberal Mexicano y al
       Partido Nacional Antirreeleccionista. Precisa hacer ver este error,
       porque en realidad no es solamente el <emphasis>Diario del
       Hogar</emphasis> quien lo propala como una verdad, sino que lo mismo
       aseguran muchas personas, de buena fe unas y otras con el propósito
       de restar fuerza al Partido Liberal en favor del Antirreeleccionista,
       asegurando esas personas a los liberales que Madero y nosotros estamos
       de acuerdo y los dos partidos son uno solo con distintas denominaciones.
      </para>

      <para>
       El Partido Liberal lucha por obtener la libertad política y la
       libertad económica para todos los mexicanos, esto es, que todos sean
       libres como ciudadanos y todos tengan pan. Para que el pueblo esté en
       camino de conseguir esos bienes, el Partido Liberal quiere el
       debilitamiento de la fuerza absorbente que caracteriza al Poder
       Ejecutivo; el debilitamiento igualmente de la influencia que ejerce
       el clero en la vida política y en el hogar de los ciudadanos; la
       dignificación y educación del proletariado teniendo como base el
       bienestar material que produce el aumento de los salarios y la
       disminución de las horas de trabajo; abolición de la miseria y
       engrandecimiento de la raza por medio de la entrega al pueblo de
       la tierra y de los útiles para trabajarla. Esta es la esencia del
       <emphasis>Programa del Partido Liberal Mexicano</emphasis>, promulgado
       por la Junta Organizadora del mismo el primero de julio de 1906 en
       la ciudad de St. Louis, Missouri.
      </para>

      <para>
       Este programa es bien distinto del Programa del Partido
       Antirreeleccionista que no pone ningún freno a la influencia del clero
       en los destinos del pueblo mexicano, influencia que ha sido funesta a
       la evolución de los pueblos que la han sufrido y retarda el progreso
       de los que aún se hallan sometidos a ella. La característica de todo
       partido liberal es su Lucha contra el clero, y el Partido
       Antirreeleccionista no sólo no vuela contra el clero, sino que su
       jefe, Francisco I. Madero, ha declarado pública y solemnemente en
       algunos de sus discursos, que no está dispuesto a poner en vigor Las
       Leyes de Reforma ni hostilizar en manera alguna al clero. El éxito de
       su gira a Puebla, se debió a su alianza con el clero. Tan buenas son
       las relaciones que Madero sostiene con el clero, que una buena parte
       de la prensa clerical está a su favor y la clerigalla poblana celebró
       con gran bombo, misas para salvar al candidato antirreeleccioniata de
       la cárcel. ¿Puede ser liberal el Partido Maderista? Claro está que no.
       Los liberales luchamos enérgicamente contra el clero al que consideramos
       aliado natural de todos los tiranos, pues mientras estos oprimen por
       medio de la fuerza; los clérigos predican la sumisión y el respeto
       para los amos y la autoridad so pena de condenación en el infierno.
       ¿Quién no recuerda además, los inmensos males que el clero ha hecho
       al pueblo mexicano? El clero fue el peor enemigo que tuvieron los
       insurgentes mexicanos durante la guerra de independencia. El clero
       degradó y excomulgó a Hidalgo, sostuvo los gobiernos conservadores,
       recibió bajo palio a los invasores norteamericanos en 1847, levantó
       a las masas contra los liberales y sostuvo la guerra de tres años,
       provocó la invasión de los franceses y fabricó un trono para colocar
       en él al príncipe extranjero Fernando Maximiliano de Austria. Auxilió
       con su dinero y su influencia a Porfirio Díaz para asaltar la
       presidencia de la República y hoy ayuda a Madero moralmente, para
       ganar el sillón presidencial.
      </para>

      <para>
       Nada se dice en el Programa del Partido Antirreeleccionista sobre la
       dignificación y educación del proletariado teniendo como base el
       bienestar material que produce el aumento de los salarios y la
       disminución de las horas de trabajo. Esto se explica si se tiene en
       cuenta que dicho partido está integrado por la clase capitalista e
       influenciado por el clero. A los capitalistas, naturalmente, no les
       hace gracia el dar mejores salarios a los trabajadores.
      </para>

      <para>
       Menos aún se dice algo en el Programa del Partido Antirreeleccionista
       sobre la abolición de la miseria y engrandecimiento de la raza por
       medio de la entrega al pueblo de la tierra y de los útiles para
       trabajarla. Eso es natural, porque los ricos y el clero lo quieren
       todo para sí.
      </para>

      <para>
       Deseamos que no se deduzca de lo que decimos que consideramos a
       Francisco I. Madero como un ambicioso vulgar que lucha por aumentar sus
       riquezas. Francisco I. Madero es un hombre de buena fe que ha
       sacrificado su tranquilidad y ha hecho lo que pocos hacen: desprenderse
       de sumas cuantiosas en pro de sus ideales. Ha luchado como bueno; pero
       sus ideales no son los del proletariado; sus ideales son los de la
       burguesía, esto es, de los ricos, de los intelectuales y de los
       clérigos. Madero cree que un partido de la burguesía puede operar el
       engrandecimiento de la raza mexicana, mas la experiencia demuestra que
       los partidos burgueses ya sean republicanos o monárquicos, no procuran
       el bienestar de los pobres ni lógicamente se puede esperar que lo
       procuren dado que los intereses de las dos clases sociales, la
       poseedora y la no poseedora, son distintos, son antagónicos. Los
       partidos burgueses desde la revolución francesa hasta nuestros días
       y lo mismo en los EE.UU., que en Suiza, en la Argentina que en Francia,
       no se han preocupado de otra cosa cuando están en el poder que en el
       beneficio exclusivo de las clases altas de la sociedad.
      </para>

      <para>
       Se ve, por lo expuesto, que el Partido Liberal y el Partido
       Antireeleccionista, no tienen nada en común a no ser el deseo de que
       deje de oprimir al pueblo mexicano la dictadura de Porfirio Díaz; pero
       mientras el Partido Liberal trabaja por un cambio radical en las
       condiciones de vida del pueblo, el Partido Antireeleccionista se
       conforma con la simple caida del tirano y, muy especialmente, de la
       camarilla <emphasis>científica</emphasis>, que ha acaparado los
       negocios por los que suspiran los capitalistas que no forman parte
       de esa camarilla.
      </para>

      <para>
       Deseamos que los liberales se penetren bien del espíritu de los
       trabajos del Partido Liberal, para que no haya más confusiones.
       Ciertamente que el Partido Antirreeleccionista es un partido de
       oposición al gobierno actual, pero sus tendencias son diametralmente
       distintas a las tendencias del Partido Liberal. El Partido
       Antirreeleccionista es un verdadero partido conservador.
      </para>

      <para>
       Ahora, a escoger, cada quien su bandera. Con nosotros, los que
       aspiren a ver ennoblecida, libre y felíz a la raza mexicana. Con los
       demás partidos los que quieran el engrandecimiento y el poderío de
       una parte reducida de la familia mexicana.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 5 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Libertad política</title>

      <para>
       Deseamos que nuestros compañeros los desheredados se penetren bien
       de lo que es la libertad política y los beneficios que puede reportar
       a los pueblos. Nosotros tenemos la convicción de que la libertad
       política por si sola es impotente para hacer la felicidad de los
       pueblos, y es por eso por lo que trabajamos con empeño por hacer
       entender al pueblo que su verdadero interés es el de trabajar por
       la libertad económica, que es la base de todas las libertades, el
       cimiento sólido sobre el cual puede construirse el grandioso edificio
       de la emancipación humana.
      </para>

      <para>
       La libertad política da al hombre el derecho de pensar, el derecho
       de emitir su pensamiento, el derecho de reunirse, el derecho de
       ejercer el oficio, profesión o industria que le acomode, el derecho
       de transitar libremente por el territorio nacional, y entre otros
       muchos derechos y prerrogativas tiene el derecho de votar y ser
       votado para los cargos públicos de elección popular. En cambio de
       estas libertades vienen las obligaciones, siendo las principales:
       el pago de contribuciones para los gastos públicos, el servicio
       gratuito a las autoridades cuando éstas necesiten el auxilio de
       los ciudadanos, la obligación de servir como soldado.
      </para>

      <para>
       Ya hemos explicado otras veces que la inferioridad social del
       proletario y del pobre en general hace completamente ilusoria la
       libertad política, esto es, no puede gozar de ella. La ignorancia
       y la miseria inhabilitan al hombre para pensar y emitir sus
       pensamientos, y aun cuando lograse pensar y emitir sus pensamientos,
       serían éstos de una inferioridad intelectual tan marcada que su
       influencia sería nula por la imposibilidad de hacerlos preponderar
       sobre la brillante argumentación de los hombres instruidos.
       Intelectualmente, pues, el proletario está subordinado a las
       inteligencias de los hombres cultos que por el hecho mismo de su
       cultura gozan de comodidades y tienen, por lo tanto, ideales que
       corresponden a la vida fácil de las clases altas de la sociedad,
       cuyo interés en conservar esas facilidades de existencia que no se
       fundan en un principio de igualdad y de justicia sociales, sino en
       la desigualdad misma, en el hecho de la diferencia dé facilidades
       de existencia entre las clases alta y baja de la sociedad. Se ve,
       por esto, que la libre emisión del pensamiento aprovecha casi
       exclusivamente a las clases altas. El derecho de reunión es
       igualmente ilusorio para el proletariado en virtud de su
       inferioridad intelectual que lo subordina, naturalmente, lógicamente,
       a las clases cultas, que, si se trata de reuniones políticas, se
       sirve de la masa como fuerza numérica para decidir una contienda
       electoral, o para hacer variar de política a un gobierno o
       simplemente de tablado sobre el cual exhibirse y brillar mejor.
      </para>

      <para>
       Ilusorio es, igualmente, el derecho de ejercer el oficio, profesión
       o industria que se quiera. La ignorancia y la miseria inhabilitan al
       hombre para entregarse libremente al ejercicio de una profesión,
       derecho que solamente puede ser disfrutado por las clases altas que
       tienen dinero para sostener los estudios de sus hijos.
       Igualmente se necesita poseer bienes de fortuna para establecer una
       industria. Al proletariado no le queda otro derecho que el de
       ejercer un oficio, y aun para escoger un oficio se necesita gozar de
       alguna independencia económica y poseer cierta instrucción,
       circunstancias que no concurren en la generalidad de los pobres.
      </para>

      <para>
       Lo que se ha dicho acerca de los derechos políticos aquí enumerados,
       se puede decir, con ligeras variaciones, de los demás. Para gozar
       de los derechos políticos se necesitan la independencia económica y la
       instrución, y todo hombre que se dedique sinceramente a trabajar por
       el bienestar del pueblo debe luchar, con todas sus fuerzas, por un
       cambio de las condiciones políticas y sociales existentes, en otras
       que garanticen la independencia económica, base de la educación y de
       la libertad, o que garanticen, al menos, una independencia relativa,
       gracias a la cual pueda el proletariado unirse, educarse y emanciparse
       al fin.
      </para>

      <para>
       El derecho del voto es también ilusorio por la misma razón que hace
       ilusorios los demás derechos cuyo conjunto es lo que se llama la
       libertad política. La ignorancia y la miseria ponen a los pobres en
       una situación de inferioridad que los subordina, natural y lógicamente,
       a la actividad politica de las clases altas de la sociedad. Por
       razones de educación, de instrucción y de posición social, las
       clases altas asumen el papel de directoras en las contiendas
       electorales. Los individuos de las clases altas, en virtud de su
       independencia económica, disponen de más tiempo que los proletarios
       para dedicarse a otras cosas distintas de las ocupaciones ordinarias
       de la vida, y, todavía más, muchos de los individuos de las clases
       directoras hacen de la política la ocupación única de su vida. Todo
       esto contribuye a que el proletariado que, en virtud de verse
       forzado a trabajar día con día para poder vivir, no puede tomar a su
       cargo la dirección de las campañas politicas, tenga que subordinarse
       a los trabajos de las clases directoras, conformándose los trabajadores
       con hacer el papel de votantes en las farsas electorales. La discusión
       de los candidatos, la confección de los programas de gobierno, el
       plan de la campaña electoral, la propaganda y todo lo que requiere
       actividad y discernimiento, quedan absolutamente a cargo de los
       directores del movimiento electoral, pues aun en el caso de que se
       formaran clubes especiales de trabajadores para los trabajos
       electorales, lo que en ellos se hiciera no seria sino el reflejo de
       lo que se hace en los clubes electorales de las clases directoras, de
       los cuales son mero espejo. De todo lo cual resulta que los pobres no
       tienen otro derecho que el de firmar la boleta electoral y llevarla
       a las casillas; pero sin conocer, a punto fijo, las cualidades de
       las personas que tienen que elegir, a quienes sólo conocen por lo
       que de ellas dicen los propagandistas de las clases directoras.
      </para>

      <para>
       El derecho de votar se reduce, en tales condiciones, a la tarea
       de firmar una boleta y llevarla a la casilla, y con ello los
       trabajadores -y los pobres en general- nada ganan, como no sea el
       cambiar de amo, amo que no va a trabajar en beneficio de los
       intereses de los pobres, sino en beneficio de las clases altas de
       la sociedad, pues éstas fueron las que en verdad hicieron la elección.
      </para>

      <para>
       He aquí cómo la libertad política, por si sola, no tiene el poder
       de hacer feliz a ningún pueblo. Lo que urgentemente necesitan no
       sólo México, sino todos los pueblos cultos de la Tierra, es la
       libertad económica que es un bien que no se conquista con campañas
       electorales, sino con la toma de posesión de bienes materiales,
       tales como la tierra y la dignificación y ennoblecimiento de la
       clase trabajadora por medio de mejores salarios y menor número de
       horas de trabajo, cosas que, como lo hemos repetido mucho, darán
       al proletariado la oportunidad de unirse, de estudiar sus problemas,
       de educarse y de emanciparse finalmente.
      </para>

      <para>
       Por lo expuesto se ve que, en realidad, el pueblo no ejercita, no
       puede ejercitar los derechos políticos; pero eso no lo descarga de
       las obligaciones que le impone la ley. No tiene derecho a otra cosa
       que a morirse de hambre; pero está obligado a pagar las contribuciones
       para que vivan con holgura precisamente los que lo dominan. El
       brillante Ejército, los polizontes de todas clases, los funcionarios
       políticos, judiciales, municipales y administrativos, desde los más
       altos hasta los más humildes, los miembros de las Cámaras
       legislativas federales y de los Estados y una caterva de empleados
       altos y bajos, tienen que ser pagados con las contribuciones de todas
       clases, aduanales, del Timbre, directas y municipales que pesan 
       exclusivamente sobre los hombros del pobre, porque si bien es cierto
       que son los ricos los que las pagan por los negocios que tienen
       entre manos, sacan lo que han pagado al Gobierno encareciendo las
       rentas de las casas, de las tierras, de los comestibles, de las
       mercancías en general, siendo, por lo tanto, los pobres, los únicos
       que tienen que pagar los gastos del Gobierno, entre los que hay
       que agregar las subvenciones a la Prensa gobiernista, las
       gratificaciones que acostumbra dar a los más viles y más bajos
       de los aduladores, y las cantidades que los hombres que gobiernaln
       sacan de las cajas de las oficinas públicas para aumentar sus riquezas.
      </para>

      <para>
       Pero no es esta la única obligación de los pobres. Entre otras
       está el servicio gratuito que deben prestar, ya por medio de las
       rondas para cuidar los intereses de los ricos, ya componiendo las
       carreteras para que se deslicen mejor los automóviles de los ricos
       también, y por ese tenor todos los demás servicios, hechos
       gratuitamente por los de abajo en beneficio de los de arriba, y,
       como digno remate de la burla con que se paga la candidez de los
       pueblos, el proletariado debe dar sus mejores hijos al cuartel y
       sus más bellas hijas al lupanar, para que sus hijos lo asesinen
       cuando se declare en huelga, o reclame sus derechos y sus hijas
       sean manchadas por los señoritos, y los viejos también, de la
       santa burguesía.
      </para>

      <para>
       Obligaciones, cargas, afrentas, miseria, prostitución, crimen,
       ignorancia, desunión, ése es el sombrío cortejo de males que sobre
       el pueblo arroja la libertad política cuando se la considera como
       la panacea que ha de curar todas las dolencias de la humanidad.
       La libertad, así, es un edificio sin base sólida e incapaz de
       tenerse en pie. Lo que el pueblo necesita para gozar de libertades
       es su emancipación económica, base inconmovible de la verdadera
       libertad.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 12 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Hacia la unión</title>

      <para>
       La American Federation of Labor (<emphasis>Federación Americana del
       Trabajo</emphasis>) invitó a los mexicanos a ingresar a la Unión.
       <emphasis>Regeneración</emphasis> hizo suyo ese llamamiento y a eso
       se debió la pesencia de un gran número de trabajadores mexicanos en
       el salón del <emphasis>Labor Temple</emphasis> la noche del martes 8
       del actual en que muchos compañeros se inscribieron como miembros de
       esa Unión de trabajadores. Muchos pagaron de una vez su cuota de
       inscripción y otros, que no iban preparados para ello,
       manifestaron que después harían el pago.
      </para>

      <para>
       Este paso dado por los trabajadores mexicanos es de grande
       importancia. Su ingreso a la American Federation of Labor significa,
       en primer lugar, cultura, porque sólo los trabajadores cultos
       comprenden las ventajas que la unión tiene para los que han de
       ganarse el pan con el sudor de su frente.
      </para>

      <para>
       Aunque la característica de las sociedades modernas es el antagonismo
       de los intereses que es lo que se llama
       <emphasis>competencia</emphasis>, antagonismo que da por resultado
       que no sólo las clases de intereses opuestos están en abierta pugna,
       sino que los individuos de una misma clase están en pugna entre sí como
       ya lo hemos explicado otras veces, y es lo que nos hace ver que un
       comerciante está celoso de las ganancias de otro comerciante y trata
       de quebrarlo; un industrial está celoso de las ganancias de otro
       industrial y busca la manera de arruinarlo, y en el mundo obrero un
       trabajador con hambre y falto de espíritu de solidaridad y de
       vergüenza se ofrece por menos sueldo que su compañero cuyo lugar
       envidia; aunque, como se dice, la característica de las sociedades
       modernas es la competencia, los patrones se unen y ofrecen de esa
       manera una resistencia efectiva contra los trabajadores desunidos
       que tienen que admitir los salarios que los amos tienen a bien fijar.
       Contra la unión de los capitalistas se ha formado la unión de los
       trabajadores; a una fuerza se ha opuesto otra fuerza, y gracias a
       esa unión de los trabajadores, las condiciones del trabajo mejoran,
       los salarios aumentan y las horas de trabajo de acortan.
      </para>

      <para>
       Lo primero que sorprende a los mexicanos que vienen a este país, es el
       modo culto de vestirse y la mayor suma de bienestar que disfruta el
       trabajador americano no es obra de la casualidad ni el resultado de
       la bondad o generosidad de los patrones. Ese bienestar que todavía es
       bien poco comparándolo con el bienestar que el trabajador tiene
       derecho a disfrutar como dueño de lo que produce y que conquistará
       cuando se haga el ánimo de tomar posesión de los medios de producción
       y transporte de las riquezas; ese bienestar de que goza el trabajador
       americano se debe al esfuerzo del mismo trabajador por unirse para
       ir ganando ventaja sobre el capitalismo. A las <emphasis>Uniones de
       Trabajadores</emphasis> se debe de que en este país no haya salarios de
       dieciocho centavos o tres reales diarios que tan comunes son en nuestro
       infortunado país.
      </para>

      <para>
       Los trabajadores mexicanos, trabajando por menos sueldo que los
       trabajadores americanos, se hacen mal a sí mismos, porque si
       ingresaran a las <emphasis>Uniones de Trabajadores</emphasis> de
       este país ganarían tanto como los americanos, y unidos todos, cada
       vez se obtendrían mejores salarios al mismo tiempo que nuestra raza
       iría siendo cada vez más respetada por todos.
      </para>

      <para>
       La ventaja inmediata de la <emphasis>Unión</emphasis>, es el aumento
       de salario y el aumento de respeto y consideración para nuestra raza.
       Las ventajas ulteriores son: conocimiento cada vez más exacto del
       interés común a los trabajadores y, con el ingreso de elementos
       progresistas, la evolución de la American Federation of Labor hacia
       la forma sindical de las uniones de Europa.
      </para>

      <para>
       Compañeros: la American Federation of Labor cuenta con tres millones
       de miembros. Esta fuerza estará a vuestro servicio cuando demandéis
       mejor salario y disminución de horas de trabajo a vuestros patrones.
       Aislados como estáis tendréis que conformaros con lo que a vuestros
       amos se les antoja daros. Unidos a la poderosa Unión de que os hablo,
       obligaréis a vuestros amos a ser menos avaros con vosotros. Vuestro
       interés es, pues, uniros.
      </para>

      <para>
       La American Federation of Labor, al hacer el llamamiento a los
       mexicanos para que se unan, tiene el propósito de conseguir que en
       esta ciudad ningún trabajador gane menos de dos pesos cincuenta
       centavos diarios por ocho horas de trabajo. Esto, pues, será lo menos
       que gane un trabajador cuando se haya hecho fuerte la unión de los
       mexicanos.
      </para>

      <para>
       Compañeros: acudid al llamamiento que se os hace. No desperdiciéis
       tan buena ocasión que se os presenta para adquirir una mejor en
       vuestra situación. Haced a un lado esa apatía que os pierde. Vuestras
       familias necesitan dinero para comer, para vestirse, para vivir un
       poco más tranquilas. En vuestras manos, pues, está el que llevéis más
       dinero a vuestras casas y el que séais más respetados y más
       considerados. Dad, por último, una prueba de que el mexicano tiene
       también aspiraciones, tiene dignidad y tiene vergüenza.
      </para>

      <para>
       Compañeros: sólo el hombre que no se respeta a sí mismo, es capaz de
       no aspirar a mejorar en su condición. ¿Quién al ver la miseria en su
       hogar no aspira por mejorar la situación de los suyos? ¿Quién podrá
       ver con indiferencia los sufrimientos de su compañera, de sus hijos
       o de sus ancianos padres por falta de elementos pecuniarios? Y el 
       trabajador que no tiene familia ¿está conforme con la vida miserable
       que lleva, viviendo al día, sin esperanzas de mejorar?
      </para>

      <para>
       Es conveniente hacer saber que el llamamiento no sólo se hace a los
       hombres sino también a las mujeres mexicanas trabajadoras. La mujer
       gana todavía menos que el hombre, y hay en esta ciudad un gran número
       de trabajadoras mexicanas. Acudid en masa, compañeras a inscribiros
       como unionistas.
      </para>

      <para>
       Para ingresar a la Unión hay que pagar veinticinco centavos en el
       momento de inscribirse y cincuenta centavos de cuota al mes. ¿Qué
       sacrificio es ese comparado con el benéfico resultado que se obtendrá?
      </para>

      <para>
       Mexicanos: acudid todos al <emphasis>Labor Temple</emphasis> todos los
       Viernes a las siete y media de la noche a presenciar las sesiones de
       la Unión y a inscribiros como miembros. Nadie debe ser indiferente a
       su propio bienestar. Estamos en un país extranjero en donde tenemos
       la obligación de hacernos respetar, y el respeto solamente podemos
       adquirirlo demostrando con hechos que somos civilizados, que aspiramos
       a mejor género de vida, que sabemos ser solidarios.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 12 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>La repercusión de un linchamiento</title>

      <para>
       La prensa diaria de esta ciudad se ha ocupado, en estos últimos días,
       de dar cuenta a sus lectores de supuestos ultrajes inferidos a
       norteamericanos en la ciudad de México, por turbas amotinadas. Los
       relatos de esa Prensa son realmente espeluznantes; pero creemos que
       hay mucha exageración en ellos.
      </para>

      <para>
       No es posible negar que en toda la América latina se opera una
       reacción contra el imperialismo de los Estados Unidos, que, para la
       vida de aquellos países como naciones autónomas, es una grave amenaza.
       Un sentimiento de hostilidad, cada vez más marcado, contra la política
       absorbente del Gobierno norteamericano, se nota en aquellos pueblos.
      </para>

      <para>
       No el pueblo norteamericano, sino la codicia de los grandes
       millonarios norteamericanos; la sed de oro de la plutocracia de
       este país ha sido el origen de ese sentimiento que hace lento y
       dificil el logro de la fraternidad entre los seres humanos que
       pueblan este Continente, pues mientras los hombres que nos hemos
       emancipado de los prejuicios de raza trabajamos por crear lazos
       fraternales entre todos los hombres, los millonarios, los grandes
       negociantes, los bandidos de las finanzas, procuran con sus actos
       dividir a los pueblos, abrir abismos entre las diversas razas y
       las diversas nacionalidades, para, de ese modo, tener seguro su
       imperio: <emphasis>divide y reinarás</emphasis>, dijo Maquiavelo.
      </para>

      <para>
       Los ataques que han sufrido los pueblos latinos de América han
       sido motivados por la ambición de los grandes millonarios, que
       echan mano del patriotismo para ir a ultrajar pueblos que no han
       cometido otro delito que vivir sobre ricas tierras que han tentado
       la codicia de los vampiros de Wall Street. ¿Quién no recuerda el
       ataque a su soberanía sufrido por Colombia? ¿Quién ha olvidado las
       intrigas de los grandes millonarios de este país contra la
       independencia de Venezuela? ¿Para quién es un misterio que la
       política de la <emphasis>Casa Blanca</emphasis> sobre las naciones
       latinas de este Continente, es una política de absorción, es una
       política que tiende, además, al sostenimiento de tiranías desenfrenadas
       como la de Estrada Cabrera en Guatemala y la de Porfirio Díaz en
       México? ¿Y quién duda ya que dondequiera que aparece un Gobierno que
       no se somete a la vergonzosa tutela de la plutocracia norteamericana,
       tarde o temprano se verá comprometido ese Gobierno con revueltas
       interiores, fraguadas, dirigidas y fomentadas por ricos
       norteamericanos, siendo los puertos de los Estados Unidos los lugares
       de donde parten las expediciones filibusteras que van a hacer la 
       guerra en son de revolución contra los Gobiernos de las naciones
       latinoamericanas que no se plegan a las exigencias del capitalismo de
       esta nación? ¿No es público y notorio que la revolución contra el
       presidenrte Zelaya, de Nicaragua, fue la obra de aventureros
       norteamericanos, pagados con el oro de Wall Street? Y como si no fuera
       bastante todo esto, ¿no recuerdan los mexicanos que si se derramó su
       sangre combatiendo contra la plutocracia de esta nación fue por la
       ambición de los ricos sobre las tierras de México?
      </para>

      <para>
       Estos son hechos que hablan con toda su elocuencia. Estos son hechos
       que están en la memoria de todos; hechos cuyo origen está en la sed
       insaciable de riqueza de los grandes millonarios norteamericanos, y
       que han venido a levantar una muralla entre las dos razas pobladoras
       de este hermoso Continente; muralla que seguirá en pie, enhiesta,
       insuperable, y que acabaría por convertir en encarnizadas enemigas a
       dos fracciones importantes de la raza humana, si la propaganda de los
       libertarios no estuviera prendiendo en el corazón de la gleba de
       todas las razas sentimientos de amor y de fraternidad, que al
       robustecerse, derribarán esa barrera levantada por los crimenes
       del capitalismo, haciendo de todos los intereses uno solo, hermoso,
       grande: el de la solidaridad.
      </para>

      <para>
       En México, especialmente -no hay que negarlo- existe un sentimiento
       de hostilidad bien marcado contra la tendencia absorbente del
       Gobierno de la <emphasis>Casa Blanca</emphasis>, sentimiento que
       de día en día se hace más hondo por la acción individual o colectiva
       de los norteamericanos contra los mexicanos que residen en esta nación.
       Todos saben con qué desprecio se trata a la raza mexicana en general;
       todos saben que en Texas se trata a los mexicanos de manera peor que
       a los negros. En los hoteles, fondas y otros establecimientos públicos
       de Texas, no se admite al mexicano. Las escuelas oficiales cierran
       sus puertas a los niños de nuestra raza. Norteamericanos semisalvajes
       se ejercitan al blanco en los mexicanos. ¡Cuántos hombres de nuestra
       raza han muerto porque a un salvaje de pelo rubio se le ha ocurrido
       probar su habilidad en el manejo de las armas disparando sobre ellos,
       sin que haya mediado disputa alguna! En las llamadas Cortes de
       justicia se juzga a los mexicanos, generalmente sin formalidad alguna,
       y se les sentencia a la horca o a sufrir penas tremendas, sin que haya
       habido prueba, pero ni la menor sospecha de que hayan cometido el
       delito por el cual se les hace sufrir. Todo esto unido al orgullo
       que en México muestran los norteamericanos ricos que consideran
       nuestro desgraciado país como país conquistado, porque el cobarde y
       traidor tiranuelo que nos oprime, les da todo lo que quieren, les
       concede todo lo que demandan, les pone en posesión de tierras
       cultivadas y poseídas por labradores humildes -pues son siempre los
       pobres los que sufren-, los autoriza ampliamente para que acaben con
       nuestros bosques, para que exploten para su beneficio único las
       riquezas de las tierras y los mares mexicanos, para que funjan como
       autoridades que son casi siempre más brutales que las indigenas;
       todo esto ha venido a elevar todavia más la barrera que el capitalismo
       ha puesto entre las dos razas; todo esto ha venido a dificultar
       la tarea de fraternidad y de amor entre las razas todas del mundo
       que con nuestros actos y nuestra propaganda tenemos emprendida
       los libertarios de la Tierra.
      </para>

      <para>
       Así las cosas, y cuando el pueblo mexicano ve en la plutocracia
       norteamericana el peor enemigo de sus libertades; cuando se ha dado
       bien cuenta de que la persecución y las torturas de que fuimos objeto
       en este país se debieron al deseo de los grandes millonarios
       norteamericanos de que subsistan en México las condiciones de tiranía
       y de barbarie que hacen posible para los malvados su rápido
       enriquecimiento; asi las cosas, decimos, no se necesitaba sino un hecho
       cualquiera para levantar en México una tempestad de protesta, y el
       hecho que hizo explotar la indignación de que dan cuenta los diarios
       de esta ciudad es uno de tantos que han tenido por escenario las
       salvajes llanuras de Texas y por actores una turba de salvajes blancos
       lanzándose furiosos sobre un humilde mexicano. Un mexicano,
       Antonio Rodríguez -acusado de homicidio en la persona de una mujer
       norteamericana, y cuyo crimen no se llegó a probar ante los
       tribunales- fue amarrado a un poste por una horda de norteamericanos
       y se le prendió fuego en vida. Este espantoso crimen tuvo lugar en 
       Rock Springs, Texas, el día 3 de este mes.
      </para>

      <para>
       Los estudiantes de la ciudad de México acordaron organizar una
       manifestación de protesta contra ese linchamiento, la que se llevó a
       efecto la noche del martes 8 de este mes. Una gran multitud se reunió;
       se pronunciaron discursos vigorosos protestando contra el ultraje. Un
       grupo numeroso de manifestantes se dirigió a las oficinas del periódico
       norteamericano <emphasis>The Mexican Herald</emphasis>, que, como se
       sabe, está sostenido por Díaz y es uno de los principales aduladores
       con que cuenta el despotismo. La multitud hizo pedazos, a pedradas,
       las vidrieras del edificio.
      </para>

      <para>
       Al día siguiente, miércoles, los estudiantes, seguidos de una inmensa
       multitud, recorrieron las calles principales de la ciudad lanzando
       gritos de protesta contra los asesinatos de que son víctimas los
       mexicanos en Texas. Varias casas de comercio resultaron con los
       cristales rotos a pedradas. Una bandera norteamericana fue tomada por
       la multitud y hecha pedazos, en medio de gritos de indignación por los
       atropellos cometidos contra mexicanos en este país.
      </para>

      <para>
       Los periódicos dan cuenta de un norteamericano linchado y un niño
       descalabrado, también de nacionalidad norteamericana; pero estos
       hechos no están comprobados y todo se reduce al deseo que tienen los
       periódicos de atraerse lectores publicando noticias sensacionales.
      </para>

      <para>
       Igualmente dieron cuenta los periódicos de que fueron arrojadas
       bombas de dinamita a la residencia del Embajador norteamericano en
       México. Pero esa noticia como la del linchamiento del norteamericano
       y la descalabradura del niño, carecen de fundamento.
      </para>

      <para>
       El miércoles la multitud invadió el edificio donde se edita el
       periódico más abyecto y más bajo que se publica en México,
       <emphasis>El Imparcial</emphasis>, y se entregó a la tarea de destruir
       el taller. Los gendarmes montados ocurrieron, y a machetazos
       dispersaron a los manifestantes, resultando un hombre pasado por el
       sable de uno de los cosacos.
      </para>

      <para>
       El Miércoles fue cuando ocurrieron los casos más notables. Las tropas
       cargaron sobre la multitud, resultando dos hombres muertos. Dispersada
       la multitud en un lugar, se reunia en otro de la ciudad y así
       sucesivamente. Hubo muchos encuentros entre los esbirros y el pueblo.
      </para>

      <para>
       La protesta de los habitantes de la ciudad de México tuvo resonancia
       en Guadalajara, donde los estudiantes también organizaron una
       manifestación de protesta. Por varias horas las multitudes fueron
       dueñas de la ciudad. Muchas casas comerciales de norteamericanos
       fueron lapidadas. Toda la guarnición fue puesta sobre las armas, y
       después de varios encuentros entre manifestantes y las tropas se
       disolvieron las multitudes.
      </para>

      <para>
       El Gobierno de Díaz, con su acostumbrada barbarie, tiene arrestados
       a más de cien estudiantes en la ciudad de México; ha dado órdenes
       terminantes a los polizontes y a la soldadesca de que repriman con
       ferocidad cualquier grito de protesta, y ante las reclamaciones del
       Gobierno de la <emphasis>Casa Blanca</emphasis> se ha deshecho en
       explicaciones, satisfacciones y promesas de que va a suprimir todos
       los periódicos que en virtud de haber publicado artículos protestando
       contra el linchamiento de Rodríguez, excitaron al pueblo a manifestar
       su disgusto.
      </para>

      <para>
       Esto es todo lo que se sabe hasta los momentos de entrar en prensa
       <emphasis>Regeneración</emphasis>. El periódico católico
       <emphasis>El País</emphasis> recomienda el boycot contra los efectos
       norteamericanos como una protesta. Otros periódicos publican artículos
       enérgicos contra los crímenes de que son objeto los mexicanos en este
       país; pero ninguno se atreve a decir la verdad; ninguno abre los labios
       para decir que es el Capitalismo -el pulpo voraz que chupa la fuerza de
       los pueblos- el causante de todos esos disturbios, de todos esos
       crímenes; pues el Capitalismo fomenta el odio de razas para que los
       pueblos no lleguen a entenderse y así poder reinar a sus anchas.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 12 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Los utopistas</title>

      <para>
       <emphasis>¡Ilusos, utopistas!</emphasis>, esto es lo menos que se
       nos dice, y este ha sido el grito de los conservadores de todos los
       tiempos contra los que tratan de poner el pie fuera del cerco que
       aprisiona al ganado humano.
      </para>

      <para>
       <emphasis>¡Ilusos, utopistas!</emphasis>, nos gritan, y cuando saben
       que en nuestras reivindicaciones se cuenta la toma de posesión de la
       tierra para entegársela al pueblo, los gritos son más agudos y los
       insultos más fuertes: <emphasis>¡ladrones, asesinos, malvados,
       traidores!</emphasis>, nos dicen.
      </para>

      <para>
       Y sin embargo, es a los ilusos y a los utopistas de todos los tiempos
       a quienes debe su progreso la humanidad. Lo que se llama civilización,
       ¿qué es si no el resultado de los esfuerzos de los utopistas? Los
       soñadores, los poetas, los ilusos, los utopistas tan despreciados de
       las personas <emphasis>serias</emphasis>, tan perseguidos por el
       <emphasis>paternalismo</emphasis>, de los Gobiernos: ahorcados aquí,
       fusilados allá; quemados, atormentados, aprisionados, descuartizados
       en todas las épocas y en todos los países, han sido, no obstante, los
       propulsores de todo movimiento de avance, los videntes que han
       señalado a las masas ciegas, derroteros luminosos que conducen a
       cimas gloriosas.
      </para>

      <para>
       Habría que renunciar a todo progreso; sería mejor renunciar a toda
       esperanza de justicia y de grandeza en la humanidad si siquiera en
       el espacio de un siglo dejase de contar la familia humana entre sus
       miembros con algunos ilusos, utopistas y soñadores. Que recorran
       esas personas <emphasis>serias</emphasis> la lista de los hombres
       muertos que admiran. ¿Qué fueron si no soñadores? ¿Por qué se les
       admira, si no porque fueron ilusos? ¿Qué es lo que rodea de gloria,
       si no su carácter de utopista?
      </para>

      <para>
       De esa especie tan despreciada de seres humanos surgió Sócrates,
       despreciado por las personas <emphasis>serias y sensatas</emphasis>
       de su época y admirado por los mismos que entonces le habian abierto
       la boca para hacerle tragar ellos mismos la cicuta. ¿Cristo? Si
       hubieran vivido en aquella época los señores sensatos y serios de hoy,
       ellos habrian juzgado, sentenciado y aun clavado en el madero
       infamante al gran utopista, ante cuya imagen se persignan y humillan.
      </para>

      <para>
       No ha habido revolucionario, en el sentido social de la palabra; no ha
       habido reformador que no haya sido atacado por las clases dirigentes
       de su época como utopista, soñador e iluso.
      </para>

      <para>
       ¡Utopia, ilusión, sueños ... ! ¡cuánta poesía, cuánto progreso,
       cuánta belleza y, sin embargo, cuánto se os desprecia!
      </para>

      <para>
       En medio de la trivialidad ambiente, el utopista sueña con una
       humanidad más justa, sana, más bella, más sabia, más feliz, y mientras
       exterioriza sus sueños, la envidia palidece, el puñal busca su espalda;
       el esbirro espía, el carcelero coge las Ilaves y el tirano firma la
       sentencia de muerte. De ese modo la humanidad ha mutilado, en todos
       los tiempos, sus mejores miembros.
      </para>

      <para>
       ¡Adelante! El insulto, el presidio y la amenaza de muerte no pueden
       impedir que el utopista sueñe ...
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 12 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>En marcha</title>

      <para>
       Porfirio Díaz está atareadísimo. Este viejo perverso no puede
       conformarse con la idea de dejar el Poder, y, a los ochenta años de
       edad, hace derroche de actividad y de energía para no soltar, para
       no permitir que le arrebaten la presa que devora hace más de treinta
       años. No sacia su hambre de oro, no sacia su sed de sangre. El dolor
       humano no tiene ninguna significación para su conciencia encallecida.
       No le preocupa la suerte de quince millones de seres humanos; para él
       lo importante es conservar el poder en sus manos para robar, para
       matar, para alimentar su codicia y su ambición. Y el bandido se
       da prisa; la Revolución está en marcha y la granujeria que ocupa los
       puestos públicos, a imitación de su jefe, se da prisa también. Las
       uñas de los funcionarios arañan los fondos de los cofres sacando
       hasta el último centavo; los polizontes alargan los cuellos como
       buitres que buscan la presa; Limantour, en Europa, se arrodilla ante
       los banqueros pidiendo millones y más millones a gran prisa, antes
       que suene la hora; los jefes militares y sus oficialillos buscan
       ansiosamente al médico que ha de salvarlos de las balas
       revolucionarias por medio de un certificado falso de falta de salud;
       los gobernadores de los Estados acuden en tropel al Palacio Nacional
       a recibir la orden de matar en caliente a cuanto revolucionario, o
       sospechoso de serIo, caiga entre sus garras; los lacayos de la Cámara
       de Diputados votan precipitadamente un terrible aumento en el sueldo
       del tirano -ciento cincuenta pesos diarios- cuando hay millones
       de mexicanos que no comen carne en todo el año.
      </para>

      <para>
       Sí, daos prisa, ¡bandoleros!; repletad bien vuestros bolsillos,
       arrebatad hasta el último cobre que había podido ocupar a vuestra
       codicia, porque vuestros minutos están contados...
      </para>

      <para>
       Aunque se ocurre preguntar: ¿para qué tanto dinero? ¿Esperáis salir
       con vida del caos que con vuestro despotismo habéis preparado? Lo
       práctico sería que hicierais vuestro testamento a favor del pueblo,
       y ya es tiempo de hacerlo, urge hacerlo. Las águilas de Jiménez y
       Acayucan, Las Vacas y Viesca, Palomas y Valladolid son cóndores ahora.
       Martínez Carreón, Lugo, De la Peña, Albertos, Kantún y Ramírez Bonilla,
       claman venganza desde sus sepulcros. <emphasis>¡Venganza!</emphasis>,
       gritan los mártires de Veracruz; <emphasis>¡venganza!, responde
       Papantla; ¡venganza!, clama Juchitán; ¡venganza!, repite Monterrey;
       ¡venganza! ruge Cananea; ¡venganza!, grita Río Blanco; y Velardeña,
       Tehuitzingo, Tlaxcala, Pótam y Chan Santa Cruz claman ¡venganza,
       venganza, venganza!</emphasis>
      </para>

      <para>
       ¡Ojo por ojo, diente por diente! Las viudas, los huérfanos, los deudos
       de vuestras víctimas deberían ser los primeros en tirar la cuerda que
       os ha de quitar la vida cuando la justicia popular pronuncie su
       sentencia inapelable. ¡Guay de vosotros el día de la justicia! Os
       ahogaréis en la misma sangre que habéis derramado.
      </para>

      <para>
       Tembláis, ¡cobardes!, cuando se os habla de muerte. ¿No la habéis
       prodigado sin tasa? ¡Y qué diferencia!: a vosotros os ajusticiará el
       pueblo en medio de la Revolución, mientras vosotros habéis asesinado
       al pueblo a sangre fría, sin causa justificable, a no ser que
       consideréis legítimos vuestro dominio y vuestros crímenes.
      </para>

      <para>
       La Revolución se acerca; ¡arriba, arriba los valientes! Es preferible
       morir como dioses en plena lucha, a la luz del sol, en el campo de
       batalla, que como mendigos en los jergones de nuestras covachas.
      </para>

      <para>
       Porfirio Díaz ha descubierto un excelente medio para ganarse las
       simpatías de la Prensa norteamericana sin necesidad de subvenciones
       pagadas en monedas contantes y sonantes. Les regala
       <emphasis>tierritas</emphasis> a sus queridos primos, los escritores
       yanquis.
      </para>

      <para>
       En los diarios de esta ciudad se anuncia descaradamente la venta de
       las tierras que pertenecian a los yaquis y que ahora son propiedad
       de varias compañías norteamericanas. Para proteger los intereses de
       los extranjeros, Porfirio Díaz deporta a Yucatán a los levantiscos
       yaquis. ¡Hay que tener fe en la Justicia!
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 12 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>La revolución</title>

      <para>
       Está para caer el fruto bien maduro de la revuelta intestina; el
       fruto amargo para todos los engreídos con una situación que produce
       honores, riquezas, distinciones a los que fundan sus goces en el
       dolor y en la esclavitud de la humanidad; pero fruto dulce y amable
       para todos los que por cualquier motivo han sentido sobre su dignidad
       las pezuñas de las bestias que en una noche de treinta y cuatro años
       han robado, han violado, han matado, han engañado, han traicionado,
       ocultando sus crímenes bajo el manto de la ley, esquivando el castigo
       tras la investidura oficial.
      </para>

      <para>
       ¿Quiénes temen la Revolución? Los mismos que la han provocado; los que
       con su opresión o su explotación sobre las masas populares han hecho
       que la desesperación se apodere de las víctimas de sus infamias; los
       que con la injusticia y la rapiña han sublevado las conciencias y han
       hecho palidecer de indignación a los hombres honrados de la tierra.
      </para>

      <para>
       La Revolución va a estallar de un momento a otro. Los que por tantos
       años hemos estado atentos a todos los incidentes de la vida social y
       politica del pueblo mexicano, no podemos engañarnos. Los síntomas del
       formidable cataclismo no dejan lugar a la duda de que algo está por
       surgir y algo por derrumbarse, de que algo va a levantarse y algo está
       por caer. Por fin, después de treinta y cuatro años de vergüenza, va
       a levantar la cabeza el pueblo mexicano, y por fin, después de esa
       larga noche, va a quedar convertido en ruinas el negro edificio cuya
       pesadumbre nos ahogaba.
      </para>

      <para>
       Es oportuno ahora volver a decir lo que tanto hemos dicho: hay que
       hacer que este movimiento, causado por la desesperación, no sea el
       movimiento ciego del que hace un esfuerzo para librarse del peso de
       un enorme fardo, movimiento en que el instinto domina casi por
       completo a la razón. Debemos procurar los libertarios que este
       movimiento tome la orientación que señala la Ciencia. De no hacerlo
       así, la Revolución que se levanta no serviría más que para sustituir
       un Presidente por otro Presidente, o lo que es lo mismo un amo por
       otro amo. Debemos tener presente que lo que se necesita es que el
       pueblo tenga pan, tenga albergue, tenga tierra que cultivar; debemos
       tener presente que ningún Gobierno, por honrado que sea, puede decretar
       la abolición de la miseria. Es el pueblo mismo, son los hambrientos,
       son los desheredados los que tienen que abolir la miseria, tomando,
       en primer lugar, posesión de la tierra que, por derecho natural, no
       puede ser acaparada por unos cuantos, sino que es la propiedad de
       todo sér humano. No es posible predecir hasta dónde podrá llegar la
       obra reivindicadora de la próxima Revolución; pero si llevamos los
       luchadores de buena fe el propósito de avanzar lo más posible por ese
       camino; si al empuñar el wínchester vamos decididos, no al
       encumbramiento de otro amo; sino a la reivindicación de los derechos
       del proletariado; si llevamos al campo de la lucha armada el empeño
       de conquistar la libertad económica, que es la base de todas las
       libertades, que es la condición sin la cual no hay libertad ninguna;
       si llevamos ese propósito encauzaremos el próximo movimiento popular
       por un camino digno de esta época; pero si por el afán de triunfar
       fácilmente; si por querer abreviar la contienda quitamos de nuestras
       tendencias el radicalismo que las hace incompatibles con las
       tendencias de los partidos netamente burgueses y conservadores,
       entonces habremos hecho obra de bandidos y de asesinos, porque la
       sangre derramada no servirá más que para dar mayor fuerza a la
       burguesía, esto es, a la casta poseedora de la riqueza, que después
       del triunfo pondrá nuevamente la cadena al proletariado con cuya
       sangre, con cuyo sacrificio, con cuyo martirio ganó el poder.
      </para>

      <para>
       Preciso es, pues, proletarios; preciso es, pues, desheredados, que
       no os confundáis. Los partidos conservadores y burgueses os hablan
       de libertad, de justicia, de ley, de gobierno honrado, y os dicen que,
       cambiando el pueblo los hombres que están en el Poder por otros,
       tendréis libertad, tendréis justicia, tendréis ley, tendréis gobierno
       honrado. No os dejéis embaucar. Lo que necesitáis es que se os
       asegure el bienestar de vuestras familias y el pan de cada día; el
       bienestar de las familias no podrá dároslo ningún Gobierno. Sois
       vosotros los que tenéis que conquistar esas ventajas, tomando desde
       luego posesión de la tierra, que es la fuente primordial de la
       riqueza, y la tierra no os la podrá dar ningún Gobierno, ¡entendedlo
       bien!, porque la ley defiende el <emphasis>derecho</emphasis> de los
       detentadores de la riqueza; tenéis que tomarlo vosotros a despecho
       de la ley, a despecho del Gobierno, a despecho del pretendido derecho
       de propiedad; tendréis que tomarlo vosotros en nombre de la justicia
       natural, en nombre del derecho que todo ser humano tiene a vivir y
       a desarrollar su cuerpo y su inteligencia.
      </para>

      <para>
       Cuando vosotros estéis en posesión de la tierra, tendréis libertad,
       tendréis justicia, porque la libertad y la justicia no se decretan:
       son el resultado de la independencia económica, esto es, de la
       facultad que tiene un individuo de vivir sin depender de un amo,
       esto es, de aprovechar para sí y para los suyos el producto íntegro
       de su trabajo.
      </para>

      <para>
       Así, pues, tomad la tierra. La ley dice que no toméis, que es de
       propiedad particular: pero la ley que tal cosa dice fue escrita por
       los que os tienen en la esclavitud, y tan no responde a una necesidad
       general, que necesita el apoyo de la fuerza. Si la ley fuera el
       resultado del consentimiento de todos, no necesitaria el apoyo del
       polizonte, del carcelero, del juez, del verdugo, del soldado y del
       funcionario. La ley os fue impuesta, y contra las imposiciones
       arbitrarias, apoyadas por la fuerza, debemos los hombres dignos
       responder con nuestra rebeldía.
      </para>

      <para>
       Ahora: ¡a luchar! La Revolución, incontenible, avasalladora, no tarda
       en llegar. Si queréis ser libres de veras, agrupaos bajo las banderas
       libertarias del Partido Liberal; pero si queréis solamente daros el
       extraño placer de derramar sangre y derramar la vuestra
       <emphasis>jugando a los soldados</emphasis>, agrupaos bajo otras
       banderas, los antirreeleccionistas, por ejemplo, de que después de que
       <emphasis>juguéis a los soldados</emphasis> os pondrán nuevamente el
       yugo patronal y el yugo gubernamental; pero, eso sí, os habréis dado
       el gustazo de cambiar el viejo Presidente, que ya os chocaba, por
       otro flamante, acabadito de hacer.
      </para>

      <para>
       Compañeros, la cuestión es grave. Comprendo que estéis dispuestos
       a luchar; pero luchad con fruto para la clase pobre. Todas las
       revoluciones han aprovechado hasta hoy a las clases encumbradas,
       porque no habéis tenido idea clara de vuestros derechos y de vuestros
       intereses, que, como lo sabéis, son completamente opuestos a los
       derechos y a los intereses de las clases intelectuales y ricas. El
       interés de los ricos es que los pobres sean pobres eternamente, porque
       la pobreza de las masas es la garantia de sus riquezas. Si no hay
       hombres que tengan necesidad de trabajar a otro hombre, los ricos se
       verán obligados a hacer alguna cosa útil, a producir algo de utilidad
       general para poder vivir; ya no tendrán entonces esclavos a quienes
       explotar.
      </para>

      <para>
       No es posible predecir, repito, hasta dónde llegarán las
       reivindicaciones populares en la Revolución que se avecina; pero
       hay que procurar lo más que se pueda. Ya sería un gran paso hacer
       que la tierra fuera de propiedad de todos; y si no hubiera fuerza
       suficiente o suficiente conciencia entre los revolucionarios para
       obtener más ventaja que esa, ella sería la base de reivindicaciones
       próximas que por la sola fuerza de las circunstancias conquistaria
       el proletariado.
      </para>

      <para>
       ¡Adelante, compañeros! Pronto escucharéis los primeros disparos;
       pronto lanzarán el grito de rebeldía los oprimidos. Que no haya uno
       solo que deje de secundar el movimiento, lanzando con toda la fuerza
       de la convicción este grito supremo: ¡Tierra y libertad!
      </para>

      <para>
       (De Regeneración, 19 de noviembre de 1910).
      </para>

      <para>
       Nota: Como se ve por la fecha, este artículo fue escrito 24 horas
       antes de que estallara el movimiento armado convocado por el señor
       Francisco I. Madero.
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>Humildad</title>

      <para>
       He aqui una supuesta virtud. La recomiendan las religiones, la
       prescriben los moralistas, la decretan los Gobiernos, la propalan los
       ricos y los clérigos. Ser humilde es tener los pies adelantados en
       el cielo. Una persona humilde no da trabajos a los polizontes ni
       quebraderos de cabeza a los gobernantes; la humildad otorga la
       simpatía de las personas responsables; una persona humilde: una joya
       para los que tienen las uñas largas, la lengua más larga aún y el
       espíritu de superioridad bastante desarrollado.
      </para>

      <para>
       <emphasis>Humildad</emphasis>, vocifera el fraile desde el púlpito;
       <emphasis>humildad</emphasis>, grita el tirano desde su trono;
       <emphasis>humildad</emphasis>, aconseja el burgués a sus esclavos;
       <emphasis>humildad</emphasis> reclama el militar con voz aguardientosa;
       <emphasis>humildad</emphasis>, ordenan todos los que tienen interés en
       que la humanidad sea un rebaño dócil y productivo al mismo tiempo; pero
       nadie es menos humilde que los que predican la humildad. El fraile
       ventrudo, bien comido, bien vestido, bien alojado en residencias
       confortables y lujosas, predica la humildad, pero no la practica; la
       recomienda como una gran virtud, especie de llave de diamante con la
       cual puede uno abrir y colarse por la puerta del cielo; pero no ha de
       ser asi, cuando los clérigos no se preocnpan por ganarla. El tirano,
       orgulloso, dispendioso, brutal, hace que sus lacayos vigilen la
       humildad de sus súbditos. Y asi todos: el rico propala la humildad,
       pero su mujer deslumbra de lujo; y sus carruajes, sus caballos
       magníficos, sus joyas, sus palacios, son una ironía sangrienta,
       una burla escandalosa a la humildad que se aconseja; un sarcasmo
       sombrío, una carcajada infernal que azota, como una bofetada, el
       rostro de los pobres.
      </para>

      <para>
       No, la humildad no es una virtud: es un defecto que hace a los
       pueblos sumisos, sufridos. La humildad aconseja poner la otra mejilla
       cuando en una se ha recibido el ultraje. ¡Qué cómodo es éso para los
       que mandan!; ¡qué cómodo es éso para los que abusan!; ¡qué cómodo es
       éso para sujetar los puños dispuestos a devolver golpe por golpe!
      </para>

      <para>
       ¿Humildad? <emphasis>¡Rebeldía!</emphasis>, debemos responder;
       rebeldía contra el que oprime, contra el que embauca, contra el
       que explota.
      </para>

      <para>
       La humildad puede producir mártires, pero no formará héroes ni
       libertadores. Las lágrimas no ablandan las cadenas. Con actitudes
       compungidas, con la dulce mirada vagando por el infinito, con golpes
       de pecho y plegarias al cielo no se desploman fortalezas ni se
       aplastan tiranías. La barricada es la obra de voluntades púgiles.
       No se rechaza al enemigo santiguándose, sino batiéndose.
      </para>

      <para>
       <emphasis>Contra soberbia, humildad</emphasis>, suspira el fraile.
       Contra soberbia, ¡rebelión!, gritamos los hombres.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 19 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El reyismo</title>

      <para>
       La achatada cabeza del reyismo asomó hace pocos días para anunciar
       que el reyismo es <emphasis>el partido del porvenir</emphasis>.
      </para>

      <para>
       ¿Quién no se acuerda de Bernardo Reyes? Su personalidad trágica -¿qué 
       son veinte o veinticinco años para la vida de un pueblo?- pasó como
       un huracán sobre la República mexicana, derribando, aplanando,
       arrasando. Testigos de su obra inexorable son la cruz con que
       tropieza el viajero a la vuelta de un camino; la osamenta humana
       que blanquea en tal o cual recodo; la desesperación de las madres
       cuyos hijos, a quienes no volvieron a ver más, hace años que se
       pudrieron suspendidos de los árboles o semienterrados en cualquier
       parte; la miseria de las familias que recuerdan como una noche,
       mientras el hombre dormía llegó la acordada y se apoderó de él y 
       le dió muerte a poca distancia de la casa, sin que las lágrimas ni
       las súplicas ni los sollozos ablandasen el corazón de aquellos
       bandidos representantes de la ley y de la autoridad.
      </para>

      <para>
       Cien, mil, varios miles, muchos miles de hombres cayeron al golpe
       de la espada de Bernardo Reyes y de sus esbirros. Sinaloa, Sonora,
       San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas recuerdan la
       dominación reyista como se recuerda la pesadilla espantosa de que
       se fue víctima durante el sueño. Las autoridades de los pueblos
       tenían el encargo de dar cuenta a la superioridad de los nombres
       de los hombres más enérgicos, más valientes y más dignos. Las
       acordadas, por la noche, entraban sigilosamente a los poblados y
       sacaban de sus camas a esos hombres, los arrancaban de los brazos de
       las esposas, pateando a las doncellas y a los niños que, llorando,
       se abrazaban a las piernas de los sicarios, pidiendo clemencia,
       pidiendo perdón ... ¡la inocencia pidiendo perdón a esos chacales!
       Todo ruego era inútil. Los verdugos estaban pagados por el gobierno
       para hacer aquello y hacían pedazos a un ser humamo tranquilamente,
       sin coraje, sin estremecimientos de odio, con la tranquilidad con
       que un buen hombre corta en trocitos el trozo de carne que tiene
       en su plato. ¿Estaba presente la familia? No importaba: la ejecución
       se llevaba a efecto atropellando a seres débiles y doloridos,
       pisoteando por igual a las mujeres, a los ancianos y a los niños.
      </para>

      <para>
       Porfirio Díaz necesitó para el logro de sus ambiciones personales
       poner en práctica una política de castración nacional. En aquellos
       tiempos había hombres y era preciso acabar con ellos, porque
       constituían una amenaza constante contra la tranquilidad de cuantos
       querían entregarse a la tarea de llenar de oro ajeno sus bolsillos.
       Las autoridades necesitaban una población sumisa, apática, cobarde,
       indiferente, para poder robar a sus anchas y sólo podían conseguir
       esa población ideal quitando de en medio a los hombres más valientes,
       más dignos, más enérgicos y más inteligentes. De uno a otro confín
       de la República se persiguió a los hombres, se les asesinó sin
       formación de causa, sin formalidad alguna, como que a los
       legisladores se les había pasado consignar como delitos el valor, la
       dignidad, la energía y la inteligencia. Se practicó la matanza al
       por mayor, siendo Bernardo Reyes uno de los que más se distinguieron
       en esa obra de apaches, con lo que se ganó el aprecio particular del
       dictador, quien, una vez, en un brindis, sancionó los crímenes de su
       entonces lugarteniente con estas palabras que la historia debe recoger
       como una muestra de la falta de sentido moral que caracteriza al
       célebre llorón de Icamole: <emphasis>señor General Reyes, así se
       gobierna</emphasis>.
      </para>

      <para>
       Pues bien, los corifeos de este hombre en cuya conciencia debería
       pesar el débito de miles de seres humanos sacrificados sin razón
       alguna justificable, ahuecan hoy la voz y proclaman que el reyismo
       es el partido del porvenir, con lo que se ultrajan brutalmente los
       fueros de la humanidad y se echan puñados de lodo a las más puras
       concepciones de la justicia y del progreso.
      </para>

      <para>
       Los crímenes oficiales de Bernardo suman una lista enorme. Por
       espacio de varios lustros no hubo en los tres estados fronterizos
       de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas más que una voz, un amo, una
       voluntad. Bernardo Reyes pesó a su antojo, gobernó a su capricho
       sin más obligación que tributar respeto y adhesión a Porfirio Díaz;
       pero llegó un día en que envanecido de verse en puesto tan prominente
       -que al fin y al cabo hay gente que se envanece de ser verdugo- quiso
       llegar a presidente de la República, y, para hacerse de partidarios
       que a la vez fueran soldados suyos en un momento dado, instituyó lo
       que llamó <emphasis>segunda reserva del ejército</emphasis>.
       Descubierto su juego por el Dictador, fue observado de cerca y poco
       a poco fue perdiendo su poder hasta que se decidió a empujar a sus
       secuases a que fundasen el <emphasis>Partido Nacionalista
       Democrático</emphasis> que tenía la misión aparente de luchar en los
       comicios, no contra Díaz, sino contra el insignificante Ramón Corral,
       pero que en realidad preparaba una asonada militar contra Díaz.
       Descubierta la conjuración, Reyes, temblando de miedo, lanzó no se
       sabe cuántos manifiestos a la nación, documentos que son verdaderos
       modelos de bajeza y corrupción moral, después de haber hecho la
       farsa de treparse en son de guerra a las montañas de Galeana,
       Nuevo León, y cuando la masa entera de los inconscientes, de los
       fatilistas y de los imbéciles, olvidando los crímenes del magnate
       rebelde, hacían votos por el encumbramiento de este a la Presidencia
       de la República.
      </para>

      <para>
       A esto, al entusiasmo que produjo entre las masas el envalentonamiento
       fugaz de su verdugo, de su amo brutal, quiero referirme especialmente.
       El pueblo, la familia mexicana entera, corrió en un segundo de su
       existencia el grave peligro de sustituir la brutal y vergonzosa
       tiranía de Porfirio Díaz, por otra tiranía más brutal aún, todavía
       más vergonzosa, mil veces más odiosa: la del General Bernardo Reyes.
       Si este hombre no fuera un cobarde, si este hombre no estuviera 
       atacado hasta la médula de ese veneno que se inyecta a los soldados
       y que se llama disciplina militar, habría levantado a toda la nación
       contra el farsante de Chapultepec y habría aplastado a esa parvada de
       aves de rapiña que el pueblo llama los <emphasis>científicos</emphasis>
       y en estos momentos la vasta extención del territorio mexicano sería
       un inmenso rastro de seres humanos, y Reyes, el carnicero en jefe.
      </para>

      <para>
       Bernardo Reyes, después de pedir perdón por su momentánea rebeldía,
       fue mandado a Europa a vivir por algún tiempo, y por lo visto, no ha
       estado quieto ni ha renunciado a la pretención de llegar a ser
       Presidente de la República Mexicana, cosa que se ve bien clara en
       el hecho de declarar sus secuaces que el <emphasis>Partido
       Nacionalista Democrático</emphasis> es el <emphasis>Partido del
       porvenir</emphasis>.
      </para>

      <para>
       Veis, proletarios, que el reyismo no ha muerto; no es un fantasma de
       algo que ha dejado de existir, sino la amenaza real de una verdadera
       calamidad nacional contra la cual debemos agrupamos y luchar juntos.
      </para>

      <para>
       Estamos en vísperas de grandes acontecimientos de los cuales
       resultarán bienestar o miseria, libertad o cadena, según la actitud
       del pueblo y según las tendencias del mismo durante el movimiento de
       insurrección.
      </para>

      <para>
       Si el pueblo adopta francamente los principios del <emphasis>Partido
       Liberal</emphasis>, la sangre que se derrame servirá para encauzar la
       marcha de la raza mexicana hacia la libertad y el bienestar; pero si se
       deslumbra el pueblo por el brillo de los millones de pesos que hay en
       los otros partidos, la cadena, la miseria y la vergüenza continuarán
       siendo el premio de su falta de discernimiento y de su carencia de
       energía para conquistar por su propio esfuerzo el porvenir.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 19 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>
 
  <chapter>
     <title>Otro partido del porvenir</title>

      <para>
       Vemos en <emphasis>El Constitucional</emphasis> que también el
       Partido Antireeleccionista es un partido del porvenir. ¿Por qué
       razón? La razón es lo menos que se necesita para fundar una sinrazón,
       y por eso, porque no hay razón para decir que el Partido
       Antireeleccionista es el partido del porvenir, el autor de tal
       afirmación llena con vaciedades dos largas columnas del órgano del
       Centro Antirreeleccionista de México, en medio de las cuales
       encontramos este parrafejo que se antoja una nuez vana en un montón
       de paja: <emphasis>El Antirreeleccionismo será el encargado de 
       conservar las aspiraciones nacionales; a él corresponde trabajar
       por una reforma de ley electoral y conseguir que se transforme ese
       aparato de prestidigitación en garantía de los derechos
       populares.</emphasis>
      </para>

      <para>
       Alguna vez dijimos que el Partido Antirreeleccionista es el
       <emphasis>Partido Conservador</emphasis>, y al decir esto nos
       apoyamos en los principios que informan el
       <emphasis>Programa</emphasis> de dicho partido y en las declaraciones
       del candidato Madero a favor del clero. Lo que dijimos está confirmado
       una vez más en la frase: <emphasis>el antirreeleccionismo será el
       encargado de conservar las aspiraciones nacionales</emphasis>.
       Conservación es la antítesis de innovación; conservación es el ideal
       de todos los que no quieren dar un paso adelante, de los enamorados
       del pasado, de los que tienen horror al progreso.
      </para>

      <para>
       Conservar las aspiraciones nacionales, es detener el avance de esas
       aspiraciones, no dejarlas evolucionar. ¿Y es ese el partido del
       porvenir? Ridícula pretención es esa cuando la característica de los
       pueblos modernos es el ansia de avanzar, de transformar el medio
       político y social actual por otro que se acomode mejor con el modo
       de pensar de la época.
      </para>

      <para>
       Pero ¿qué decir de la misión principalísima del Partido
       Antirreeleccionista, <emphasis>trabajar por una reforma de la
       Ley Electoral y conseguir que se trasforme ese aparato de
       prestidigitación en garantía de los derechos populares</emphasis>?
       ¿Un fin mezquino, una aspiración tan vil podrá englobar las múltiples,
       complejas y robustas aspiraciones de un pueblo, aspiraciones que nacen
       de sus necesidades?
      </para>

      <para>
       Por más que se reforme la Ley Electoral, siempre tendrá alguna
       rendija por donde se deslice el fraude, siempre tendrá un lado débil
       por donde abra brecha la arbitrariedad. Ninguna ley es invulnerable.
      </para>

      <para>
       Pero aún suponiendo que se tratase de una ley ideal, ¿el hecho de
       votar dará pan y libertad e instrucción al que lo haga? En los países
       más libres donde hay menos opresión y el pueblo puede votar, ¿se ha
       acabado la miseria?
      </para>

      <para>
       Desgraciado del pueblo que ponga toda su esperanza en la Ley Electoral.
       Bienes materiales y morales son los que necesita el pueblo. Pan,
       justicia, educación, progreso, eso es lo que se necesita y es lo que
       no podrá dar nunca la Ley Electoral por más remiendos que se le
       apliquen. La toma de posesión de la tierra por el pueblo, la
       organización y educación de las clases productoras y la
       dignificación y ennoblecimiento del trabajo es lo que necesitan
       los pueblos.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 19 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El espíritu de las masas</title>

      <para>
       El niño corriendo detrás de la pintada mariposa; el salvaje
       embadurnándose el rostro y prefiriendo telas y utensilios de colores
       fuertes; la mariposilla voltijeando cerca de la llama hasta que perece
       en ella; el elefante alargando la trompa hacia el Oriente a la salida
       del sol; el hombre primitivo rindiendo culto al sol y a las estrellas;
       las masas populares hincando la rodilla al paso del brillante séquito
       gubernamental o religioso: el niño, el salvaje, la mariposilla, el
       elefante, el hombre primitivo, las masas populares obedecen, en este
       caso, al mismo impulso producido por la influencia que los colores
       fuertes, los relumbrones, el brillo de los metales ejercen en las
       almas sencillas. Para estas almas, un dios debe ser algo luminoso,
       brillante como el sol, como las estrellas, como la luna, como el
       espejo límpido de un lago, como el fuego que devora a la encina
       fulminada por el rayo, y, generalizando, todo lo que brilla debe
       ser grande, debe ser mejor que lo que no deslumbra. Los pueblos
       primitivos creyeron que los reyes eran hijos del Sol; después
       creyeron que eran hijos de Dios; ahora que las ideas religiosas van
       perdiendo terreno en el cerebro de las masas, los gobernantes -sean
       presidentes o reyes- deben ser personalidades brillantes, rodeadas
       de lujo, viviendo en la opulencia. Un pretendiente al trono o a la
       presidencia, y hasta un simple líder, deben ser igualmente brillantes,
       no de cerebro, sino exteriormente, porque es bien sabido que
       solamente las medianias, las insignificancias intelectuales pueden
       ser líderes. El líder tiene que marchar con la masa si no quiere
       renunciar a la gloria de ser conductor de rebaños. El pensador, el
       filósofo, el revolucionario libertario no pueden ser líderes, porque
       van adelante de la masa; piensan más alto que la masa, sus demandas
       son más grandes que las mediocres e incoloras aspiraciones de la masa.
       El líder no es un avanzado: tiene que ser un conservador para que la
       masa pueda entenderlo y pueda aceptarlo como jefe; pues es bien
       conocido, por todos los que han estudiado a las masas, que éstas son
       conservadoras, que no aceptan las ideas de los innovadores sino hasta
       que se han hecho viejas las ideas, esto es, cuando ya hay otras
       nuevas, y así sucesivamente. El líder, pues, tiene que pensar como
       las masas. Si por casualidad tiene impulsos generosos, alientos de
       innovador, tendrá que comprimirlos para que el monstruo no le dé la
       espalda. Así, pues, el líder tiene que ser un perfecto cómico; tiene
       que fingir creer y desear lo que la vulgaridad desea y cree. Así, al
       precio del rebajamiento de su dignidad, magullando sus impulsos más
       sinceros, estrangulando sus aspiraciones más puras, es como pueden
       ciertos hombres darse el gustazo de ser líderes, sin contar con las
       bajas intrigas que tienen que poner en juego para ganar la nada 
       envidiable posición de conductores de rebaños, conductores de nombre,
       porque en realidad el líder es el arrastrado por las masas a cuyas
       ideas tiene que amoldar las suyas.
      </para>

      <para>
       Pero el líder tiene que ser brillante, no de cerebro, que es lo
       menos que se necesita para ser líder. Tiene que brillar por su
       riqueza o por su garrulería, esto es, por su elocuencia, o lo que
       vulgarmente se cree que es la elocuencia. Para que el líder pueda
       ser admirado por la masa, necesita ser rico, o, cuando menos,
       charlatán; pero en todo caso tiene que ser una mediania intelectual.
       La masa no quiere audaces del pensamiento; no quiere innovadores,
       no quiere verse violentada. Brillo es lo que necesita, porque su
       espíritu es infantil y sencillo como el del niño, como el del
       elefante, como el del salvaje, como el de la mariposilla, como el
       del hombre primitivo. Todo lo que brilla debe ser grande y debe
       tener poder. Bernardo Reyes, el sombrio carnicero, sedujo en un
       minuto a las multitudes porque es General, y al mismo tiempo sus
       aspiraciones son raquiticas. Francisco I. Madero solivianta a las
       multitudes porque es millonario, y su intelecto no alcanza a volar
       más alto de lo que puede hacerlo una ave de corral.
      </para>

      <para>
       Fuera del payaso, el oropel del charlatán, las charreteras del
       General, los millones del capitalista, el prestigio que para ciertas
       gentes prestan la alta posición política o social en el mundo de la
       industria, del comercio y de la iglesia.
      </para>

      <para>
       Todo líder, en todo tiempo y en todo lugar, dice que encarna las
       aspiraciones y la voluntad de la masa, y es, en efecto, la encarnación
       de la vulgaridad y la mediocridad de la masa.
      </para>

      <para>
       El líder es el espíritu de las masas.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 26 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>La revolución madereista</title>

      <para>
       En otro lugar de este número damos una reseña del movimiento
       maderista en México. Parece que con el arresto de muchas personas
       complicadas o sospechosas de estar complicadas en el movimiento de
       Madero, éste ha fracasado. Sin embargo, bueno es que los liberales
       estemos pendientes de los acontecimientos para que, si vuelve el
       maderismo a perturbar el orden, nos aprovechemos de las circunstancias
       especiales en que esos movimientos ponen al país, para entrar a la
       lucha por los principios del Partido Liberal.
      </para>

      <para>
       Esto no quiere decir que la actividad revolucionaria del Partido
       Liberal dependa de la lucha maderista, La Junta Organizadora del
       Partido Liberal trabaja con ahinco en la preparación de un formidable
       movimiento contra el despotismo y la explotación capitalista. Haciendo
       estos trabajos preparatorios la sorprendio el movimiento maderista.
       El Partido Liberal no estaba listo para la campaña y solamente
       recomendamos que todos aquellos que estuvieran listos, tomasen parte
       en el movimiento de insurrección, no como maderistas sino como
       liberales; no para elevar a Madero ni a ningún otro a la Presidencia
       de la República, sino para variar el curso del movimiento que se
       estaba haciendo con el exclusivo objeto de elevar a la Presidencia
       a Francisco I. Madero, en otro sentido, en el de las reivindicaciones
       populares.
      </para>

      <para>
       Desgraciadamente abortó el movimiento maderista. Digo
       desgraciadamente, porque de haberse sostenido la lucha por unas
       semanas, el Partido Liberal habría podido organizar rápidamente
       sus fuerzas y presentarse en el campo de la acción con el objeto
       de luchar por la supremacía de sus principios salvadores. Es, pues,
       de lamentarse que no haya sido de duración la agitación del maderismo.
      </para>

      <para>
       Pero no hay que desmayar, compañeros. Alistémonos lo más aprisa que
       podamos. Estemos siempre listos, para aprovechar cualquiera otra buena
       circunstancia, y, si tenemos tiempo para completar nuestra organización
       revolucionaria, será todavía mejor.
      </para>

      <para>
       Vencido el maderismo, no por eso hay que creer que está muerto.
       El maderismo, indudablemente, va a reorganizar sus fuerzas, va a
       prepararse mejor para la lucha armada contando con la experiencia
       que adquirió esta vez. El maderismo, tal vez, declarará públicamente
       que desiste de su propósito de hacer un movimiento de insurrección;
       pero eso lo dirá como una medida política. ¿No estuvo repitiendo
       Madero hasta el fastidio que no quería derramar la sangre del pueblo
       y que su partido era pacifista?
      </para>

      <para>
       En vista de esto, compañeros, bueno es que estemos preparados.
       Un segundo movimiento insurreccional del maderismo no es imposible
       y sería lastimoso que entonces, como esta vez, nos cogiese de sorpresa,
       sin preparación y sin dinero. Dada la situación actual del país, de
       un momento a otro puede ocurrir un movimiento.
      </para>

      <para>
       Vuelvo a repetir que esto no quiere decir que la actividad
       revolucionaria del Partido Liberal dependa de la lucha maderista.
       El Partido Liberal, por sí solo, sin contar con millones de pesos a
       su disposición para armar ejércitos, sin contar con la influencia
       del clero y de las clases encumbradas de la sociedad sino más bien
       su odio; el Partido Liberal, por si solo, ha podido efectuar
       movimientos insurreccionales y será capaz en un porvenir nada
       remoto, de remover el país entero, de trastornar el orden en toda
       la nación, de poner en práctica sus principios por medio de la
       fuerza y de imponer definitivamente la supremacía de los pobres
       sobre la holgazana burguesía.
      </para>

      <para>
       El Partido Liberal se reorganiza, y, cuando sea oportuno se levantará
       en armas, no para que México tenga un nuevo amo sino para que la
       tierra sea propiedad de todos, el trabajo no sea una tarea de esclavos
       o de presidiarios y la niñez del proletariado se instruya. El Partido
       Liberal trabaja por el bienestar de las clases pobres de la sociedad
       mexicana; no impone candidatura ninguna porque esa es cuestión que
       tiene que arreglar el pueblo. ¿Quiere éste amos? Que los nombre.
      </para>

      <para>
       Lo que el Partido Liberal quiere es que todo hombre y toda mujer
       sepan que nadie tiene derecho a explotar a otro; que todos, por el
       solo hecho de venir a la vida, tenemos derecho a tomar lo que
       necesitamos para la vida, siempre que contribuyamos a la producción;
       que nadie puede apropiarse la tierra por ser esta un bien natural que
       todos tienen derecho a aprovechar.
      </para>

      <para>
       Ya veis, compañeros, que el Partido Liberal trabaja, trabaja con
       empeño y sus miembros están dispuestos a cualquier sacrificio como
       lo han demostrado en muchas ocasiones. No hay, pues, que desmayar.
      </para>

      <para>
       La derrota de Madero engrandecerá al Partido Liberal, porque los
       que creyeron que iba a triunfar el maderismo sólo porque era un
       partido de ricos, volverán sobre sus pasos, meditarán serenamente y
       llegarán a la conclusión de que no se hace una revolución con
       millones de pesos sino con millones de hombres conscientes. Además,
       habrá ahora oprtunidad de hacer comprender a las personas que de
       buena fe se unieron al maderismo, que el único Partido de principios
       es el Liberal y que éste nada tiene de común con el maderismo o con
       cualquier otro partido burgués.
      </para>

      <para>
       Sigamos avanzando. Organicémonos los liberales; unamos nuestras
       fuerzas; contribuyan todos con lo que puedan para los trabajos de la
       Junta que son de gran trascendencia. La Junta necesita fondos para
       pagar los gastos de sus Delegados en México. Delegados que recorren
       el país poniendo de acuerdo a los compañeros para el movimiento de
       insurrección del Partido Liberal. Esos trabajos de organización han
       sido efectuados hasta aquí con grandes sacrificios, debiéndose el
       trabajo ya efectuado más a la abnegación de los compañeros
       organizadores que a la de los elementos pecuniarios con que se ha
       contado para esos trabajos.
      </para>

      <para>
       Calculen los compañeros cuánto mejor sería que todos contribuyesen
       para los gastos de la Junta, con cuanta facilidad y rapidez avanzarían
       los trabajos secretos del Partido.
      </para>

      <para>
       No desmayar, pues. Adelante.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 26 de noviembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>La farsa del día 1o. en México</title>

      <para>
        Los telegramas anuncian que la farsa de toma de posesión del puesto
        de Presidente para otros seis años, se llevará a cabo del modo más
        quieto y reservado posible en la ciudad de México el día 1o. de
        este mes.
      </para>

      <para>
       Porfirio Díaz se abstuvo esta vez de hacer alarde de popularidad.
       No quiso hacer ostentación alguna de su prestigio. Quietamente,
       selladamente, como si se celebrase un entierro, así se llevo a cabo
       la ceremonia en el patio de la Escuela de Minería, que es donde
       celebra sus sesiones aquel hato de marranos que se llaman diputados.
      </para>

      <para>
       No hubo formaciones de soldaditos ni de monigotes pagados con una
       peseta para que sirvan de comparsa en las ceremonias y fiestas del
       despotismo. Ahora el dictador se abstuvo de provocar la general
       indignación con su cinismo y prefirió hacerlo todo en secreto, puede
       decirse.
      </para>

      <para>
       Corral, el vicepresidente, rindió también su protesta para el nuevo
       periodo. El pobre diablo estaba enfermo a consecuencia de la vida
       desordenada que lleva y tal vez, también, de miedo.
      </para>

      <para>
       ¿Creerán esos pobres instrumentos de la plutocracia que van a
       terminar en paz el nuevo periodo? Ante ellos se yergue altiva la
       Sierra de Chihuahua convertida en baluarte contra la dictadura; en
       aquellas montañas se guarda con cariño el fuego sagrado de la rebelión
       que, andando el tiempo, contagiará al país entero, porque ese hermoso
       ejemplo de rebeldía, hará al fin comprender al pueblo que las
       imposiciones forzosas deben ser rechazadas por medio de la fuerza.
       El Partido Liberal se reorganiza rápidamente y bien pronto presentará
       batalla al despotismo, y así, con actos frecuentes de rebeldía, irá
       el pueblo perdiendo ese temor vergonzoso que lo hace cruzarse de
       brazos ante las mujeres que en medio del peligro le ofrecen fusiles.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 3 de diciembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El espíritu de rebeldía</title>

      <para>
       Ilusos nos llamaron; soñadores de imposibles, nos dijeron. Ilusos,
       soñadores utopistas, todo esto nos llamaban los que confiaron en la
       fuerza del dinero para hacer una revolución. Y la masa inconsciente,
       la masa deslumbrada por el equívoco prestigio del oro, nos volvió
       la espalda. Madero ganará, decían los adoradores del becerro de oro;
       Madero va a triunfar, clamaban los esclavos que, a pesar del yugo del
       dinero y del poder continúan arrodillados ante el fantasma de las
       tradiciones.
      </para>

      <para>
       ¿Quiénes fueron los ilusos? ¿Quienes fueron los utopistas? Ellos lo
       fueron, los maderistas que creyeron conquistar en un abrir y cerrar
       de ojos la silla presidencial para su flamante amo. Creyeron esos
       ilusos que con comprar miles de fusiles y llamar al pueblo a que los
       tomase para sentar a Madero en la Presidencia de la República, bastaba
       para tener asegurado el triunfo. Torpe ilusión. Se necesita algo más
       que fusiles para que un pueblo se levante. Se necesita que el
       espíritu de rebeldía haya prendido bien en los cerebros de los
       oprimidos, y para que ese espíritu de rebeldía se manifieste, es
       preciso que una propaganda eficaz la cultive.
      </para>

      <para>
       Pero los maderistas, en vez de cultivar el espíritu de rebeldía,
       propagaron, tanto como el miedo se los aconsejo, el pacifismo. Todos
       sus periódicos aconsejaban al pueblo la sumisión y el respeto a la
       autoridad; pregonaban, con irritante insistencia, el deber de
       conservar el orden; decían que era antipatriótico instigar al
       pueblo a la revuelta; al primer síntoma de materialización del
       descontento popular, el maderismo dirigía la temblorosa mano hacia
       el norte: <emphasis>nos invadirán, nos conquistarán</emphasis>
       -gemían- <emphasis>si nos rebelamos; no hay que emplear la fuerza,
       decía el maderismo, todo se obtendrá por medio de la boleta
       electoral</emphasis>.
      </para>

      <para>
       Esta propaganda pacifista ha dado su fruto. Tanto se habló de los
       <emphasis>horrores</emphasis> de la guerra entre hermanos, de
       invasiones de bárbaros, de desquiciamiento nacional, de vuelta a la
       barbarie, que la gente se acobardó.
      </para>

      <para>
       Madero no debe su derrota a la fuerza del despotismo sino al miedo de
       las masas esclavas. La revuelta de Madero no fue vencida hace unos
       cuantos días, sino desde el primer día que sus periódicos predicaron
       el pacifismo. La fosa del maderismo fue abierta por el primer
       maderista que condenó la rebelión y predicó las excelencias del voto.
      </para>

      <para>
       ¿Pruebas? Ahí está Puebla. Todos saben ya la resistencia heróica que
       un grupo de mujeres de la familia Serdán llevó a cabo en su casa
       sitiada por una multitud de polizontes y esclavos de uniforme, o sean
       soldados. Las mujeres se batieron como no lo hacen muchos hombres.
      </para>

      <para>
       Sostuvieron una lucha de horas en la que se cambiaron más de diez
       mil tiros por una y otra parte. En lo más terrible de la lucha, cuando
       las mujeres casi ni defendían su cuerpo con los antepechos de las
       ventanas y de las azoteas de la casa en que estaban, cuando aquellas
       magníficas luchadoras, con el rifle tendido sembraban la muerte entre
       las filas odiosas de los defensores de la tiranía, una de las
       heroínas, hermosa como una estatua de guerra, gritó a la muchedumbre
       que presenciaba aquella gloriosa epopeya con la indiferencia con que
       se contempla una fastidiosa exhibición cinematográfica:
       <emphasis>ciudadanos, aquí hay armas tomadlas para conquistar vuestra
       libertad como lo hacemos nosotras; venid en defensa de vuestras
       hermanas; el honor dice que debéis estar aquí batiéndoos</emphasis>.
      </para>

      <para>
       No hubo uno solo de entre aquella miserable muchedumbre que volara
       a tomar un fusil; aquellos castrados se encogieron de hombros, y
       horas después, vieron, con la misma indiferencia, a la soldadesca y
       a los polizontes vencer al fin y aplastar y deshonrar y pisotear a
       aquellas heroinas dignas de que el escultor las perpetue en el
       mármol y el poeta haga vibrar las cuerdas heróicas de su lira.
      </para>

      <para>
       Y no hay que olvidar que el rebaño poblano fue el que en mayor número
       figuró en aquellas manifestaciones populares en honor a Madero, cuando
       éste recorría el país recomendándose para la Presidencia de la
       República. Esto quiere decir que esas multitudes de afeminados y de
       eunucos creían, porque así se les dijo miles de veces y en todos los
       tonos, desde el lacrimoso hasta el solemne y enérgico, que no es
       necesario recurrir a la violencia para conquistar libertades, sino
       que basta con la fuerza de la boleta electoral para transformar las
       condiciones de un país. El hombre está siempre dispuesto a optar por 
       lo más fácil, por lo que menos riesgos trae consigo. La multitud se
       siente desgraciada y tiene el deseo de cambiar de situación; pero ha
       sido educada para la sumisión y la obediencia; la tradición, la ley,
       el juez, el polizonte, todo, todo le ordena que debe ser obediente,
       que debe someterse a las disposiciones de los amos o de los tiranos,
       y si a esto se agrega la propaganda afeminada de los pacifistas,
       fácil es deducir que una multitud así sólo puede servir para recorrer
       las calles de una ciudad aclamando a un candidato; pero correrá a
       esconderse y abandonará a su ídolo cuando se le llame a tomar el
       fusil aun cuando sean las mujeres las que pongan el ejemplo de la
       hombría y del heroismo.
      </para>

      <para>
       Las mismas causas que tuvieron a las multitudes poblanas cruzadas
       de brazos mientras que un puñado de mujeres se batía con las
       tropas del despotismo, obraron para que el pueblo todo de la
       República se cruzase de brazos ante la lucha que los maderistas
       sostuvieron por unos cuantos días. El espíritu de rebeldía que
       había logrado difundir el Partido Liberal por medio de su propaganda,
       había sido ahogado por la propaganda pacifista del maderismo con sus
       periódicos.
      </para>

      <para>
       Predicar la irreverencia no es cosa vana; predicar la irrespetuosidad
       no es inútil. Salgamos al frente a los arduos problemas actuales que
       piden una solución pronta y práctica, solución que, es necesario estar
       convencidos de ello, no pueden darle las boletas electorales sino los
       fusiles, y esos fusiles deben ser manejados por hombres convencidos
       de que la rebeldía es fecunda en bienes; pero no una rebeldía ciega
       y sin orientación, sino una rebeldía consciente que sabe a dónde va,
       que prevee la finalidad del esfuerzo, que sabe que, si derriba, está
       en la obligación de edificar, que, si destruye, debe construir.
      </para>

      <para>
       El maderismo es incapaz de formar rebeldes en el sentido social de la
       palabra. Que adopten los maderistas los principios reivindicadores del
       Partido Liberal y entonces contarán en sus filas con rebeldes. Por
       personalismos no dan ganas de batirse. No es grato ir a arriesgar la
       vida para que un hombre pueda gozar de las ventajas que da el poder.
       Que vayan a batirse el candidato y los que tengan arreglado con él el
       reparto de los puestos públicos; pero el pueblo nada tiene que ganar
       con eso. Los oprimidos continuarán siendo oprimidos, cierto que ya no
       por Díaz sino por Madero; pero de todos modos la opresión será igual
       y tal vez peor.
      </para>

      <para>
       Los hombres, ahora, quieren batirse por bienes materiales. Poco
       importan ya a los que sufren las palabras bombísticas: libertad,
       justicia, derecho. Lo que necesita el pueblo es pan, que la libertad
       vendrá por sí sola cuando se conquiste el derecho a vivir. La libertad,
       la justicia, el derecho nada significan para el pobre, ni
       significarán nada mientras, para comer él y su familia, necesiten
       depender de un amo. Cuando la tierra sea del pobre entonces será libre,
       porque dejará de ser pobre.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 3 de diciembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El partido liberal y la revolución de Madero</title>

      <para>
       Como ven los compañeros, la revuelta de Madero ha quedado confinada
       a la Sierra de Chihuahua. Al principio revistió caracteres de
       importancia el movimiento insurreccional maderista. El territorio
       en donde se desarrollaron los primeros acontecimientos era bastante
       extenso y numerosos los grupos revolucionarios; pero por cualquier
       motivo, o, mejor, por muchos motivos, la insurrección no tuvo eco en
       la gran masa de la población mexicana, y el despotismo pudo desbaratar
       fácilmente los pequeños grupos insurgentes y reducir el movimiento a
       la parte de la Sierra de Chihuahua que en estos momentos está en
       poder de los revolucionarios.
      </para>

      <para>
       El Partido Liberal no está listo para entrar en campaña; pero si el
       movimiento hubiera durado una, tres o cuatro semanas más, los liberales
       habríamos tomado parte en la lucha, no como maderistas, ni para elevar
       a Francisco I. Madero a la Presidencia de la República, sino como
       libertarios que aprovechan los trastornos públicos durante los cuales
       el principio de autoridad se debilita para propagar por medio de la
       acción sus principios reivindicadores. La Junta iba a trasladarse a
       territorio mexicano para encauzar el movimiento revolucionario por la
       senda de las reivindicaciones del proletariado, se hicieron los
       preparativos para la marcha, creyendo que esa sería la insurrección
       maderista, y, casi ya en el camino, se supo que el movimiento había
       fracasado en su cuna.
      </para>

      <para>
       Esa lección, compañeros, es provechosa. Hay que estar listos para
       la primera oportunidad. De hoy en adelante, en cualquier tiempo,
       pueden surgir complicaciones en México. Porfirio Díaz ha perdido su
       prestigio; el espíritu de rebeldía se fortifica, se robustece con
       sacudimientos como el que acabamos de presenciar. Si todo el dinero
       que gastó Madero en su campaña pacifista, lo hubiera dedicado a
       relajar en el cerebro de las masas el respeto a la autoridad, al
       capital y al clero, su poderosa, -por lo extensa-, organización
       revolucionaria habría bastado para levantar en un momento dado a la
       nación entera en guerra abierta contra sus tres verdugos:
       autoritarismo, capital, clero.
      </para>

      <para>
       Es de esperarse que Madero haya adquirido alguna experiencia. Si es
       un luchador de buena fe; que se despoje de toda ambición personal, que
       deje de llamarse a sí mismo <emphasis>Presidente Provisional</emphasis>
       de la República Mexicana, que no otorgue nombramientos de
       gobernadores, que no reparta las carteras de Ministerios ilusorios,
       que trabaje como un verdadero revolucionario moderno y no como un
       caudillo de aquellas revueltas que por tantos años gastaron la energía
       del pueblo mexicano hasta quedar degradado sin fuerzas y sin voluntad
       a los pies de Porfirio Díaz.
      </para>

      <para>
       La raza mexicana tiene que resolver problemas importantes de carácter
       político y social, y esos problemas son de tal naturaleza que de no
       resolverse o de no ponerse los medios para resolverse, quedará la
       nación mexicana rezagada no se sabe hasta cuando en la marcha
       ascendente de las sociedades humanas. El universal problema del
       pan necesita en México solución pronta. La raza mexicana se envilece
       cada día más por la falta de bienestar y de educación. El bienestar
       es cosa que no puede decretar ningún gobierno; el bienestar es un
       bien que debe conquistar el pueblo tomando posesión de la tierra
       como primera medida para tenerlo garantizado.
      </para>

      <para>
       Despójese Madero de sus prejuicios de clase, y verá con claridad qué
       es lo que necesita el pueblo mexicano. Piense como proletario siquiera
       por un momento, sienta como proletario durante algunos minutos.
       Imagínese pobre, con familia, obligado a trabajar por lo que el patrón
       quiera pagarle. Piense en lo que sufriría si no tuviese trabajo y en
       su casa no hubiera un pedazo de pan. Calcule su tristeza si sus
       pequeños hijos tuvieran que alquilar sus bracitos para que hubiera
       en casa otro pedazo de pan para medio pagar el hambre. Imagínese su
       casa sin alfombras, ni tapices, ni piano, ni cuadros bellos, ni flores,
       ni lujosos muebles. Imagínese la sórdida covacha del proletario y
       piense ser proletario él mismo; tener que dormir en el pestilente
       camastro, cuando no en el suelo; tener que comer un manjar de perros,
       cuando no hay que ayunar, y, diga con franqueza, si al comparar su
       miseria con la opulencia de su patrón no sentiría que se encabrita
       dentro de su pecho una ansia avasalladora de justicia social. ¿No
       apretaría los puños de rabia si su hija se prostituyese por la
       miseria? Y cuando sin trabajo, sin amigos, sin nadie con quien contar
       en el mundo, su madre, desfallecida por el hambre y la enfermedad le
       pidiese un pedazo de pan, ¿no pensaría que esta sociedad no está bien
       arreglada y que las leyes no garantizan la vida de los seres humanos
       sino que, mejor, apoyan la explotación de los débiles por los fuertes?
     </para>

     <para>
      Piense Madero en que las clases altas son las menos numerosas, y son
      las que gozan de de bienestar y de libertades, mientras las clases
      pobres son las más numerosas y no gozan de ninguna libertad ni de
      bienestar alguno, y, decida a favor de qué clase es preferible luchar,
      si por aquella que está formada por un puñado de satisfechos y de
      holgazanes o por la clase pobre que se compone de millones, que es la
      casi totalidad de la nación mexicana.
     </para>

     <para>
      Medite Madero sobre si es justo que unos cuantos sean dueños de la
      tierra, la tierra que por ley natural es de todos, mejor dicho, debe
      ser de todos. Nadie tiene derecho a apropiarse la tierra mientras haya
      seres humanos que por el sólo hecho de vivir tienen también derecho
      sobre ella.
     </para>

     <para>
      Piense Madero sobre el atentado a la probidad y a la moral que comete
      todo capitalista, que aprovechándose de las facilidades para robar al
      prójimo que le da la ley hecha por los de su clase, toma para sí todo
      lo que produce el trabajador, sin dejarle otra cosa que una limosna
      para que compre cualquier cosa de comer y nada más.
     </para>

     <para>
      Piense por último Madero en la nefasta propaganda del clero. Fíjese
      Madero en que el clero ha sido el causante principal de todos los males
      que ha sufrido el pueblo mexicano. Tenga en cuenta Madero que el clero,
      después de haber peleado siempre de parte de los opresores, ha llevado
      a México expediciones armadas para someternos a la esclavitud y llegó
      su orgullo y atrevimiento hasta el grado de ir a Europa y traer para 
      los mexicanos un príncipe austriaco: el iluso Maximiliano de Habsburgo.
      ¿No fue el clero el fomentador de rebeliones contra los liberales? El
      dinero que se colectaba en las iglesias para un santo, ¿no lo convertía
      el clero en fusiles y cañones para asesinar a los mexicanos? El clero
      quemó en las hogueras a los mejores hombres por el delito de educar
      a la humanidad. El clero fundó la Inquisición. El clero condenó a
      Miguel Hidalgo y Costilla. El clero recibió bajo palio a los
      invasores norteamericanos. El clero provocó la sangrienta revolución
      conocida como la <emphasis>Guerra de Tres Años</emphasis>. El clero
      ayudó a Porfirio Díaz a escalar la presidencia de la República. El
      clero embrutece a las masas con sus doctrinas de sumisión, de
      paciencia, de humildad y los hace sufrir el infierno de la tiranía
      política y la tiranía capitalista aquí en la Tierra, para salvarlos
      del infierno que, según él, está más allá de la muerte, y al que el
      mismo clero no teme, pues es orgulloso, hipócrita, ladrón, malvado,
      lo que prueba bien que el tal infierno no existe más que en la
      imaginación de los embaucadores para atemorizar a los pueblos y se
      dejen esquilar.
     </para>

     <para>
      Ve Madero cuántos males soporta el pueblo mexicano. Ve que se necesita
      remover la sociedad mexicana para arrancar los males que le aflijen a
      todo lo que se pueda.
     </para>

     <para>
      Si Madero quiere luchar sinceramente, debe renunciar a mandar. No es
      amo lo que necesita el pueblo mexicano sino pan, bienestar, educación,
      justicia.
     </para>

     <para>
      El cambio de amo no es fuente de libertad ni de bienestar. Se necesita
      el cambio de las condiciones que hacen desgraciada a la raza mexicana
      y ese cambio sólo podrá operarse luchando por los principios
      emancipadores del Partido Liberal.
     </para>

     <para>
      (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 3 de diciembre de 1910).
     </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>La revolución continua en todo el país</title>

      <para>
       Debido a la censura impuesta por Díaz, muy poco es en realidad lo que
       se sabe de la agitación revolucionaria en México; pero por las
       informaciones privadas recibidas en esta oficina y procedentes de los
       Delegados de la Junta residentes en la República Mexicana, hemos
       podido formarnos la convicción de que, en efecto, el extenso
       movimiento maderista fue sofocado, pero quedan en el campo de la
       lucha, aquí y allá, diseminados en todo el país, grupos de guerrilleros
       que no dejan apagar la chispa de la insurrección. Perdidos esos
       grupos en las quebradas de las sierras o esquivando los encuentros
       con las fuerzas federales en la llanuras, batiéndose con buen éxito
       cuando la ocasión es propicia, dan en estos momentos solemnes un alto
       ejemplo de grandeza de alma y de valor que debe ser imitado. La
       acción de esas guerrillas es bastante provechosa para despertar en las
       masas el espíritu de rebeldía que tantos años de sumisión habían
       adormecido.
      </para>

      <para>
       En vista de esto, la Junta activa en México la organización
       revolucionaria; prepara rápidamente allí grupos rebeldes que en un
       momento dado se levantarán en armas reforzando de ese modo el estado 
       de guerra en que se encuentra el país. Algunos grupos liberales se
       encuentran ya con las armas en la mano y esta circunstancia hace que
       la Junta redoble sus esfuerzos, para que otros grupos, en distintas
       partes del país, se rebelen, con lo que se robustecerá el movimiento
       y se impedirá que la Dictadura aplaste a los levantados.
      </para>

      <para>
       La Junta tiene por lo tanto ahora, gastos enormes que hacer. La
       organización cuesta mucho, y es preciso que todos los que simpatizan
       con el movimiento insurreccional contra el despotismo, manden desde
       luego su óbolo a las oficinas de la Junta. Deben tener en cuenta los
       simpatizadores de la Revolución que, si la Dictadura llega a aplastar
       por completo los grupos rebeldes, después será muy difícil organizar
       un nuevo movimiento.
      </para>

      <para>
       Como coprenderán todos los que simpatizan con la Revolución, la
       organización que está llevando a cabo la Junta tiene que quedar
       lista en el menor espacio de tiempo que sea posible, antes de que
       la chispa que aún arde se apague, y en vista de esto, deben
       apresurarse a enviar su óbolo. Firmen los cupones todos los que
       deseen ser miembros del Partido Liberal e inviten a sus amigos a
       pertenecer al mismo. Paguen sus cuotas como miembros y hagan envío
       extraordinarios de dinero para los trabajos de la Junta.
      </para>

      <para>
       Compañeros, redoblemos todos nuestros esfuerzos para que no se apague
       en México la chispa sagrada de la rebeldía. Si ésta no se apaga, si
       el movimiento de insurrección toma incremento, los liberales tendremos
       la mejor oportunidad de poner en práctica nuestros principios, y sobre
       todo, cumpliremos con un deber de humanidad dando al movimiento el
       curso de las reivindicaciones populares que los maderistas no quieren
       darle.
      </para>

      <para>
       Madero tiene forzosamente que continuar su campaña para apoderarse del
       poder. Ha gastado ya mucho dinero en ella y sus amigos también. Si
       dejamos que el maderismo predomine y triunfe al fin, no nos hagamos
       ilusiones de que su gobierno dará pan, instrucción y justicia al
       pueblo. Su gobierno tendrá que ser como cualquier otro gobierno
       burgués, explotador y tiránico.
      </para>

      <para>
       Por buena que sea la intención de una persona antes de alcanzar el
       poder, cuando se ve ya en éste, cuando se da exacta cuenta de su
       autoridad, cuando se contempla por encima de sus conciudadanos, se
       cree mejor que el resto de los mortales, y esa creencia desarrolla
       en todo gobernante el espíritu de mando y de predominio que vive
       latente en el hombre, y que sólo espera una oportunidad para surgir,
       avasallador y potente, como el que empujaba al hombre de las selvas
       a acometer para no ser acometido, a subyugar para no ser subyugado,
       a matar para no ser matado. En la infancia de la humanidad el espíritu
       de mando y de predominio era indispensable al hombre para no perecer.
       La lucha por la vida revestía entonces un carácter de rudeza y de
       ferocidad tales, que el hombre necesitaba estar dotado de un fuerte
       espíritu de acometividad y de dominio para no perecer.
      </para>

      <para>
       Este espíritu de predominio fue amortiguándose según que la humanidad
       avanazaba, hasta quedar más o menos adormecido en el hombre, y esto
       fue así porque el espíritu de solidaridad que es la antítesis del otro,
       fue ganando terreno a medida que la civilización se refinaba. Pero
       basta con que un hombre deje de sentirse hermano de los demás hombres,
       basta con que se comprenda superior, para que deje de ser solidario
       con el resto de la humanidad y se despierte en él el espíritu de
       predominio, el deseo de sustraerse a las obligaciones impuestas a la
       mayoría. La ley se hizo, según los sociólogos burgueses, para regular
       las relaciones de los hombres, pero desde el momento en que el
       gobernante está por encima de los hombres, desde luego que él mismo
       se siente superior, no se cree ya obligado a estar sujeto a las reglas
       que sujetan a los demás, y queda, por lo mismo, el gobernante, de
       hecho, encima de la ley. Los hombres más sinceros, cuando se han
       encontrado encima de los demás hombres, se han sentido superiores,
       y aunque antes de alcanzar el poder hubieran manifestado su respeto
       al pueblo y su deseo de ser un verdadero servidor de los demás, ya
       arriba no se han encontrado dispuestos a obedecer a nadie más que a
       sí mismos. ¿No han sido escogidos precisamente porque hay en ellos
       algo mejor que en los demás? ¿No se ha pensado, al elegirlos, que
       son los más aptos para dirigir? ¿Y qué es dirigir sino mandar?
      </para>

      <para>
       Además, el gobernante encuentra siempre opositores que quieren ocupar
       su puesto. La acometividad tiene que surgir, hay que hacer a un lado
       a esos opositores o renunciar al gobierno. El gobernante no renuncia,
       prefiere suprimir a los opositores.
      </para>

      <para>
       La adulación, por otra parte, contribuye a malear a los gobernantes.
       Muy raro será el hombre que deje de envanecerse cuando está arriba y
       es adulado. ¿No hasta los dioses se sienten satisfechos cuando ven
       arrodilladas a las turbas? ¿Qué son las oraciones sino obras nuestras
       de adulación a la autoridad divina? ¿Y no se hace oración para tener
       grato al dios? Si los dioses se envanecen y se sienten satisfechos
       con la adulación, con mayor razón los pobres mortales, y es por eso
       por lo que los aduladores de los gobernantes obtienen grandes ventajas
       de estos, ventajas que, naturalmente, tienen que resultar en perjuicio
       de los que no adulan y de los ignorantes.
      </para>

      <para>
       Pero no es eso todo; el hombre más bueno, el que más cariño siente por
       el pueblo y está mejor animado a procurar el bienestar de las
       multitudes, cuando alcanza el poder y quiere poner en práctica sus
       sueños de reforma social en beneficio de los pobres, tropieza desde
       luego con la oposición de los elementos que no han salido precisamente
       del seno del proletariado, sino de la clase burguesa, de la clase
       explotadora que, naturalmente, se encuentra lesionada en sus intereses,
       cuando se trata de beneficiar a los pobres, por la sencilla razón de
       que los intereses de las dos clases sociales son antagónicos.
       El bienestar de una clase depende del sacrificio de la otra. El
       gobernante comprende entonces que se ha engañado, que el gobierno no
       puede hacer la felicidad del pueblo, y, si es honrado, tendrá que
       renunciar al poder; de lo contrario permanecerá en él y hará lo que
       todos los gobiernos hacen: oprimir a la clase pobre en beneficio
       de la clase rica.
      </para>

      <para>
       Clémenceau, el célebre socialista que llegó a ser Presidente del
       gabinete del gobierno francés, fue, antes de eso, un amigo de los
       trabajadores; pero cuando llegó al poder tuvo que confesar su
       impotencia para hacer la felicidad del pueblo francés y pronunció
       esta frase palpitante de verdad: <emphasis>los pueblos no deben 
       esperar que el gobierno haga algo bueno para ellos; por el contrario,
       hay que desear que no haga todo el mal que puede hacer</emphasis>.
      </para>

      <para>
       Llegado madero al poder, tendría que ser como cualquier otro
       gobernante, ni más ni menos. Haría la felicidad de la burguesía y
       la desgracia del proletariado, exactamente como ocurre en todas las
       naciones del mundo.
      </para> 

      <para>
       Debemos, pues, compañeros, sacar ventaja de la experiencia, y no
       confiar a los Presidentes la ventura de los pueblos. Nosotros mismos,
       los pobres, los desheredados, debemos conquistar lo que el gobierno no
       nos puede dar: la felicidad.
      </para> 

      <para>
       Así pues, agrupáos bajo la bandera reivindicadora del Partido Liberal.
       No derraméis vuestra sangre por un nuevo amo, sino por bienes
       materiales conquistados con vuestro arrojo. Tomemos posesión de la
       tierra para que sea de todos. Si no hacemos eso, si nos deslumbramos
       por el brillo de las personalidades que sólo figuran por su dinero,
       no haremos otra cosa que dar nuestra sangre para ponernos un yugo
       acabado de hacer, porque ya el viejo nos fastidiaba.
      </para>

      <para>
       Madero no dará la tierra al pueblo. ¿Puede un gobierno atacar de ese
       modo el llamado derecho de propiedad? Y si quisiera hacerlo, ¿no se
       levantaría en masa la burguesía para impedir el desacato? Entonces
       habría que apelar nuevamente a las armas para conquistar lo que desde
       ahora se puede obtener.
      </para>

      <para>
       Los gobiernos tienen que proteger el derecho de propiedad y están
       instituídos precisamente para proteger ese derecho con preferencia a
       cualquier otro. No esperamos, pues, que Madero, ataque el derecho de
       propiedad en beneficio del proletariado. El mismo es propietario;
       propietarios son los hombres que lo han ayudado con dinero para armar
       sus grupos revolucionarios, propietarios son sus jefes de grupos;
       propietarios han sido muchos de sus agitadores y propagandistas.
       Es el partido de la burguesía compañeros, y con él sólo lograríamos
       remachar nuestras cadenas.
      </para>

      <para>
       Abrid los ojos. Recordad la frase, sencilla como la verdad y como la
       verdad indestructible: <emphasis>la emancipación de los trabajadores
       debe ser obra de los trabajadores mismos</emphasis>.
      </para>

      <para>
       El carnero no debe confiar su bienestar al lobo. Los pobres no deben
       confiar su emancipación a los ricos.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 10 de diciembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>A la acción</title>

      <para>
       Compañeros, preparémonos para la acción. Nuestros hermanos de México,
       sostienen en estos momentos una lucha tremenda. Volemos a reforzar el
       movimiento.
      </para>

      <para>
       Sin violar las leyes de neutralidad podemos ir a luchar contra el
       despotismo como individualidades.
      </para>

      <para>
       Alistémonos rápidamente. Podemos entrar de uno en uno a México y
       reunirnos allí a los grupos rebeldes. Pero hagámoslo pronto.
      </para>

      <para>
       La antorcha de la insurrección chisporrotea, soplemos sobre ella para
       que se alce la llama y se produzca el incendio salvador.
      </para>

      <para>
       Aprovechémonos de la circunstancia de que el despotismo no puede
       cargar sus fuerzas sobre un solo lugar porque por todas partes está
       comprometido.
      </para>

      <para>
       Madero fracasó; pero el Partido Liberal continúa la lucha. Madero se
       hundió; pero el estandarte rojo de las reivindicaciones populares ha
       sido enarbolado ya por los liberales. Aumentemos las filas de los
       nuestros para que la Revolución tome el curso que deseamos darle los
       hombres de buena fe, los que no queremos puestos públicos porque nos
       da asco ser amos y nos repugna tenerlos.
      </para>

      <para>
       Compañeros: no olvidéis que si desaprovechamos esta oportunidad, muy
       dificilmente tendremos otra.
      </para>

      <para>
       Cuando después de los grandes movimientos de los días 20, 21, 22, 23,
       24 y 25 del mes pasado os aconsejamos que estuviérais pendientes de los
       sucesos, parecía que la actividad revolucionaria había quedado
       confinada a la Sierra de Chihuahua. En posesión de mejores datos,
       podemos decir que el movimiento continúa y es preciso reforzarlo, es
       preciso impedir que muera, es preciso organizarnos rápidamente los que
       no lo estamos para entrar en acción.
      </para>

      <para>
       La Junta, como ya lo hemos dicho, organiza rápidamente grupos rebeldes
       en territorio mexicano. Esos grupos estarán pronto en aptitud de hacer
       sentir su poder.
      </para>

      <para>
       Pongamos todos manos a la obra y el incendio crecerá.
      </para>

      <para>
       Compañeros: a la acción. Pero si por cualquier circunstancia no
       podéis ir a México a reuniros con vuestros hermanos, enviad dinero a
       la Junta para el fomento de la Revolución.
      </para>
 
      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 10 de diciembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>El horror a la revolución</title>

      <para>
       <emphasis>No queremos luchas fratricidas, no queremos sangre, no
       queremos guerra</emphasis>, dicen los timoratos. Y hablan en seguida
       de los horrores de la matanza: la sangre corriendo en abundancia, la
       atmósfera cargada de espesos humos, el ruido ensordecedor de las
       armas de fuego; sangre, agonía, muerte, incendio. ¡qué horror!
      </para>

      <para>
       ¡Qué horror! En verdad, compañeros, nada tiene de agradable el
       espectáculo que ofrece la guerra; pero la guerra es necesaria. Es
       necesaria la guerra cuando hay algo que se opone a la conquista del
       bienestar.
      </para>

      <para>
       Es horrible la guerra, cuesta muchas vidas, muchas lágrimas y muchos
       dolores; pero ¿qué decir de la paz? ¿Qué decir, compañeros, de la paz
       bajo el presente sistema de explotación capitalista y de barbarie
       gubernamental? ¿Garantiza siquiera la vida esta paz?
      </para>

      <para>
       Por horrible que sea la guerra, no sobrepasa en horror a la paz. La
       paz tiene sus víctimas, la paz es sombría; pero no porque la paz, por
       sí misma, sea mala, sino por el conjunto de circunstancias que la
       componen en la actualidad. Sin necesidad de que haya guerra, hay
       víctimas en tiempo de paz, y, según las estadisticas, las victimas
       en tiempo de paz son más numerosas que las víctimas en tiempo de
       guerra.
      </para>

      <para>
       Basta con leer todos los días los periódicos de información para
       convencerse de que es una verdad lo que digo. Ya es una mina que se
       desploma y aplasta a centenares o miles de trabajadores; o bien, un
       tren que descarrila y produce la muerte de los pasajeros; o un buque
       que se hunde y sepulta en el fondo del mar a muchas personas. La
       muerte espia al ser humano en todos los momentos de su existencia.
       El trabajador cae de los andamios y se despedaza el cuerpo. Otro,
       manejando una máquina, se corta un brazo, una pierna y queda mutilado
       o muere. El número de personas que mueren anualmente en virtud de
       catástrofes mineras, ferroviarias, marítimas y de otra naturaleza es
       verdaderamente alarmante. Los que mueren como consecuencia de
       incendios de teatros, hoteles y casas alcanzan una cifra desesperante
       cada año.
      </para>

      <para>
       Pero no es esto todo: las condiciones de insalubridad en que se
       efectúa el trabajo en las fábricas y los talleres; lo fatigoso de las
       tareas; la incomodidad e insalubridad de las viviendas de los
       trabajadores -forzados a vivir en verdaderas zahurdas-; la suciedad de
       los barrios obreros; la mala alimentación que el trabajador puede
       conseguir por los saIarios miserables que gana; la adulteración de los
       artículos alimenticios; la inquietud en que vive el hombre de trabajo,
       que teme que, de un momento a otro no podrá llevar pan a la familia;
       y el disgusto que produce el hecho de encontrarse bajo la influencia
       del polizonte, bajo la influencia de leyes bárbaras dictadas por el
       estúpido egoísmo de las clases encumbradas, bajo la influencia de
       monigotes descerebrados que la hacen de autoridad; todo ello:
       insalubridad, mala alimentación, trabajo fatigoso, inquietud por el
       porvenir, disgusto del presente, minan la salud de las clases pobres,
       engendran enfermedades espantosas como la tisis, el tifo y otras que
       diezman a los desheredados y cuyos estragos alcanzan a todos: a
       hombres, a mujeres, ancianos y niños. Lo que no ocurre con la guerra,
       en la que es raro el caso del atropello a los ancianos, a las mujeres
       y a los niños, a no ser que se trate de un tirano bestial -como
       Porfirio Díaz-, para quien no hay en esta vida criatura respetable.
       El tigre hinca los colmillos indistintamente en las carnes de un viejo,
       de una mujer o de un niño.
      </para>

      <para>
       Todas estas calamidades, que sufre la humanidad en tiempo de paz,
       son el resultado de la impotencia del Gobierno y de la ley para hacer
       la felicidad de los pueblos por la sencilla razón de que tanto el
       Gobierno como la ley no son otra cosa que los guardianes del Capital,
       y el Capital es nuestra cadena común. El Capital quiere ganancias y,
       por lo tanto, no se preocupa de la vida humana. El dueño de una mina
       no se preocupa porque el lugar del trabajo ofrezca riesgos para la
       vida de los obreros; no hace las obras necesarias para que el trabajo
       se efectúe en la mina en condiciones de seguridad que garanticen la
       vida de los mineros. Por eso se desploman las minas, ocurren
       explosiones, los obreros se desprenden de los elevadores y hay otros
       muchos siniestros. El capitalista tendría que ganar menos si protegiese
       la vida de sus operarios, y prefiere que éstos revienten en una
       catástrofe; que las viudas y los huérfanos perezcan de hambre o se
       prostituyan para poder vivir, a gastar algunas sumas en favor de los
       que con su trabajo lo enriquecen, de los que con su sacrificio lo
       hacen feliz.
      </para>

      <para>
       Igual cosa puede decirse de los desastres ferrocarrileros y marítimos.
       El mal material de que están construídos los barcos, los coches y las
       locomotoras, para obtener todo eso al menor costo posible, y el
       deterioro que se opera en ellos con el uso; el hecho de que las
       compañías tienen que usarlo todo hasta su máximum de duración para
       gastar menos, añadiéndose a todo esto el mal estado de las vías, que
       hay que componer lo menos posible para sacar mayores utilidades,
       hacen que la inseguridad sea efectiva e inminentes las catástrofes.
      </para>

      <para>
       La ganancia que quiere el Capital es, también, la causa de que el
       trabajo de las fábricas y talleres se haga en condiciones de
       insalubridad manifiesta. El capitalista tendría que gastar dinero
       para que las condiciones higiénicas de los lugares de trabajo fueran
       buenas, y es precisamente lo que no quiere. La salud y la vida de los
       trabajadores no entran en los cálculos de los capitalistas. Ganar
       dinero, no importa cómo, es la divisa de los señores burgueses.
      </para>

      <para>
       La miseria, por sí sola, es más horrible que la guerra, y causa más
       estragos que ella. El número de niños que mueren cada año es fabuloso;
       el número de tuberculosos que muere cada año, es, igualmente, admirable.
       Estos fallecimientos se deben a la miseria, y la miseria es el
       producto del sistema capitalista.
      </para>

      <para>
       ¿Por qué temer la guerra? Si se tiene que morir aplastado por la
       tiranía capitalista y gubernamental en tiempo de paz, ¿por qué no morir
       mejor combatiendo lo que nos aplasta? Es menos espantoso que se
       derrame sangre que conquistar la libertad y el bienestar, que
       continúe derramándose bajo el actual sistema político y social en
       provecho de nuestros explotadores y tiranos.
      </para>

      <para>
       Además, la guerra no produce tantas víctimas como la paz bajo el actual
       sistema. El número de personas que resultan muertas en una batalla o
       en un encuentro es reducidísimo en comparación con el número de
       hombres que han entrado en juego por ambas partes combatientes; y si
       fuera posible que toda una nación estuviese en revolución, si ese
       estado de guerra durase un año, al final de ese tiempo se vería que
       por las dificultades que había tenido el capitalismo para explotar
       a los trabajadores por hallarse la mayor parte de éstos con las armas
       en la mano, el número de defunciones había decrecido, o al menos había
       sido igual al de los años pasados en paz. Esto ha podido comprobarse
       en países que han estado en revolución. Los trabajos se suspenden por
       el estado de guerra; los trabajadores cambian el malsano género de
       vida de la fábica, del taller o de la mina, por la vida sana al aire
       libre, comiendo carne en abundancia, haciendo saludable ejercicio y,
       sobre todo, teniendo reanimado el espíritu con la esperanza de cambiar
       de condición, o simplemente satisfechos de levantar el rostro y de
       sentirse libres enfrente de sus amos espantados.
      </para>

      <para>
       Es mejor morir atravesado por una bala defendiendo su derecho y el
       bienestar de sus hermanos, que perecer aplastado, como un gusano,
       bajo los escombros de la mina, o triturado por la maquinaria, o en
       una agonía penosa y lenta en un rincón de la negra covacha.
      </para>

      <para>
       Gritemos con todas nuestras fuerzas: ¡Viva la Revolución! ¡Muera la
       paz capitalista!
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 17 de diciembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>

  <chapter>
     <title>¡Despierta, proletario!</title>

      <para>
       ¡Arriba, proletario consciente; arriba, hermano! En estos momentos
       muchos proletarios están sobre las armas; pero no saben lo que hacen,
       o, mejor dicho, no saben para quién trabajan, como dice el vulgar
       adagio. Tú, que conoces los intereses de tu clase; tú, que sabes lo
       que necesitan los pobres, corre a decirles: <emphasis>Compañeros,
       para conquistar la libertad y la felicidad se necesita algo más que
       un corazón bravo y un arma en la mano: se necesita una idea en el
       cerebro</emphasis>.
      </para>

      <para>
       Un barco sin brújula en la inmensidad del océano, eso es el
       revolucionario que no cuenta más que con su arma y su valor.
       El barco puede luchar contra las olas, puede sostenerse contra 
       los vientos; pero ¿cómo orientarse para llegar al puerto si falta
       la brújula? Así, el revolucionario puede sostenerse en rebeldía,
       puede sembrar la muerte; pero si le falta la idea directora de su
       acción, no será otra cosa que un barco sin brújula. El revolucionario,
       entonces, no sabe para que mata, como el hacha no sabe para qué
       derriba el árbol.
      </para>

      <para>
       ¡Arriba, proletario consciente: arriba, hermano! Es preciso que vueles
       al lado de tus inconscientes hermanos para decirles:
       <emphasis>Compañeros, habéis sido, hasta hoy, brazo y cincel; ahora
       es preciso que seáis cerebro, brazo y cincel</emphasis>.
      </para>

      <para>
       Proletario: no permitas por más tiempo que otro piense para que tú
       ejecutes. El cincel, a costa de su filo, arranca pedazos al mármol
       sin saber qué resultará de su acción. El revolucionario, a costa de
       su sangre, ataca los baluartes del despotismo sin saber cuál será la
       forma del edificio que se levantará sobre los humeantes escombros.
      </para>

      <para>
       Si otro piensa por tí, no te asombre ver seguir, como si retoñase
       el negro edificio que aplastaste, otro más negro aún, más pesado,
       de donde asomen defensores más siniestros, y entre esos flamantes
       defensores del futuro despotismo reconocerás a los que hoy te aconsejan
       que tomes un fusil y te rebeles; pero omiten hacerte comprender tus
       intereses como pobre para que por ellos, y no por tus intereses, des
       la vida.
      </para>

      <para>
       Abre los ojos, eterno paria; sángrate, carne de cañón, inquilino del
       cuartel y del presidio. Comprende cuál es tu interés; lleva en tu
       cerebro una idea, y, así, irás derecho a tu objeto, y del caos de
       la Revolución sabrás sacar la fórmula bendita de tu redención, con el
       mismo acierto con que el escultor despierta en el trozo de cantera
       la figura, la actitud, el gesto de la obra de arte que, sin él, habría
       dormido por millones de años más en el seno de la Tierra; y entonces,
       si caes herido de muerte en el combate, podrás decir con orgullo lo
       que aquél poeta que, al ir a morir decapitado, se llevó la mano a la
       frente y exclamó ante el verdugo y ante el pueblo:
       <emphasis>¡Aquí hay algo!</emphasis>
      </para>

      <para>
       No entres a la lucha como rebaño, sino como unidad combatiente que
       se suma con otras unidades iguales, conscientes y rebeldes, para abrir
       su sepulcro a la tiranía política y a la explotación capitalista.
      </para>

      <para>
       Derriba, pero cuida de remover los escombros y de arrancar los
       cimientos. Quebranta con la acción el llamado derecho de propiedad;
       pero no para que te apoderes individualmente de lo que detentan tus
       amos, pues entonces te convertirías en amo, oprimirías a tus hermanos
       y serías tan ladrón y tan malvado como los que te explotan ahora. Tu
       liberación debe estar comprendida en la liberación de todos los humanos.
       La tierra que hay que quitar a los burgueses no debe ser para ti solo,
       ni para unos cuantos, sino para todos, sin distinción de sexo.
      </para>

      <para>
       Levanta la testa sudorosa; ve de frente a tus amos, que tiemblan
       presintiendo tu cólera; domínala y pon en su lugar a la razón. La
       cólera ciega; la razón alumbra. Así verás mejor tu camino en medio de
       las sombras de la lucha tremenda; así podrás darte cuenta de que,
       entre los que quieren dirigirte, hay muchos lobos con piel de oveja;
       hay muchos que, por un momento, mitigan tu hambre dándote unas monedas
       para que les des a tu familia antes de lanzarte a la lucha. ¡Unas
       monedas por ir a dar tu sangre para que él se suba sobre tus hombros!
       ¿Es digno eso? ¿Eres un soldado de la libertad, o el mercenario
       alquilado por un ambicioso?
      </para>

      <para>
       No, compañero: rechaza el dinero. No es digno de un hombre pedir
       dinero para ir a conquistar la libertad y el bienestar. Si hicieras
       eso, ¿en qué te distinmguirías del esbirro que dispara el arma sobre
       sus hermanos por la paga que ha recibido?
      </para>

      <para>
       El fusil del mercenario forja cadenas porque está sostenido por un
       corazón egoísta; el fusil del libertario forja la libertad porque está
       sostenido por un corazón abnegado. El que se levanta en armas por
       paga, lleva la idea del provecho personal con exclusión del ajeno;
       el que se levanta en armas por amor a la libertad, lleva la idea del
       bienestar de todos. ¿Pidieron dinero, para ser héroes, Hidalgo,
       <emphasis>el Pípila</emphasis>, <emphasis>el hombre cuña</emphasis>?
       ¿Se concibe siquiera un héroe por paga? Suponeos al <emphasis>héroe
       de Nacozari</emphasis> regateando sobre el precio de sus heroísmos;
       suponeos a Juárez pidiendo paga por decretar la expropiación de los
       bienes del clero; suponeos a Cristo demandando oro para ser sacrificado.
      </para>

      <para>
       ¡Despierta, proletario! Vé a la lucha con el propósito de luchar para 
       tu clase. Al que dé dinero para que empuñes un fusil, desprécialo,
       míralo con desconfianza, porque te da unas cuantas monedas para que
       des tu vida por él; quiere tu sacrificio para hacer su felicidad;
       quiere tu ruina y la desgracia de tu familia para su provecho personal.
       Vé a la lucha, proletario; pero no para encumbrar a nadie, sino para
       elevar a tu clase, para dignificarla; ya que la ocasión se presenta de
       que tengas un arma en tus manos, toma la tierra, pero no para tí solo;
       para ti y para todos los demás, pues que de todos es por derecho
       natural.
      </para>

      <para>
       Proletario consciente: vuela donde luchan tus hermanos para decirles
       que se necesita algo más que un corazón valiente y una arma en las
       manos; diles que se necesita una idea en el cerebro. Y esa idea,
       óyelo bien, debe ser la emancipación económica. Si no obtienes esa
       libertad, habrás dado, una vez más, tu sangre para que te oprima
       otro tirano.
      </para>

      <para>
       (De <emphasis>Regeneración</emphasis>, 24 de diciembre de 1910).
      </para>
   
  </chapter>
</book>
