- Desesperanza y esperanza. John Holloway.
- Estado-esfínter, crisis, sobreacumulación, fascismo y gente común. Julio Broca.
- Cherán: autodefensa y autodeterminación, el tránsito a la autonomía
- La crisis de la hegemonía en Oaxaca: el conflicto político de 2006/Joel Ortega
- Tesis en torno a la autonomía de los pueblos indios. Gilberto López y Rivas
- Policía Comunitaria de Guerrero, investigación y autonomía. Giovanna Gasparello
- Grecia: entre la rabia y la resistencia. Elpida Niku
- ¿crisis terminal del capitalismo? Leonardo Boff
- las revoluciones de la gente común. Raúl Zibechi.
- Esta es la lucha del Consejo autónomo regional de la zona costa de Chiapas
- pensar la emancipación: democracia directa, autoregulación social y gestión colectiva de los bienes comúnes. César Enrique Pineda
- Luchas socioambientales en México: anticapitalismo en defensa de la tierra, el territorio y los bienes naturales. MIna Navarro y César E. Pineda
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- Autonomía urbana: la lucha del Frente Popular Francisco Villa Independiente. Waldo Lao y Anna Flavia.
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- Boletín informativo No. 1 / Encuentro Nacional de Resistencias Autónomas Anticapitalistas
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- Notas, Una Fogata de Solidaridad por Cherán Keri, 26/04/2012
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se realizan presentaciones de pensar las autonomías en la ENAH y la UACM agosto-octubre
| General |
Reseña e intervenciones de
Gilberto López y Rivas/Claudio Albertani y jóvenes en resistencia alternativa

Imágen de la presentación en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.
Practicar las autonomías
Claudio Albertani*
El objetivo de la política no es la felicidad, sino la libertad. La libertad es lo que llamo autonomía. La autonomía de la colectividad, que no puede realizarse más que a través de la autoinstitución y el autogobierno explícitos, es inconcebible sin la autonomía efectiva de los individuos que la componen
Cornelius Castoriadis

El académico y activista libertario Claudio Albertani en su intervencion en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM)
Vivimos en mundo dominado por los desastres ambientales, la alienación mercantil y el pensamiento débil. Mientras se hace evidente el triple fracaso del comunismo estatal, de la socialdemocracia y del neoliberalismo, comprobamos la ineptitud de todos los gobiernos frente a la resolución de los problemas más elementales de la humanidad. Empezada con la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2008, la crisis que nos agobia se traspasó inmediatamente al mundo de las finanzas propiciando un proceso que todavía no concluye de quiebre de bancos y empresas para luego afectar al conjunto de la economía con consecuencias catastróficas en el mercado laboral.
En realidad -escribe Ignacio Ramonet en un artículo que aparece en el último número de Le Monde Diplomatique-, “no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan íntimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y así hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.
¿Cómo podemos salir de este haz de crisis? ¿Apostándole otra vez al mercado? ¿Al Estado? ¿A la economía llamada mixta?
He aquí la pertinencia del libro que nos ocupa. Adscritos a diversas –incluso muy diversas…- corrientes políticas y filosóficas, los autores tienen algo en común: buscan soluciones que trascienden el Estado y el Mercado. Detectan en los comportamientos de hombres y mujeres que luchan en diferentes de la fábrica social convergencias más allá de las obvias diferencias. Piensan las autonomías como una multiplicidad de prácticas y teorías que apuntan al deseo de los individuos y las colectividades de controlar no solamente los asuntos relativos a la economía, sino también los que tienen que ver con otros aspectos de la vida: cultura, comunicación, vivienda, salud, educación, etc. Intentan contestar a la pregunta planteada por los conservadores de todos los tiempo y repetida hoy hasta el cansancio por los servidores del viejo mundo:
quieren destruir nuestra organización social… Muy bien, pero ¿qué pondrán en su lugar?
La respuesta no la tienen los investigadores de cubículo, sino los indignados del mundo que –contrario a las previsiones y a las estadísticas- son cada vez más numerosos. Es bueno recordar que los catorce textos que componen el libro son anteriores a la primavera de los pueblos árabes, al movimiento 15-M y a la rebelión de los estudiantes chilenos, hechos que han redefinido la geografía de la insumisión. Acontecimiento inédito y esperanzador, ahora mismo, Wall Street -el templo de las finanzas y el símbolo del poder imperial- está siendo asediado por hombres y mujeres decididos a apropiarse de sus destinos y a desafiar la policía de Michael Bloomberg ese alcalde de Nueva York que tanto se parece al gobernante de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, el hombre que quiere destruir nuestra universidad, la UACM, en complicidad con nuestra propia rectora.
Los movimientos que se abordan en el libro remiten a un proyecto de transformación radical de la sociedad. Le apuestan a la libre asociación de los productores y la construcción de una democracia radical. ¿Qué es una democracia radical? Es, en opinión de uno de los autores del libro, Gustavo Esteva, un régimen “en donde la gente común gobierna su propia vida” y, añado yo, en donde el individuo no se encuentra subordinado a la colectividad. Una democracia no únicamente como conjunto de reglas y procedimientos, sino como poder del pueblo, Una democracia muy alejada de la tradición autoritaria encarnada en Rousseau, los jacobinos y el comunismo autoritario en sus diferentes versiones.
¿Qué comparten un indígena del EZLN, un inmigrante sinpapeles en cualquier parte del mundo, un habitante de la franja de Gaza alzado contra el colonialismo israelí, un monje tibetano que protesta contra la ocupación china, un piquetero argentino, una trabajadora de la industria maquiladora y un estudiante inconforme de la UACM? ¿Qué tienen en común sus luchas? Y además: ¿Qué entendemos por autonomía? ¿Un ideal? ¿Una organización? ¿Una filosofía? ¿Una corriente política?
Me parece que las prácticas de autonomía rebasan las definiciones políticas, jurídicas y filosóficas. Remiten a una necesidad amplia y difusa de cambio radical, a la voluntad de emancipación total de mujeres y hombres en este principio de milenio. Estas prácticas no apuntan a una nueva forma de organización del Estado-nación, un poco más benévola, tal vez, pero siempre cocinada e impuesta desde arriba. Las prácticas de autonomía, donde existen, apuntan a la extinción de todos los poderes separados de los individuos. No se puede pensar la autonomía desde la heteronomía, la regulación impuesta desde afuera ya sea por el Mercado o el Estado.
Y es que las prácticas de autonomía a las que nos referimos no tienen relación alguna con el libre albedrío, esa ilusión teológica y autoritaria. Mucho menos tienen que ver con el engaño de la economía neoclásica por el cual la sociedad debería pensarse como un conjunto de individuos “autónomos” y privatizados que se juntan únicamente para el beneficio personal. Pero tampoco tienen que ver con la llamada “descentralización”, ni con las autonomías regionales al estilo europeo. Históricamente –sigue Esteva-, la descentralización ha sido un expediente empleado por los Estados centralistas para imponerse sobre el ejercicio independiente de las libertades locales y hacer más eficiente su administración.
La autonomía como la entendemos aquí es una senda de resistencia práctica y teórica, individual y colectiva. Es la lucha de los proletarios contra la proletarización, de los individuos contra la dominación, de los indígenas por el territorio, de las mujeres por el cuerpo. En palabras de Raoul Vaneigem, es la lucha de la especie humana por inclinar la balanza del universo a su favor.
La autonomía es un proyecto anticapitalista de sociedad nueva en donde las mujeres y los hombres participan en la producción y reproducción de la vida, sin explotación, discriminación ni opresión. Es un proyecto que implica el uso intensivo de la creatividad colectiva. Es el potencial de auto-transformación que yace dormido en los intersticios de la sociedad actual y que todos podemos despertar.
Lejos de reducirse a una especulación, el proyecto de autonomía tiene raíces históricas profundas y está orientado prácticamente. En los años cincuenta del siglo XX y hasta bien entrados los setenta --cuando gran parte de la izquierda oficial todavía se encontraba dominada por el comunismo soviético-- en Europa y en Estados Unidos grupos minoritarios de la izquierda radical empezaron una reflexión que se revelaría muy fecunda. Rompieron con las diferentes ortodoxias marxistas-leninistas, afirmaron la necesidad de la lucha autónoma del proletariado y, al mismo tiempo, reconsideraron la historia del movimiento obrero. Y se solidarizaron con las revueltas de los trabajadores del mundo mal llamado socialista que se levantaban contra la burocracia en nombre del poder obrero.
Algunos comprendieron que el asalto del viejo movimiento obrero contra el capitalismo se había agotado y que nada podría revivirlo. Se hizo evidente que era necesario un nuevo comienzo. Con la difusión de la sociedad de consumo, la penetración del capitalismo había alcanzado la totalidad de la vida cotidiana, ahora reducida a mera “sobrevivencia”. Despojada de toda autenticidad, la vida social se había transformado en representación o, mejor dicho, en una inmensa acumulación de espectáculos.
El proceso de valorización había rebasado la producción material para invadir el mal llamado tiempo libre y la fábrica capitalista se convertía ahora en “fábrica social” en donde los humanos eran comparsas del poder. Esa siniestra utopía capitalista de dominación total se tropezaba, sin embargo con el problema de siempre: la insumisión de los humanos. Y es que el antagonismo obreros-capital -que Marx había descrito magistralmente en su crítica de la economía política-, ya no se limitaba a los centros de producción sino que estaba en todas partes, aunque de manera mistificada.
En la nueva situación, la descolonización de la vida cotidiana asumía ahora un papel central. Si el capital se había adueñado del ciclo de la reproducción biológica, luchar por la autonomía implicaba luchar por la independencia del tiempo social frente a la temporalidad del capitalismo.
Con diferentes matices, aquellas reflexiones pioneras se encuentran plasmadas en las obras de Cornelius Castoriadis, Guy Debord y Raoul Vaneigem en Francia –a saber los grupos Socialismo o Barbarie y la Internacional Situacionista--; de Raniero Panzieri y Danilo Montaldi -o sea el obrerismo italiano-, de Raya Dunayevskaya y C. R. L. James, es decir la izquierda radical norteamericana y el incipiente movimiento de los negros, las mujeres y las minorías oprimidas. De estas experiencias y de la tradición anarquista hablo en mi propia contribución al libro. Aquí basta con señalar que, así entendido, el pensamiento “autonomista” se gestó en el umbral de un periodo extraordinario de luchas sociales que culminó en el prodigioso año de 1968 involucrando un crisol de prácticas y teorías.
Agotada aquella temporada, el terremoto social se trocó en la desregulación capitalista, en el neoliberalismo y en un repliegue de los movimientos sociales. El rechazo generalizado a la explotación desembocó en la informatización de las fábricas, en el desempleo, y en la flexibilización del trabajo. Sin embargo, no todo se esfumó y el principio de autonomía quedó como referente de agregación para algunos sectores del proletariado juvenil europeo.
A partir de finales de los años setenta, la palabra clave fue resistencia. En Italia, los llamados “centros sociales” –agrupaciones juveniles que florecieron en los barrios marginales de las metrópolis- promovieron formas de agregación propias, prácticas de contracultura y luchas minoritarias de enfrentamiento directo contra la policía y los grupos de extrema derecha. En otras partes, se reforzaron las luchas feministas, el movimiento antimilitarista, el antinuclear y el de los okupas, por ejemplo en España, Holanda y Alemania donde barrios completos eran ocupados por los jóvenes sin vivienda.
Vino la caída del llamado socialismo real y a pesar del triunfalismo de los poderosos, la larga historia de las clases peligrosas no terminó. Y es que, mientras producía miseria y destrucción en una escala nunca antes conocida, la globalización creaba también una nueva contemporaneidad, así como desconocidas posibilidades de comunicación e interacción.
En 1992, las contra-celebraciones del Quinto Centenario de la conquista de América abrieron paso a una nueva estación de resistencia indígena que empezó a entenderse de manera inédita tanto en Europa como Estados Unidos. Con la revuelta zapatista de 1994, arrancó un ciclo internacional de rebeldía que buscó incorporar la enorme sabiduría de las poblaciones indígenas a las demandas de la sociedad civil mundial. Y se construyeron nuevas sendas de solidaridad. Por su parte, los insurrectos de Chiapas recogían la añeja reivindicación indígena de autonomía insertándola en un nuevo discurso que presentaba ciertas analogías con la experiencia madurada en Europa en las décadas anteriores.
Sus puntos medulares se centraban en la crítica del poder, de los partidos políticos -incluidos los de izquierda-, en el abandono de la idea de vanguardia, en la apasionada reivindicación de los vínculos comunitarios y en la necesidad de establecer una nueva relación con la naturaleza. Esa que no tardó en llamarse “teoría de la selva” (el término lo acuñó Pablo González Casanova) encontró oídos atentos en los sectores “autonomistas” que todavía resistían en las entrañas de los movimientos sociales europeos.
Es claro que las demandas de los pueblos indios no se fundamentan en el antagonismo social como se entiende en Europa, sino en la tradición normativa de las antiguas civilizaciones mesoamericanas. Sin embargo, había también algunos puntos de contacto. Los indígenas rebeldes no buscaban únicamente “su” autonomía, sino que pretendían crear espacios públicos en donde todos los grupos y comunidades tendrían la posibilidad de debatir libremente estableciendo cada quien sus propias formas de gobierno. Su práctica se enlazaba con la democracia radical y autogestiva que soñaban los “indios metropolitanos”, es decir los insumisos de Occidente. Suponía -como había sucedido en Ucrania en 1919 y en Cataluña y Aragón en 1936- una federación de poderes locales y un sistema de delegados revocables que interactúan de abajo hacia arriba.
Por esta vía, la revuelta zapatista se enlazó con las numerosas resistencias que se dan en el mundo globalizado, como parte del conflicto inherente a las sociedades modernas. Con una diferencia. Desde Chiapas nos llegaba un mensaje explicito de fraternidad universal que en otros lugares no se expresaba con igual claridad. Y una invitación: retomar las tradiciones emancipadoras de los muchos mundos que contiene nuestro mundo globalizado para abrir paso a la autogestión generalizada.
Profundizar la discusión sobre estos temas es la razón del libro que nos ocupa. El objetivo no es, evidentemente, encontrar modelos teóricos aplicable en todas partes. Tampoco establecer reglas o recetas, sino estimular el debate sobre la reinvención de la política que, en todas partes, se impone hoy como una necesidad práctica impostergable.
No puedo concluir esta presentación sin aludir a la situación que nos toca vivir en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Hablar de autonomía hoy en un plantel de la UACM no es ni puede ser un asunto meramente teórico. Nos encontramos en medio de una lucha cuyo eje principal es precisamente la autonomía. Hablar de autonomía aquí y ahora implica hablar de la lucha que estudiantes, trabajadores y académicos libramos para preservar y profundizar un proyecto de educación noble e incluyente que está siendo socavado por nuestras propias autoridades.
¿Por qué? Porque abrir la educación a los excluidos de siempre y fomentar procesos de auto-aprendizaje es un delito imperdonable, porque nuestra institución es una piedra en el zapato del capitalismo académico y de las políticas educativas imperantes en México y en el mundo entero. Por que la UACM es una universidad a contrapelo, una anomalía que no encaja en los planes de Marcelo Ebrard, el alcalde de la represión y los grandes negocios, ni de Esther Orozco, la rectora terminator.
Y sin embargo, tenemos derecho a existir. Somos la única institución pública de educación superior en el mundo que ha suprimido el examen de admisión, la única institución pública de educación superior que separa el curriculum – ese “ritual de iniciación” para legitimar las castas dominantes, según la definición de Iván Illich- de la posibilidad de estudiar.
Aquí y ahora, lo más importante para nosotros es la lucha por la autonomía. En el caso de una universidad, la autonomía no se limita a los aspectos jurídicos y normativos que también reivindicamos. La conquista de la autonomía es el eje de todo proyecto pedagógico que se toma en serio, a la vez que su bandera y valor ético más importante.
Según Raoul Vaneigem el camino hacia la autonomía se parece al de un niño que aprende a caminar. No va sin lagrimas y esfuerzos: el riesgo de caer, de lastimarse, de sufrir añade a los primeros pasos el impedimento del miedo. Sin embargo, la sociedad nueva comienza donde comienza el aprendizaje de una vida nueva. Una vida que se percibe y se comprende en los reinos minerales, vegetales y animales de los cuales los seres humanos procedemos y que tratamos con tanta inconciencia y desprecio. Una vida sin miedo, sin apremio, sin culpa que conjuga la conciencia y el goce de sí y del mundo.
* Texto leído el 4 de octubre de 2011 en el Plantel del Valle de Universidad Autónoma de la Ciudad de México, en ocasión de la presentación del libro de autoría colectiva, Pensar las autonomías. Alternativas de emancipación al capital y al Estado, Bajo Tierra y Sísifo Ediciones, México, 2011.

Imágen de la presentación de Pensar las autonomías en la UACM
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Reseña de Gilberto López y Rivas

En la imágen, el abogado mixteco Francisco López Bárcenas, el antropólogo Gilberto López y Rivas y la vocera de jovenes en resistencia alternativa en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. (ENAH)
El libro Pensar las autonomías: Alternativas de emancipación al capital y el Estado, (México: Bajo tierra Ediciones-Sísifo Ediciones, 2011), coordinado por Jóvenes en Resistencia Alternativa, es un esfuerzo colectivo en el que se reúnen trabajos de 14 autores que hemos venido estudiando las autonomías en sus polivalentes significados políticos y en sus diversas aplicaciones espaciales-territoriales...
Nuestros editores plantean la necesidad primordial de desmontar los paradigmas dominantes del pensamiento hegemónico, pensando en ocasiones a contracorriente --o a contrapelo-- del propio discurso de la izquierda, divulgando modos, formas, ideas y debates muy otros. Por ello, creen “firmemente que son necesarias y urgentes herramientas para la transformación social emancipadora, teóricas y prácticas, estrategias organizativas, del pasado y del presente, locales y globales, por lo que cualquier aporte en ese camino fortalece nuestra resistencia al capital y al Estado.” (p. 11)
La crisis civilizatoria que acompaña a la actual etapa de transnacionalización neoliberal, demanda una actualización del debate sobre las alternativas sociales, políticas y productivas al capitalismo desde distintos enfoques y perspectivas. De ahí la importancia de trabajos que analizan este entretejido de relaciones horizontales, cooperativas y de reciprocidad, además de esta enorme diversidad de formas alternativas productivas, democráticas y de gestión de los bienes comunes y naturales (p. 9), a partir de la idea principal de organizar, crear, resistir y, sobre todo, construir los experimentos de reorganización social desde abajo aludiendo a la palabra autonomía para estas prácticas (p. 9).
Para esto debe de haber una comprensión multidimensional, compleja y polisémica del significado de autonomía, que va desde la independencia de la clase política y sus partidos, hasta una forma organizativa de los pueblos indios; desde una forma de expresión de la protesta social, hasta la posibilidad de la autorregulación generalizada de distintas colectividades (p. 10). Por ello, es necesario un debate decisivo para la acción política hoy, para el sentido del cambio social, de la transformación radical y de las alternativas civilizatorias al capital y al Estado; debemos reflexionar las rutas de emancipación considerando que esa reflexión es un momento de la lucha misma (p. 10).
Las autonomías han surgido como un fenómeno emergente todavía en nuestro tiempo, pues sin duda se han mantenido en la historia contemporánea como expresión de libertad, justicia e igualdad entre la sociedad, la cultura y los pensadores que se han propuesto descifrarlas, estudiarlas y concretarlas. Está de manifiesto en la obra en comento, la presencia loable interdisciplinaria de las formas de abordar el tema autonómico, que como bien señala Massimo Modonesi (pp. 23-52), mantiene referencias conceptuales desde el marxismo y los marxismos, pues en su calidad de reacción contra el capitalismo y las concepciones hegemónicas del Estado, puede encajar dentro de un anarquismo propositivo que busca alentar y reivindicar todas las representaciones ideológicas incluyentes y fuera del control y el poder centralista manifestado en el capital y su Estado, que incluso, puede y debe mantener entronques con las llamadas “minorías”, tanto en poblaciones rurales como en las grandes urbes (Albertani pp. 53-79).
La intención de este texto es abrir el pensamiento a numerosas posibilidades y potencias del camino de las autonomías y, con este objetivo, advertir sus peligros, riesgos, contradicciones, incertidumbres y dudas. De aquí que se hayan reunido un conjunto de coordenadas, señales, pistas y signos, difusos e incompletos, pero que una y otra vez deben intentar ser contestados y reformulados críticamente (p.12).
Las autonomías son presentadas desde tres rubros en esta publicación; el primero, bajo el título de “El largo camino de las autonomías” (pp. 23-149), reúne tres distintas perspectivas desde donde han sido abordados estos procesos: el marxismo, el anarquismo y los pueblos indígenas latinoamericanos.

El texto de Massimo Modonesi: “El concepto de autonomía en el marxismo contemporáneo” (pp. 23-52), conceptualiza históricamente a las autonomías y analiza cómo han sido interpretadas en las versiones más ortodoxas de esta corriente de pensamiento, cuando han intentado acercarse a las ideas del propio Marx (p. 24) en relación a la independencia de clase, a la autonomía política del proletariado, selbsttâtigkeit, en alemán; se destaca Rosa Luxemburgo en cuanto a su debate sobre la cuestión de las nacionalidades y su insistencia en el “movimiento mismo” de la clase (Luxemburgo, 1969: 47), y en la espontaneidad como recurso, apuntando hacia la experiencia de la “lucha cotidiana” (Ibíd.: 61), como factor fundamental de diálogo entre el ser social y la conciencia social; de aquí la principal idea de autonomía como emancipación (p. 30).
Desde la perspectiva de Anton Pannekoek y su “consejismo”, en tanto producción teórica, se explica cómo todo gira alrededor de la idea de autonomía social y política de la clase trabajadora como conjunto de prácticas y experiencias de autodeterminación que se despliegan en dirección de la ocupación y autogestión de las fábricas en su calidad de clase obrera, lo que a su vez no se traduce en una teorización del concepto de autonomía en cuanto tal (p. 32).
Todo, desde las contribuciones del grupo Socialismo o Barbarie que articula las nociones de autonomía como independencia y como emancipación en función del conjunto de dinámicas subjetivas correspondientes, lo cual, constituye una perspectiva original en el seno del debate marxista y un referente fundamental para desarrollar las connotaciones y el alcance subjetivo del concepto (p. 34). En este sentido, se trata de reunir y de integrar dos grandes líneas teóricas que consideran la autonomía como horizonte y proceso de emancipación a partir de un diálogo constante entre la propia espontaneidad y la conciencia entre pares y, además, considerando el sujeto sociopolítico como capaz de separarse de la clase dominante. Así, se imbrican los conceptos de autonomía junto con el de subalternidad y antagonismo como indispensables para entender y abordar los procesos de subjetivización política que avanzan hacia la emancipación.
Claudio Albertani (pp. 53-70) se sumerge en el mismo tipo de construcción histórica a partir del pensamiento libertario, sobre todo aquél que rescata el concepto de la autonomía desde la tradición del socialismo utópico y el anarquismo, rechazando el protagonismo obrero como único sujeto revolucionario, posicionando la conquista del Estado como fin último de la revolución y no sólo desde un colectivo, sino desde la misma presencia individual en cuanto a la lucha que debe ejercerse, sobre todo, partiendo de las posibilidades latentes en los márgenes de la dominación social y la tarea correspondiente a las minorías subalternas, como los negros, indígenas, gays, --y el caso específico de las mujeres--, en la descolonización de la vida cotidiana que debe expandirse, por sobre todas las cosas y hechos, hacia la humanidad entera.
La problematización del caso de los pueblos indios desde sus orígenes, posibilidades y el mismo desarrollo de las luchas indias por la autonomía, están presentes en el trabajo de Francisco López Barcenas (pp. 71-106): “Las autonomías indígenas en América Latina”, en el que el autor las observa como uno de los obstáculos más difíciles de allanar para la dominación por parte de las metrópolis globales y las dirigencias nacionales; concluye externando su confianza en que la resistencia y la emancipación deben ser los derroteros a seguir no sólo por ellos, sino por las sociedades en que se desenvuelven, y los Estados, que sin considerar sus necesidades, se hacen menos viables.

Por mi parte, en el capítulo: “Autonomías indígenas, poder y transformaciones sociales en México” (pp. 107-120), realizo un recuento de los daños y límites del socialismo real en relación con los movimientos revolucionarios latinoamericanos que sostuvieron una relación instrumental con los pueblos indígenas, debido al arrastre de desviaciones y reduccionismos como el obrerismo y el economicismo. A pesar de ello, comienzan a desarrollarse las autonomías indígenas, que en el caso de México, se ven reflejadas nítidamente en los mayas zapatistas, como una inspiración ineludible para reconocer una orientación anticapitalista solidaria y ética.
Por último, en esta primera parte, Gustavo Esteva en: “Otra autonomía. Otra democracia” (pp. 121-149), parte de la autonomía como un proyecto político que propone la resistencia de los pueblos indios y que hoy constituye un esfuerzo de liberación compartido con muchos otros grupos sociales. A manera de ejemplo –y al igual que en mi caso--, Esteva toma como referente la irrupción en 1994 del alzamiento zapatista que cuestionó la esencia misma del debate político. De aquí que se presenten los alcances que tiene la autonomía para los pueblos indios y también, el sentido que adquiere el término mismo al incorporarse al esfuerzo cooperativo de la sociedad civil, donde se manifiesta una concepción de democracia propia que no tiene cabida en la forma Estado, pues representa una propuesta de transformación de la sociedad basada en comunidades rurales y urbanas en las que se establecen relaciones de nuevo tipo para enfrentar los desafíos contemporáneos.
La segunda parte del libro trata acerca del antagonismo y contradicción en las autonomías, desde la perspectiva, en primer término, de Mabel Thwaites Rey y su capítulo: “La autonomía: entre el mito y la potencia emancipadora” (pp. 151-214); aquí, la autora parte de las ideas autónomas y gramscianas para describir en el caso de Argentina, la confrontación entre los distintos saberes teóricos y políticos que se han producido y etiquetado desde la gestión de lo social después de la renuncia del Estado durante el apogeo neoliberal y la coincidencia entre el neoliberalismo y la autonomía en su rechazo al Estado, y de ahí, las múltiples gradaciones políticas, sociales y económicas que se engloban en la autonomía y la forma asamblearia que las tomas de decisiones implicaban. Toma como trascendental el que las comunidades redescubrieran las riendas de lo político y alerta sobre la importancia de entender la autonomía no como un lugar o situación dadas, sino como un camino que no es de fácil tránsito y que demanda la superación colectiva de las contradicciones que se presentan en cada lugar donde se desarrollen estos procesos.
Ezequiel Adamovsky en: “Problemas de la política autónoma: pensado el pasaje de lo social a lo político” (pp. 215-244), reflexiona en torno a la búsqueda de una política emancipatoria efectiva, refiriéndose a articular la cooperación de los movimientos con la gestión global de la sociedad. De aquí que haya encontrado las dificultades en los movimientos emancipatorios anticapitalistas, los problemas heredados de la cultura de la izquierda tradicional, resaltados anteriormente en mi capítulo (pp. 115-119), y los límites de las formas organizativas conocidas; a lo que propone, la construcción de una organización de nuevo tipo que pueda convertirse en una interfase autónoma que posibilite la articulación de los movimientos con la gestión de la sociedad y que, al mismo tiempo, anticipe los posibles cursos de acción para una política radical, formas de vida y organización post capitalistas, que deben insertarse en la misma dinámica que el entorno sociocultural que cada lugar proyecte.
Raúl Zibechi, por su parte, en “Las zonas grises de las dominaciones y las autonomías” (pp. 245-260), analiza como el Estado y los movimientos antisistémicos se disputan los territorios para lograr el apoyo de los sectores populares y, de esto, retoma dos ejemplos que aluden a movimientos emancipatorios que tienen que ver con la aplicación de políticas especiales destinadas a neutralizarlos; uno de ellos, proveniente de Colombia, de la zona rural del Cauca, que fue definida como prioritaria para la instrumentación del Plan Colombia en 2006, donde el pueblo indígena Nasa sufre las consecuencias de políticas que pretenden desmantelar el proceso político organizativo que resiste y construye su plan de vida como alternativa al modelo transnacional. El segundo ejemplo se encuentra ilustrado en las zonas periféricas de Santiago de Chile y muestra la forma en que operan las políticas sociales ancladas en el “combate a la pobreza”. De aquí que sea necesario un acercamiento a las autonomías alejadas de toda dinámica de Estado, pues se encuentran en relación directa con la colateralidad y falta de criterio gubernamental para su propio funcionamiento.
En “Especificidades y desafíos de la autonomía urbana desde una perspectiva prefigurativa”, de Hernán Ouviña (pp. 261-287), se plantean algunas hipótesis en relación a la construcción de la autonomía urbana, espacio separado de las construcciones del ámbito rural, indígena y comunitario; aquí, la construcción autonómica debe concebirse de manera prefigurativa, a través de la impugnación del orden dominante y sin esperar la conquista del poder, estableciendo relaciones y procesos de tipo nuevo, tendientes a la horizontalidad y si, disputando la hegemonía sin tratar de ser vanguardia, entendiendo que el programa político no precede a los sujetos autónomos, sino que éstos se constituyen a partir de las luchas en territorios y espacios en disputa que habitan y edifican en común.
En esta segunda parte se intenta problematizar desde distintas visiones, el desarrollo práctico de procesos de construcción autónomos: desde las contradicciones de la horizontalidad, hasta la relación con el Estado hoy; desde la tendencia al aislamiento y la micro política de los procesos autónomos y de las dificultades de una política alternativa frente al Estado, hasta los límites de la construcción autónoma en las urbes (p. 13). Entonces, se enriquecen las propias contradicciones, los límites y vacíos intrínsecos en ellas.
En la última y tercera parte: “Más allá del capital y del Estado”, se analiza las nuevas epistemologías y las críticas a la forma Estado, así como a las formas de propiedad y organización y, a su vez, se exponen las nuevas formas de entender la revolución y la misma emancipación, gracias a los trabajos expuestos por Benjamín Arditi, John Holloway, Sergio Tischler, Raquel Gutiérrez y Ana Esther Ceceña
En el texto de Benjamín Arditi: “Agitado y revuelto: del “arte de lo posible” a la política emancipatoria” (pp. 289-316), se exploran las políticas de emancipación, polemizando con la caracterización realizada por Otto Von Bismarck acerca de la política como “arte de lo posible” y tomando distancia de las visiones escatológicas de la emancipación del tipo de las asociadas con el jacobinismo con el propósito de desestabilizar las fronteras entre lo posible y lo imposible y entre política revolucionaria y no revolucionaria, pues, la agitación desde esta perspectiva sobrevive como periferia interna de la política institucional en las democracias liberales, haciendo ver que ésta, en combinación con la política emancipadora, hace surgir la “acontecimentalidad” del acontecimiento y permite vislumbrar el papel de lo imposible, de dónde introduce una definición mínima de emancipación como disputa respecto a si las condiciones actuales impulsan o dañan la igualdad y la libertad y de esto, si otro mundo es o no posible.
John Holloway en su capítulo: “Las grietas y la crisis del trabajo abstracto” (pp. 317-336), propone comprender las autonomías como grietas en la dominación capitalista, retomando el concepto marxista del carácter dual del trabajo y la distinción entre trabajo abstracto, en el que toda cualidad es reducida a cantidad, y trabajo útil y concreto que es actividad humana creativa-productiva o hacer. La clave para entender las autonomías está en la revuelta del hacer contra el trabajo, desarrollando la idea de que la esencia de las autonomías es la negación y un hacer alternativo, sugiriéndonos pensar estos momentos de otro-hacer como grietas o intentos de proyectarse “en-contra-y-más-allá” de la lógica racionalista capitalista.
En el artículo: “El quiebre de la subjetividad de la forma Estado y los movimientos de insubordinación” de Sergio Tischler (pp. 337-350), se retoma el llamado marxismo abierto cuando se revisa la importancia de la lucha de clases o por el Estado, idealizadas desde la práctica revolucionaria leninista. Aquí se desglosan los análisis gramscianos de hegemonía, dominación, bloque histórico, que derivaron como ineluctable la forma partido como el único medio para obtener el poder, que posteriormente retoma desde la visión de Weber y pondera el reemplazo de una subalternidad por otra y de ahí, el cambio de explotadores, producto de la forma Estado y donde se deviene el proletario. Vislumbrando como valioso agente de cambio el flujo social de la rebeldía, sin dejar de lado su componente de negación a aceptar lo que somos como algo dado e inmutable y sobre todo, detonando la autodeterminación social y para que todo esto sea superado, es necesario prevalecer sobre la forma dominio/subordinación en relación con la organización de la lucha como emergente del flujo, y no como determinante primario.
En el capítulo: “Sobre la autorregulación social: imágenes, posibilidades y límites” (pp. 351-374), Raquel Gutiérrez Aguilar maneja la conceptualización de la autorregulación social desde abajo y la emancipación social desde el acercamiento a la guerra del agua en Cochabamba (Bolivia) durante el año 2000; suceso de experiencia popular y masiva que revirtió el proceso privatizador del vital líquido y de esto, se ofrece un panorama más rico y matizado en el cual resalta la apropiación masiva de lo político y la determinación de que algunos recursos son propiedad social indiscutible así como la toma de decisiones no jerárquicas y consensuadas que constituyen una ganancia invaluable para el pueblo boliviano que libró esta paradigmática lucha.
Por último, Ana Esther Ceceña en: “De los desafíos y los nudos” (pp. 375-399), muestra los alcances del capitalismo como sistema organizado para la competencia y la ganancia, que han puesto en situación de emergencia a la humanidad, en un momento en que los pueblos, los movimientos y los sentidos colectivos se han orientado hacia la necesidad de reorganizar la vida sobre otras bases y normas de funcionamiento; de aquí, se analizan los desafíos para salir del capitalismo y enfrentar los procesos de emancipación. Se señala la necesidad de abandonar las prácticas sociales propias del capitalismo, esto es, el tránsito hacia una democracia descentralizada para lograr la unidad en la diversidad y, por ende, construir nuevas institucionalidades y saberes colectivos, pues organizar y producir la vida como un acto de libertad y autonomía es necesario y permanente para acercarnos proporcionalmente a una armonía social acorde con nuestras propias capacidades.
Las autonomías deben ser trabajadas objetivamente para el propio desarrollo de sus capacidades. Y no sólo esto: es tarea y corresponsabilidad de los pares académicos y los sujetos endémicos el desarrollo de teorías y etnografías alusivas a cada uno de los rubros y ejes metodológicos desde son abordadas, pues no debe guardarse ningún tipo de sesgo. Por ello, será trascendental el apoyo y manejo de la información de una forma argumentativa, razonable, creativa y, sobre todo, justificada a quien pretenda postrarse sobre este fenómeno y paradigma sociocultural.
Desde las autonomías indígenas hasta las autonomías minoritarias en las urbes y en las comunidades rurales, de Norte a Sur, de Este a Oeste, de Europa a América Latina, debemos guardar el respeto por los derechos humanos y por las diferencias que nos han constituído a lo largo de la historia, pues el respeto y la educación han sido y seguirán siendo la base para nuestras propias representaciones y nuestros propios pensamientos como colectivos y como individuos; donde quiera que sea debemos encontrar los espacios propicios para manifestar la importancia radicada en nuestras diferencias y, de esa forma, defender nuestra libertad, nuestra igualdad y nuestra justicia por encima de los poderes hegemónicos, el capital y el Estado, que tanto han frenado y doblegado las voluntades ajenas a sus principios y a sus intereses.

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Más razones para las autonomías
jóvenes en resistencia alternativa
I.
Este libro es una necesidad teórica de una práctica política cotidiana. Desde jóvenes en resistencia alternativa, desde su organización inicial, partimos de una negación. No sabemos bien a bien como fuimos llegando a dicha negación, pero estamos convencidos de ella. Es la negación a ser dominados. Es la negación de la política tradicional. Queremos hacer política, pero nos negamos a hacerla en las coordenadas, ritmos y formas que desde arriba dictan y canonizan lo que es la política, es decir la política de los poderosos. Nos negamos a orbitar alrededor de sus pugnas, de sus proyectos, de su hegemonía, de sus ideas limitadas y limitantes, de su práctica política corrupta y corruptible, de sus discursos aburridos, engañosos, estériles. Nos negamos. No queremos ser objetos, títeres de la clase política. No queremos que se nos diga cuando luchar y cuando regresar a nuestras casas, no queremos que nos manden, por brillante o clarividente que sea cualquier liderazgo de la llamada izquierda. Esa forma de hacer política para nosotras, nosotros no tiene sentido, está muerta: nos condena a hacer una política de espectadores, a observar una política ajena, la de ellos, la de los de arriba. No es que pensemos que la clase política y el Estado sean irrelevantes, pero sabemos con certeza que para ellos, nosotros sí lo somos. No es que pensemos que da igual quien gobierna, ordena y controla desde arriba, pero lo que sabemos es que queremos una política para que nadie nos ordene, nos controle ni nos gobierne a su antojo. Negamos esa política, y en esa negación nos fuimos encontrando con otras y otros, fuimos abriendo los oídos y los ojos, fuimos viendo otras prácticas, otros mundos, en México y en otras partes fuera de México. Vimos que mucha gente en todas partes también negaba y se negaba a orbitar alrededor del poder; vimos que muchos otros y otras se negaban como nosotras y nosotros. Se resistían, pero también generaban otras políticas. En ocasiones a esas prácticas les llamaban y las nombran con la palabra AUTONOMIA; es decir, en ocasiones a esa otra forma de hacer política algunos les llaman autonomía.
II.
Este libro es una necesidad política frente a la política de lo posible. Nos dicen que no es posible, que no hay otro modo sino el modo del dinero, del poder y de la guerra que es este sistema que algunos llamamos capitalismo. Nos dicen que es imposible, que es muy difícil cambiar, que es mejor ir a lo posible, a los caminos que sabemos –porque lo sabemos- no cambiarán mucho, pero nos harán vivir un poco mejor. Algunos nos dicen que estamos locos. Que sí, que después de pensarlo este sistema que todo vende y quiere que todo se venda es, simplemente una mierda. Que en eso tenemos razón. Pero nos aseguran que la única forma, la única vía para el cambio, para poco a poco mejorar, hacer vivible el mundo, es la ruta que nos dicen desde arriba. Que no hay más. Que estaría muy bien que todos nos organizáramos, pero eso va a tardar. Nos dicen que ya no es posible en el mundo moderno, en las ciudades, otra forma de gestionar la vida. Que estaría muy bien construir esas autonomías, pero que esa solución no es para todos. Es imposible nos dicen. ¿Pero quién ha definido lo posible? Nosotr@s pensamos que es el poder quien lo ha hecho. La política de lo posible es el arte de maniobrar en lo establecido, de acomodarse y reacomodarse una y otra vez dentro del corralito que es la política dominante. La política de lo posible es gestión del orden, de lo dado. Pero nosotros queremos una política que redefina lo posible, que irrumpa en lo dado-dominante. Queremos, si se quiere, una política de lo imposible. Queremos una política de la potencia y la posibilidad, no de la sujeción y el acomodo. Una política desde lo polifónico y no desde el monólogo del poder. Desde lo múltiple horizontal y no desde lo monocromático vertical. Una política como posibilidad abierta. Una política para la libertad, para la emancipación. En ocasiones esa política como potencia, como construcción abierta e incierta de libertad en la historia y en las ideas, algunos le han llamado AUTONOMIA.
III.
Este libro es una necesidad práctica sobre cómo romper lo dado, sobre cómo pensar esos caminos de liberación y emancipación. Sobre cómo hacemos camino al andar, sobre cómo caminamos preguntando. Y es que en el pasado, pero también ahora, de otra forma, se nos pide que esperemos. En el futuro quizá las fuerzas correctas tomarán el mando. En el futuro, quizá se hagan las políticas correctas. En el futuro, si preparamos bien la correlación de fuerzas, el candidato adecuado, las alianzas necesarias, las campañas mercadotécnicas eficientes, estaremos mejor. Si el fin justifica los medios, entonces tenemos que aprender a vivir y hacer política hacia la espera de un gobierno mejor, pensando que lo importante es el resultado, la toma del poder y de ahí, una política para el pueblo. Pero nosotros decimos que medios son fines a la vez. Que si queremos democracia radical para mañana tenemos que hacer democracia radical desde hoy. Que si queremos relaciones solidarias, cooperativas, fuera de la lógica del dinero para mañana, tenemos que experimentarlas desde hoy. Que si luchamos contra la homofobia, el sexismo y el racismo en la sociedad, no podemos en nuestra vida cotidiana y en nuestras luchas reproducir las prácticas del dominio hoy. Que desde hoy debemos a construir ese mundo, esas relaciones alternas a la dominación que soñamos generalizadas mañana. Por ello el camino no sólo es medio sino también fin en sí mismo. Es política propia y no para otros. Es revolución hoy y no mañana, en la vida cotidiana y no hasta la toma del poder. A eso, algunos le llaman prefiguración, es decir que nuestras prácticas sociales alternas experimentales hoy, son ya un poco de ese mundo nuevo. A esas prácticas prefigurativas, que intentan des- sujetarse del capital pero también del Estado, algunos les llaman Autonomía.
IV.
Eso nos lleva a la última razón por las autonomías y es la importancia de estos experimentos sociales desde abajo que se construyen por todo el orbe y con especial profundidad y radicalidad en América Latina que se llaman juntas de buen gobierno, fábricas recuperadas, agrovillas, policías comunitarias, radios comunitarias, sistemas de autoregulación del agua y muchas más. Estas experiencias, asediadas, contradictorias, presas de la represión o de la cooptación no sólo son la posibilidad de hacer una política autónoma ni de tener una estrategia de lucha social alternativa a la dominante. Estas prácticas prefigurativas, embrionarias, incipientes, son quizá, las piezas sueltas de un rompecabezas diseminadas por todo el orbe para superar el capitalismo.
Las prácticas autónomas, de autoregulación y autodeterminación desde abajo son, quizá, los hilos para tejer un entramado social poscapitalista. Cada hilo, de manera separada pareciera solamente una alternativa local, focalizada; pero si se les reúne, pueden ser un sistema alternativo democrático de gestión colectiva, de cadenas de producción, creación y autogestión de la vida y de mecanismos organizados de gestión de los bienes comunes. Señalan desde su particularidad un programa de programas, un sistema de alternativas. Todas estas prácticas entrelazadas indican posiblemente, la forma, funcionamiento, organización, mecanismos, dispositivos y modos de relación social de un posible sistema poscapitalista. Por ello estas prácticas alternativas, invisibles, silenciosas pero que funcionan por todo el orbe marcan la posibilidad de un horizonte. Algunos alcanzan a ver en estas –llamémosles así- autonomías, un posible horizonte de emancipación.
Estos experimentos, estas innovaciones sociales colectivas hablan de un trastocamiento de las relaciones dominantes, de democracia directa, autoregulación social y gestión colectiva de los bienes comunes; en la cooperación de trabajo útil que reconstituye reordena el hacer humano; en la producción y autoinstitución, en la autodeterminación y el autogobierno, en la autoorganización y el surgimiento de sujetos colectivos que gestionan la vida de modo alterno en vez de poder político externo que domina desde arriba y desde el centro; democracias radicales de hombres y mujeres en sus propios lugares donde viven y trabajan; a la actividad política colectiva y práctica de transformación del mundo. Siguiendo a Bookchin, nos parece que la política verdadera es la gestión de la comunidad por la gente de la misma comunidad de manera colectiva y democrática, que puede ser la base de una red de comunidades descentralizadas gestionadas por todas y todos.
Estas prácticas emancipatorias, estas otras políticas algunos les llaman AUTONOMIAS. Y en ellas esté puesta toda nuestra energía, todo nuestro esfuerzo, nuestro trabajo. No las idealizamos. Conocemos desde dentro sus múltiples límites, sus perturbadoras contradicciones; su debilidad y fragilidad frente al Estado, el capital y la guerra. Por ello hemos imaginado, compilado, y publicado “Pensar las autonomías”, para pensar sobre sus posibilidades como otra política, como potencia, diversidad y posibilidad, como prefiguración de un mundo otro y como horizonte de emancipación.
Es decir, nuestra atención está centrada en las posibilidades y límites emancipatorios a través de lo que polisémicamente, de manera diversa y polifónica nombramos autonomías. Desde nuestro punto de vista, sin que creamos que exageramos, estas prácticas autonómicas, embrionarias, contradictorias, insuficientes, limitadas, asediadas, son uno de los principales retos de los que depende el futuro de la humanidad. Tenemos que lograr alcanzar a pensar y accionar una salida a la catástrofe capitalista que se avecina, una salida desde los pueblos, basados en estos experimentos autonómicos que buscan liberarse, emanciparse de la dominación del capital y del Estado. Por tanto Pensar las autonomías, es una herramienta para pensar la lucha contra el capital y el Estado, ya que pensamos a la reflexión, a la teoría, como un momento de la lucha misma. Esperamos que puedan pensar las autonomías junto con nosotras y nosotros. Esperamos que podamos pensar la emancipación.
jóvenes en resistencia alternativa
Octubre 2011.
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