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Los ritmos del Pachakuti
| General |
Levantamiento y movilización indígena en Bolivia. 2000-2005

AGOTADO EN LIBRERIAS
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Raquel Gutiérrez Aguilar, mexicana, matemática y doctora en sociología por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México, activista social en México y Bolivia. Profesora-investigadora del Centro de Estudios Andinos y Mesoamericanos, A.C. (CEAM). Fue integrante del Ejército Guerrillero Tupac Katari (EGTK), un esfuerzo político-militar principalmente aymara que operó en el altiplano boliviano. Durante cinco años estuvo presa en la Cárcel de Obrajes, en la Paz Bolivia. Actualmente impulsa un proyecto colectivo para la reciprocidad “ La Casa de Ondas”, ubicado en el centro de la Colonia Santa María La Ribera en la Ciudad de México. Entre sus libros publicados están: ¡A desordenar! Por una historia abierta de la lucha social ( La Paz, 1995; México, re-edición 2006) y Desandar el Laberinto. Introspección en la feminidad contemporánea ( La Paz, 1999). También compiló recientemente dos volúmenes sobre Movimiento indígena en América Latina: resistencia y proyecto alternativo (México, 2005 y 2006)
Los ritmos del Pachakuti es una apuesta por comprender y visibilizar desde puntos diversos de la geografía latinoamericana, las posibilidades existentes y latentes de resistencia y transformación social que las clases trabajadoras, indígenas y populares de Bolivia han echado a andar en esta última década.
La mirada cuidadosa y comprometida de la Bolivia de abajo que Raquel Gutiérrez propone en este texto, parte de la construcción de una estrategia teórica que ayuda a comprender el despliegue de las capacidades de insubordinación y rebeldía de los pueblos, y particularmente del boliviano. Con este modo de comprensión se piensa a la lucha desde sus posibilidades y contradicciones, mismas que habitan en la compleja trama de explotación, destrucción, dominación y violencia de la vida en el capitalismo.
Esta forma de comprensión no está basada en una relación utilitaria o de exterioridad con el movimiento boliviano, sino construida desde la experiencia de lucha de la autora, en sus más de veinte años de vida en ese país. Así, mediante una tremenda labor de sistematización rigurosa y un esfuerzo profundo y comprometido por entender lo que ha ocurrido, nos acerca una perspectiva epistémica poco común, que logra combinar una reflexión práctica, militante que surge de las dificultades organizativas cotidianas; pero también una reflexión teórica, crítica y profunda de la propia lucha. En este sentido, Raquel Gutiérrez ejerce su capacidad crítica de las dificultades y límites en los modos en el que el antagonismo social construye emancipación, no desde el desánimo o desde el resentimiento, sino desde la disposición de aprender de la experiencia, de impulsar formas distintas de balance y evaluación de lo ocurrido, de la necesidad de deliberar y de las formas en las cuales se habilitan y aclaran los horizontes de sentido.
Una vez abierto este sendero, Raquel despliega una crítica a la visión de la historia lineal y homogénea que ha sido dominante para comprender los procesos sociales de transformación. Con ello, cuestiona las posiciones del liberalismo y el positivismo, pero también posiciones teóricas y prácticas del mal llamado “marxismo ortodoxo”, así como de las versiones más reduccionistas y vulgarizadas del marxismo. Al mismo tiempo, aborda una crítica a las teorías de los nuevos movimientos sociales y al conjunto de teorizaciones que plantean visiones cerradas de la lucha y de los “movimientos sociales”.
En bajo tierra ediciones y jóvenes en resistencia alternativa compartimos estas críticas, pues pensamos, que se requiere una mirada para reconocer a los movimientos como potencias abiertas constituidas por “tiempos vitales”, sin un punto de partida o un punto de llegada fijos, en la búsqueda intermitente por modificar el lugar que la historia les ha asignado. Una lucha abierta en la que todo está por construirse y por reconstruirse siempre, en donde el esquema binario de “ganamos o perdimos” queda desarmado.
Se trata de un esfuerzo por cuestionar las formas de analizar los procesos sociales, las luchas sociales, de reconstruir la complejidad y el sentido de los acontecimientos, consiguiendo estructurar un modo de comprensión sobre la rebelión, la revolución, las insurrecciones, las contradicciones internas de los movimientos, sus dificultades de articulación, la siempre problemática relación con el Estado, buscando comprender la multitud de dilemas que atraviesan a todos los movimientos, ¿cómo se construye organización? ¿cómo se construye insubordinación social?, ¿cómo relacionarse con el poder del estado? y ¿cómo generar modos de regulación social contra y más allá de él?
Otra de las cuestiones que Raquel propone como central para pensar la lucha, a diferencia de lo que la izquierda más clásica u ortodoxa considera, refiere a la subjetividad, a los anhelos interiores de las colectividades y de los individuos que luchan, contenidos por una potencia enorme que se desborda precisamente en los momentos más álgidos de las confrontaciones. La incomprensión y el desconocimiento de este nivel de la realidad y de sus contradicciones, puede llevar a que los esfuerzos alternativos y emergentes corran el riesgo de reproducir las formas de dominación que se buscaban erradicar.
Es sumamente importante el trabajo de Raquel para cultivar la convicción sobre la posibilidad real, concreta e históricamente viable de otros modos de regulación y auto regulación social distintos a los del capital y sus múltiples formas estatales. Ahí donde la realidad normalizada y lineal de la dominación aparece como cerrada e inquebrantable, existe la resistencia cotidiana de las comunidades y pueblos de nuestra América profunda.
En Bajo Tierra Ediciones nos interesa cultivar este sueño y esta convicción. Para ello es fundamental mirar los tiempos vitales de la Bolivia de abajo, esa que en medio de la normalidad estatal y la catástrofe capitalista, sigue construyendo un mundo nuevo.
Por último, queremos reconocer el esfuerzo y valor de Raquel por compartir este pedazo de su vida. No es menor el hecho de que este aporte haya sido concretado por una mujer, si tenemos en cuenta las relaciones de clase y de género que eso implica. Una mujer que ha participado de múltiples formas y niveles de profundidad en los movimientos sociales, que ha conseguido romper con muchos tabúes, trabas, limitaciones y paradigmas, que ha sido capaz de encarnar una forma distinta de vivir y sentir la lucha por un mundo diferente, más ético y humano. Todo ello además la ha llevado a labrar un respeto dentro del mundo de la academia y a constituirse una autoridad moral, política y científica en diversos circuitos del movimiento social de distintas latitudes en Latinoamérica.
El trabajo de esta publicación es producto de la relación de apoyo y reciprocidad y del enorme afecto y admiración que sentimos por nuestra compañera Raquel Gutiérrez.
¡Libertad, autonomía, horizontalidad, autogestión!
bajo tierra ediciones
jóvenes en resistencia alternativa

Presentación de los Ritmos del Pachakuti en la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco con la participación de Fabiola Escárcega, la autora, Adolfo Gilly y jóvenes en resistencia alternativa.
Bolivia, el rayo que no cesa
Adolfo Gilly*
Los ritmos del Pachakuti, el libro más reciente de Raquel Gutiérrez Aguilar, es un audaz intento del pensamiento, y de una experiencia de vida que lo respalda y nutre, la de Raquel, para entender y explicar los ritmos y los tiempos de una de esas violentas transformaciones en las relaciones sociales que llamamos revolución, a partir de un caso único, actual y revelador: la nueva revolución boliviana, iniciada en el año 2000 con la guerra del agua y que, como el rayo de Miguel Hernández, no quiere cesar.
Los ritmos del Pachakuti es pues un libro fuera de lo ordinario, como lo son las revoluciones; es decir, un libro extraordinario. Diré en lo que sigue mis razones.
Estamos ante un nuevo ciclo mundial de expansión del capitalismo, es decir, de la relación de capital. No se está hundiendo, está atravesando una de sus periódicas y violentísimas crisis de expansión. Se trata de una mutación y una extensión a nuevos territorios y sociedades de esta forma histórica de la dominación que consiste en la subordinación, mediante la violencia, del trabajo viviente al trabajo objetivado, para que los dominadores, los dueños del capital, puedan continuar la apropiación del producto excedente que deja ese trabajo humano. A esta apropiación le llaman ganancia, renta, lucro, interés, sueldos de ejecutivos, como se quiera: siempre queda en manos de los ricos.
Cada uno de los ciclos históricos de expansión del capital ha significado crisis y disputa entre los varios capitales; nuevas formas de violencia sobre el trabajo; nuevo despojo de los bienes de la economía natural; y, como contraparte, nuevas formas de resistencia y rebelión de los explotados y despojados. Éstas surgen e insurgen como contragolpe a la nueva dominación, pero se nutren de la experiencia de antiguas resistencias –es decir, se nutren de la historia propia de los subalternos en la cual crecen las sucesivas generaciones y de la cual pocas veces saben decir los libros.
En el ciclo presente de cambio y crisis nuestras preguntas básicas son tres:
1) Cuáles son y cómo se constituyen las nuevas formas de pensamiento y organización del trabajo asalariado, hoy que esta mutación de la dominación del capital ha dejado obsoletas a muchas de las anteriores.
2) Cómo organizar, defender y proteger el nuevo y extenso tejido social urbano, cuando la mitad de la población del planeta es ya urbana y más de mil millones, según las estimaciones de Mike Davis, viven en slums, en ciudades miseria, en el despojo hecho vida cotidiana.
3) En qué términos se ubica y se organiza la defensa del territorio, pues los derechos y la reproducción vital de las comunidades agrarias no se resumen en la parcela sino en el territorio. Así es como los movimientos agrarios contra el despojo, en su relación directa con la naturaleza amenazada por el capital, revelan su carácter universal.
Lo que se nos plantea no son sólo cuestiones de análisis y diagnóstico del proceso actual del capital como forma globalizada de la relación social. Son, también y en consecuencia, cuestiones de organización de los seres humanos en ese proceso, dentro de esa relación y contra ella.
Para esas tres preguntas, Los ritmos del Pachakuti nos da algunas claves para abrir las puertas y salir al camino, y algunas propuestas para el andarlo.
* * *

Presentación en “ Casa de Ondas” con la participación de Francisco López Bárcenas.
La nueva revolución boliviana es el objeto concreto del estudio y el tema para anclar en la realidad la reflexión teórica de Raquel Gutiérrez Aguilar.
Raquel estudia un momento preciso, fugaz y tercamente repetitivo: el de la insubordinación social contra los órdenes de la opresión. La insubordinación es recurrente, en tanto expresión violenta de la voluntad humana de existir contra la violencia ubicua de la dominación que la quiere poner a servir.
Esta violencia ubicua es permanente, cultiva el miedo como si fuera la forma obligada de la vida y está en la esencia constitutiva de la dominación y de la relación de dominación/subordinación. Aquella violencia, la de la insubordinación, se nutre de la ira y el coraje y es impermanente o intermitente. Pero es indispensable para la existencia de la voluntad del trabajo viviente, del ser humano que trabaja y con la naturaleza crea riqueza, ese ser que dentro de la dominación nunca cesa de cuestionar y negociar su subordinación.
Esa negociación del mando, que en tiempos normales es la regla, estalla periódicamente en insubordinación para romper y modificar las reglas del mando y la obediencia, para abrir nuevos espacios y horizontes de realización humana y de disfrute de la vida, para mirar más cercanos lo que la autora denomina horizontes de deseo, es decir, horizontes de posibilidades a imaginar y a realizar, herencia teórica de Ernst Bloch y El principio esperanza.
La insubordinación no es un simple estallido espontáneo, nos dice Raquel Gutiérrez, una conmoción de la naturaleza. Es un acto de la voluntad humana múltiple, que no se puede comprender ni explicar como tal si se ignora que esa voluntad se forma en la historia, tanto en la historia larga de las dominaciones y las opresiones como en la historia corta de los actos y las ofensas de los poderes realmente existentes, formados también en esa historia y herederos y usufructuarios de ella.
Dije ofensas y cuando lo digo, digo además y sobre todo humillación, esa relación atroz en que se materializa el hilo invisible e interminable de las dominaciones. La insubordinación, que a escala de una sociedad se llama revolución social, es la ruptura violenta de ese hilo cuando, en la acción común, aflora la antigua convicción consustancial a la subordinación: esto no es justo. Entonces los que se sublevan se lanzan a romper ese orden existente que se quiere hacer pasar por naturaleza humana. Se lanzan a vengar las humillaciones y a afirmar en la acción su propia humanidad, en esa acción que en tiempos ordinarios se llama trabajo y en tiempos extraordinarios se llama revuelta, rebelión, revolución, insubordinación.
De este mismo modo fue como en múltiples estallidos locales, no coordinados pero sí simultáneos, surgió hace un siglo en Chihuahua y La Laguna esa creación única del pueblo mexicano que fue la División del Norte. Sus primeras apariciones fueron a fecha fija, el 20 de noviembre de 1910. En esos días, por ejemplo, una partida de rebeldes mal armados, unos a caballo y otros a pie, tomó fugazmente la ciudad de Torreón al grito memorable de Ahora es tiempo, yerbabuena, de que des sabor al caldo, y luego se remontó a los cerros para proseguir y extender las resonancias de su grito.
Ahora es tiempo: es así cómo empiezan las revueltas, al ahora es cuando. De esas rupturas nos habla Los ritmos del Pachakuti.
* * *

Los ritmos del Pachakuti fue presentado en varias ciudades del país, como Puebla y Oaxaca. En la imagen la presentación en San Cristóbal de las Casas, Chiapas en el CIDECI.
La insubordinación contra los órdenes sucesivos de la humillación, nos dice Raquel Gutiérrez, es permanente y es discontinua. La insurrección, en tanto forma material de la insubordinación, tiene sus ritmos. Raquel acude a la antigua voz aymara Pachakuti para nombrar ese fuego que, según medida, en permanencia se enciende y en permanencia se apaga, tal como el abuelo Heráclito decía de este universo no creado por ningún dios ni ningún hombre sino siempre existente según ritmo y medida.
En una nota al pie reveladora, la autora apunta:
Con esta expresión de permanente aunque discontinua –que podría ser sustituída también por intermitente– me refiero al tipo de ritmos que fundan casi todos los procesos vitales: desde el sístole-diástole del sistema circulatorio hasta los flujos y reflujos de las movilizaciones sociales. Esta pauta de lo que podemos llamar los tiempos vitales se contradice, antagoniza y desborda permanentemente los falsos tiempos homogéneos, idénticos y lineales del capital y del Estado. Pensado así, el problema de la permanencia intermitente de las acciones sociales de desconfiguración del orden dado consiste ante todo en no colapsar los ritmos vivos del antagonismo social en los tiempos idénticos de la normatividad del capital. La posibilidad de ello ocurre, fundamentalmente, en el universo del sentido, del significado y no tanto en los ámbitos de las formas organizativas o de las estructuras institucionales aunque, por supuesto, estas últimas son imprescindibles.
A la autora le preocupa no sólo cernir formas y contenidos de estos procesos sociales, sino afirmar en su análisis lo que denomina la noción de emancipación, como guía para su reflexión sobre los acontecimientos de la revolución en Bolivia y sobre sus significados visibles y no visibles. En la búsqueda de esa noción está contenida su búsqueda del sujeto activo de la emancipación en los tiempos presentes.
En esa búsqueda, recurre a su conceptualización original de cerco y fuga, que viene dicen algunos de sus estudios filosóficos y matemáticos; y, dicen otros, de sus experiencias guerrilleras y carcelarias. Aquí, una vez más, no me queda de otra que recurrir a sus propias palabras para no desvirtuar su pensamiento, o para fugarme del cerco que ese su modo de pensar tiende una y otra vez sobre el mío propio. Escribe ella:
El cerco es una noción a través de la cual busco dotar de sentido a los contenidos profundos de las acciones colectivas de confrontación más enérgica ocurridas en Bolivia entre 2000 y 2005. Se sucedieron en esos años cercos políticos, fácticos y simbólicos contra las decisiones y proyectos de los gobernantes y contra sus prácticas políticas. La fuga, por su parte, es una noción para distinguir el tipo de relación que los movilizados entablan con el orden estatal y el dominio del capital; en el sentido en que utilizo el término, fuga es el antónimo de permanencia, esto es, de subordinación, acatamiento y acuerdo dentro del orden estatal.
Extenso y complejo es el razonamiento que a partir de estas nociones se desarrolla en Los ritmos del Pachakuti. No entiendo ni puedo aquí agotar el tema, por lo demás inagotable. Pero terminaré de complicar este escrito mío con otra definición que en el libro aparece sobre el concepto clave de emancipación:
la emancipación no es sino actividad humana fluida, en confrontación y fuga contra y más allá de aquello que la constriñe. En este sentido, la construcción de autonomía no puede leerse, en clave positiva, sino como fuga y contraposición de la norma heterónoma. Emancipación es, en tal sentido, trabajo vivo que se sustrae al orden del valor –y de ahí la importancia de la reciprocidad, el reconocimiento y la generosidad contra el intercambio medido de equivalentes abstractos- y se despliega convirtiéndose en puro derroche de valor de uso.
Puro derroche de valor de uso –y como tal, no agotable en este discurso del día de hoy– es este libro, Los ritmos del Pachakuti, nacido del estudio, la reflexión, la experiencia y la pasión de ese personaje de nuestras vidas que se llama Raquel Gutiérrez Aguilar.
En su España, aparta de mí este cáliz, escribió César Vallejo: Todo acto y voz genial viene del pueblo y va hacia él, de frente o trasmitidos por incesantes briznas, por el humo rosado de amargas contraseñas sin fortuna. También allí llamó a Francisco de Quevedo abuelo instantáneo de los dinamiteros. El libro de Raquel es una de esas briznas, una de esas contraseñas, siendo ella misma una nieta instantánea de los dinamiteros.
* Leído en la UAM-Xochimilco el 24 junio 2009, en la presentación del libro de Raquel Gutiérrez Aguilar, Los ritmos del Pachakuti –Levantamiento y movilización en Bolivia (2000-2005), Sísifo Ediciones, Bajo Tierra Ediciones, ICSH-BUAP, México, 2009.
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