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La guerra que vivimos en México
jóvenes en resistencia alternativa
parte 1

El miedo, la zozobra, la parálisis y la confusión frente a la enorme intensidad de violencia en México caracterizan los últimos años. Vivimos en un país en guerra, con miles de muertos. Pero es una guerra que se nos aparece como ininteligible, confusa, opaca. Necesitamos entender esta guerra para poder enfrentarla.
1. Narcotráfico: una expresión radical del libre mercado.
Las redes de comercio de productos ilegales son la otra cara de la misma moneda del capitalismo; funcionan bajo sus mismas premisas: acumulación y crecimiento sin límite, competencia feroz que implica control territorial de mercados de distribución y consumo. No es su principal característica la “ilegalidad” de las mercancías producidas. Todas las corporaciones dominantes “legales” utilizan en mayor o menor medida grados de ilegalidad: tuercen la ley para evadir las legislaciones ambientales, compran autoridades para no respetar los derechos laborales, fabrican productos peligrosos para la salud con la omisión o tolerancia del Estado, fabrican títulos de propiedad o sobornan jueces para arrebatar la tierra y los bienes naturales a los pueblos. Las más poderosas corporaciones inciden en el Estado para adecuar y modificar las leyes a su conveniencia y antojo. Cuando no pueden realizar ninguna de estas acciones “migran” a los lugares, territorios, regiones o naciones donde esto es posible.
Sin embargo la utilización de la fuerza por las redes ilegales sí puede ser un rango distintivo de la forma de imposición de la lucha por los mercados por dos razones: su intensidad y el significado que tiene el disputar con violencia al Estado las razones de la acumulación.
De nueva cuenta, todas las corporaciones capitalistas utilizan en mayor o medida la violencia: contratación de grupos parapoliciales o paramilitares para golpear, amedrentar trabajadores o comunidades. Grupos privados de mercenarios y corporaciones de seguridad para la guerra. Sin embargo la intensidad de la violencia convertida en disputa armada ENTRE redes de control territorial del narcotráfico y ENTRE estas redes y sectores del Estado, y CONTRA la población en general descubre un umbral inusitado del funcionamiento del libre mercado. En general, el funcionamiento de las corporaciones legales prioriza que la violencia sea un arma en manos del Estado y por tanto fungen como una mancuerna.
El libre mercado de las drogas, desregulado por completo por considerarse ilegal, como parte de la economía criminal global puede considerarse la ultra del libre comercio. Los narcotraficantes pueden ser concebidos como empresarios radicales. La economía criminal de las drogas es parte del capitalismo global y de las estructuras y premisas de su funcionamiento llevadas a un punto de violencia sin límites. Es una expresión radical del libre mercado.
La cultura del narcotráfico se acopla perfectamente a un modelo de éxito, individualista-machista basado en el poder económico y en el poder de la fuerza. Es una variante de la cultura de la competencia llevada al extremo, donde el estatus ya no sólo está otorgado por el dinero sino también por el poder de la violencia.
2. Desregulación del mercado, crecimiento exponencial y alianza con sectores del Estado, premisas de su funcionamiento actual.
La interrelación de las redes criminales de las drogas con el Estado o con amplios sectores del Estado es una conclusión que todas y todos sabemos, no es un secreto. Tampoco es inusual sino más bien la regla del funcionamiento del mercado. Todas la corporaciones, legales o ilegales necesitan de la alianza con el Estado: los sectores inmobiliarios necesitan de leyes, anuencia, inversiones y acuerdos con sectores estatales; la industria extractiva requiere que el impulso desde el Estado sea decisivo para la mercantilización de los bienes naturales y que sea política de crecimiento nacional; la manufactura requiere de la omisión del cumplimiento de las leyes laborales o mejor aún, leyes laborales a la conveniencia del mercado. Las redes criminales requieren también del Estado. Lo que está en juego es que la alianza del capitalismo legal con el Estado es considerada “legítima” y “necesaria”, mientras que la segunda es considerada ilegítima. Esta interpenetración de intereses según las investigaciones no es nueva, sino que ha funcionado desde el surgimiento del mercado de drogas en nuestro país. Si estas redes de comercio han funcionado durante más de un siglo con clara alianza, anuencia o tolerancia del Estado ¿por qué entonces pareciera que el mercado de las drogas se ha vuelto loco?. La hipótesis más importante sobre ello tiene que ver con un proceso de “desregulación” (libre mercado) y crecimiento hipertrófico de la economía criminal. Expliquémonos.
El viejo régimen autoritario funcionó como regulador del mercado ilegal con reglas implícitas, clandestinas, ilegales, de fuerzas de seguridad y sectores importantes del Estado. De manera oculta estos acuerdos sobre la producción, distribución y comercio de drogas mantuvieron al mercado ilegal bajo una “regulación” ilegal: el mercado proliferaba y los sectores del Estado cercanos al acuerdo, se beneficiaban; todos contentos. Sin embargo el crecimiento exponencial del mercado de drogas es equivalente al crecimiento exponencial que han tenido las corporaciones multinacionales en los últimos 30 años, curiosamente los años del neoliberalismo. Si de las 100 economías más grandes del mundo 51 no son economías nacionales sino corporaciones “legales”, el mundo oculto del “tráfico” de armas, drogas y muchas otras mercancías ha crecido proporcionalmente. Si las corporaciones multinacionales como Halliburton, Enron, Monsanto, Maseca, CEMEX, CARSO, Coca Cola, Disney, Wall Mart o McDonald parecieran fuera de control por su fuerza económica, por su expansión global sin límite, por su intensificación monopólica de disputa territorial, la economía ilegal ha hecho lo equivalente.
Nadie puede, sin entrar en una verdadera guerra, regular las actividades de Wall Mart. Nadie puede, sin entrar en una verdadera guerra regular las actividades del narcotráfico, estando además su producción, formalmente fuera de la ley. La regulación del viejo régimen no sólo se ha venido quedando corta frente al crecimiento del mercado de drogas sino que también esta vieja regulación se ha venido fragmentando.
La alternancia política ha fragmentado y debilitado los viejos acuerdos ocultos del Estado con el mercado de las drogas. Así, algunos sectores del Estado mantienen vínculos con algunos sectores del narcotráfico, mientras otros no y otros más con los sectores adversarios de los primeros. Algunas redes han ganado tanto poder que saben que no requieren de acuerdo alguno, no sólo pueden comprar la colaboración del Estado, pueden desafiarlo, pueden independizarse de su vieja regulación. Si a esto agregamos un sistema de justicia corrompido desde la base, una intensa y severa crisis de deserción en el Ejército Federal y policías denominadas “criminales” por su bajísimo nivel económico y capacitación, así como la ruptura y fragmentación de la regulación del viejo régimen podemos comprender el caos de violencia al que nos enfrentamos. Vivimos la desregulación y el mercado libre de las drogas bajo su característica primordial que es la violencia. Vivimos la guerra del libre mercado desregulado.
Esta guerra, utiliza la violencia de manera un tanto distinta a la del Estado. Mientras desde el poder la violencia se organiza para proteger la propiedad privada y los intereses económicos, la razón mercantil se impone como sinrazón. Sin embargo la violencia del libre mercado radical es una violencia que va más allá de dichos intereses, ligada a la barbarie y a la crueldad. La violencia rebasa los objetivos de la racionalidad económica. Se mata por matar, sin excepción, sin respeto alguno. El poder del dinero y las armas promueve la violencia absoluta, descarnada.
3. La guerra infinita de Calderón.
La presidencia de la República por su puesto conoce esta situación. La guerra contra las drogas como todos hemos concluido es una estrategia del Ejecutivo que utiliza políticamente la alianza con el Ejército, que desplazó el conflicto poselectoral y el conflicto social a una arena secundaria, que en sus primeros años de gobierno fortaleció la legitimidad del régimen y que inmovilizó a la ciudadanía. La guerra contra las drogas, como es impulsada desde la presidencia es una guerra que nunca terminará porque no ataca las raíces estructurales del fenómeno. El carácter ilegal de sus mercancías no sólo eleva las ganancias sino que no permite que el Estado pueda tener una regulación sobre ellas y su funcionamiento. Son redes de comercio que han crecido de manera exponencial también por cuestiones estructurales: por el cambio de modelo acumulación global que debilita las economías periféricas y mantiene de manera forzada el crecimiento de Estados Unidos. Esto empuja a la migración masiva por la posición geoestratégica de México como paso de Centroamérica al norte. Si a ello agregamos los efectos del modelo de acumulación neoliberal de desindustrialización y descampesinización de todo el país, tenemos factores estructurales que alientan y son el caldo de cultivo de las redes de comercio ilegales. Desincentivar con violencia al mercado de drogas parece un sinsentido. Son estas razones estructurales las que le dan fuerza al creciente mercado, mas la fragmentación y desregulación del régimen que hemos explicado. La guerra además, aumenta la peligrosidad de la distribución y el comercio y por tanto eleva sus costos, es decir aumentan las ganancias. Hay que recordar que la guerra, para un sector del capitalismo es una salida estratégica para las inversiones. La guerra, especialmente en momentos de crisis, es una forma de acumulación, es una oportunidad.
El flujo migratorio sin límites que ha provocado la fractura de las economías de México y centro américa por la contra revolución neoliberal ha generado un campo de oportunidad enorme para el mercado ilegal. La supuesta “ilegalidad” de miles y miles de migrantes abre la conexión inmediata para su explotación y utilización. Es un mercado no regulado de personas, que es subsumido por una compleja red de mercados ilegales (drogas-armas-extorsión-polleros-explotación de mano de obra esclava-superexplotación).
No podemos cambiar nuestra posición geográfica con Estados Unidos y es poco probable que en el corto plazo cambie el modelo de acumulación. Las condiciones que son la premisa de la fortaleza del mercado de las drogas no son tocadas. La guerra entonces no tendrá final. Estados Unidos también sabe de estas condiciones. El creciente intervencionismo norteamericano parte de la premisa de que las estructuras de poder estadounidense deben interferir, frente a un proceso imparable del mercado y la incapacidad creciente del Estado mexicano para hacerles frente. La interpenetración de las estructuras estatales mexicanas y estadounidenses crece. Esta tendencia será permanente y creciente en una guerra sin fin.
4. La guerra del terror
Si bien, el éxito del mercado de drogas es un proceso resultado del capitalismo global, los poderosos utilizan el fenómeno como estrategia de control de la población y lucha geoestrátégica por territorios y recursos. La secuencia puede ser la siguiente: 1) el proceso neoliberal considerado como una contra revolución, avanza con procesos de desposesión-privatización sobre pueblos, comunidades, ecosistemas y bienes naturales destruyendo el tejido social; 2) el proceso es acompañado con crecientes dosis de militarización, control territorial y políticas de miedo y terror; 3) la guerra contra las drogas desata una violencia sin límites que amedrenta, repliega y detiene las respuestas sociales colectivas 4) quienes resisten de manera organizada se les intenta destruir o al menos contener y aislar con ataques selectivos desde el Estado. El resultado es por supuesto la parálisis y la inmovilidad social. Pero también, el crecimiento de la fuerza de las corporaciones criminales y la ampliación del campo de mercado ilegal.
Las luchas, resistencias y movimientos nos enfrentamos a un capitalismo radical. Si contra Coca Cola podemos impulsar campañas, boicots y movilizaciones, contra el narcotráfico no podemos empujar la resistencia o seríamos simplemente eliminados. El libre mercado de las drogas no sólo se sale del campo de regulación económica sino de toda norma de acción simbólica, legítima. Está fuera del campo de lucha tradicional. La libre competencia fuera de control destruye todo a su paso. La forma de acumulación del capitalismo global contemporáneo, las políticas estatales neoliberales, el crecimiento económico a toda costa han liberado a los demonios del libre comercio radical, que ataca a la población, se ataca entre sí, ataca al Estado, ataca a sus propios aliados. La guerra del terror sin embargo es un fenómeno adicional utilizado por el Estado mexicano y por el Gobierno Estadounidense para mantener el control dentro de lo posible de la región.
Repensar frente a este diagnóstico nuestras estrategias de lucha, acelerar los procesos de articulación y análisis, así como salir de la parálisis son ejes indispensables para comenzar a enfrentar el nuevo escenario de decadencia mortal del capitalismo y sus contradicciones. El escenario de la economía criminal sin embargo no es la única dimensión de lucha, antagonismo y contradicción a la que nos enfrentamos. Mientras esta guerra sucede, tras bambalinas, la descomposición de la clase política y del régimen continúa y la lucha y resistencia social se desarrolla. De ello hablaremos más adelante.
jóvenes en resistencia alternativa
abril 2010.
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