Algunos escritos de Pável González

Amar, solamente amar.
Del amor nace la bondad, el respeto, la fe, la armonía, la paz, la sabiduría, todo.
Pero antes que otra cosa hay que saber amar.


Viento sólido en un pequeño otoño.
Existen lugares donde las anguilas, las tortugas o los árboles se refugian. También existen personas que siembran en invierno, al ras de las desérticas lluvias del siglo XXI: o de la década o del año 200X.
Y hay quienes garantizan la supervivencia de algo y que primero fueron alguien, callaron y se dijeron algo.

El sol no se veía de frente, está reflejado más allá de los hoyos de gusano y los fractales apocalípticos de la sociedad nueva del siglo XX, apenas iniciado, apenas siendo matado en mundo, en el pueblo, en Hiroshima, Dios... Zen...
Cuántas apariencias, cuántos días de preguntas, cuántos días de comida y de balas, cuántos gritos y mujeres odiando, cuántos tiempos y la pregunta es "¿Cuánto tiempo?"
Una estación de tres doceavos de un tresciento-sesentaicincoavo de una misteriosa dialéctica que sí es posible entre conjuntos de trillones de unidades, pero que duró unas tres semanas, ahogada por el misterio de las nubes hasta la estratósfera sesgada en una euforia por el fin o el principio o los medios de consumo en una ciudad que es un paraíso, un cielo, un lago subsumido en el límite. ¿A dónde vas?
Es una pregunta de validez práctica, teórica que implica la vida de cuantos (y sin acento) hasta donde, porque el espacio es escaso, el agua va y las cosas no están saliendo bien. Un planeta y sus habitantes de alguna forma están vinculados, han sido vinculados y se recombinan como números traviesos que escapan al cinturón de Eros.


Este camino, sin arriba ni abajo, este tiempo, de inicios ambiguos que rezan un pasado sin inicio. Las cosas van, una a una, extrañas, cercanas, estrellas, circulan en las vías de esta cima, vistas bajo las agujas de un pino, una luna, tarde un sol, mañana.
Este camino, extraño, sin arriba ni abajo, montañas y fractales se avecinan, lunas corren por la carretera, se arrastran a las sombras, ocultando lo oscuro, recuerdo femenino del refugio. La vida, en un árbol semidesértico a la luz de la luna, oscura, en un camión sin conductor, en una terminal sin fin, en un tiempo de pocos dueños. Unas montañas, llenas de oro, un atardecer de luna y sol, un camino hacia el sur, ¿a dónde irá? Las risas, los silencios, el baño, el movimiento, en un mundo silencioso, muy espacioso, pero lleno e recuerdos. Umbrales, uno tras otro, montañas y volcanes, nieve. Venus precoz y sabores raros, en una idea central: ir, caminar, allá, más allá, como si fuera hacer más, como si fuera a ser más.
En la ciudad, dividida en 10, la gente va a menos diez, se divide entre diez su velocidad, y su tranquilidad se multiplica por diez, tal vez, una sonata más, Bach, una octava baja, un agudo solo de violín, tiempos vinculados extraños, solo, solo.
Ya era hora, en un tiempo se iría el último bus, oxalá que vuele, que suba a las montañas y llegue a las estrellas, que nunca deje de parar. Una cena, un reloj, una calle fácil de cruzar, niños con la ilusión y esperanza de los reyes magos, tiempos de frío y tristeza en algunos rostros. Camino por las cosas antiguas de aquella ciudad, las cosas irán bien, tomaba en cuenta, mientras pensaba en todas las cosas posibles, de antes, de ahora y de siempre, cómo escapar al tiempo, mejor no ignorarlo. Mezcal, tiempo en el viento de la plaza, en ese lugar extraño, donde convergen personas sin identidad, allí yo, oculto, inadvertido, oscurecido.
La vida es un camino, las cosas van, de regreso, ya más cansado, espero el bus, una hora antes. Aire enrarecido, lejos de la paz y una terminal de media luna con gente que pertenece más a la cultura de los emigrantes de EE.UU. Difícil de antemano, y aún de pie en el bus, se ve la luna con todo su reflejo en la tierra, con todo y un conductor amedrentado, tal vez por los asaltos, en una carretera sola y estrecha, pero el viento, aún tranquilo, divisaba un clima del mar, en las montañas frente al mar, en el lugar donde se hacen las nubes de los sueños.
Las voces que me llevaron fueron ambiguas, siempre lo fueron, pues de antemano nada las conoce, todos la conocen. Resultó importante llegar allí, estar allí, posarme allí. Nadie me llevó y pocos se acuerdan de él llevándoselo consigo, la luna y el lugar de los vientos y nubes agraciando la luna como los sueños. Neblina, coloide fractal que lleva consigo ríos entre lluvia y montañas. Entre la selva, el mar y las montañas, entre la tierra, las nubes, la luna y las estrellas, todo conmigo, todo consigo, así llegué. Entonces fue más claro, entonces fue ambiguo y las cosas nunca fueron iguales, Zen...
Así camino, mi camino.
Si soy solo en esta carretera que no se llama de ninguna forma, si soy solo con el viento a las luces de la noche y mi camino será guiado por la luna y el sol.


Ecos de un destierro

escrito el 3 de abril, 2004

Por sobre la luz se posa una sombra,
El umbral se ha roto, no hay revés
El camino está escrito, por sobre todo, las coincidencias son,
el destierro ha abierto el rumbo,
del total de cosas, el total de lluvias,
el calentamiento es, pero no es para siempre,
va de la mano, el ascenso de lo irracional,
va de la mano, la concentración de riquezas y poder,
va de la mano, niños sembrados para la guerra,
guerra guerra, han abierto las puertas,
puesta insólita de sol en penumbra,
han abierto el rumbo, la humanidad rendirá cuentas,
rendirá tributo, dictará el destierro, pero correrá la sangre,
demasiado tarde, ya gritamos la advertencia, no fue escuchada,
ahora los otros abrirán rumbo, ahora sabrán lo que es la vida en fuerza,
fuerzas de la vida alzar rumbo, el Zen.


El suicidio del Tiempo

A veces, cuando tengo miedo, o tal vez algo que me oprime, me pongo a escribir una hoja de letras que a veces no tienen gran sentido. Pero hoy es muy distinto y dentro de esta distinción, quiero comunicar algo, quiero pronunciar una palabra que no ha sido bien dicha por mí y es que mi amigo Isaac ha terminado aquel hilo que ostentaba su Eros y no supo comunicarlo, lo sustituyó por un hilo tenue que rodeaba el aire vital que buscaban los entes desde que salieron del mar a respirar la tierra. Y no supo decirlo, sólo supo consolar a tantas personas que necesitaban, tal vez, sólo platicar y sentirse deseados, y sentirse amados y saber que no sólo ellos sufren. Como un hombre ocultaba sus sentimientos, pero él tenía algo distinto y es que él sabía bien lo que era la vida, sabía el por qué de fondo de los antidepresivos. Y sus padres no supieron entenderlo y nosotros nos seguiremos preguntando hacia el tiempo -si hubiera pasado esto, si le hubiera dicho aquello - pero no cabe mayor objeción que respetar su decisión. Pues yo, un amigo cercano a él (y no sé si hablarlo en pasado, mejor en presente), sabemos compartir tantas cosas, más allá de una gota de alcohol para hidratar el tremendo dolor del alma. Su decisión, y no quiero filosofar acerca de la ética del suicidio, pues esto se acabó, pero sí quiero resaltar para aquellos que todavía creen que las cosas son una como consecuencia de otra, Tánatos cartesiano de los números de la vida, para aquellos que todavía creen que la educación se limita a rellenar huecos y a fomentar que los alumnos, vacíos recipientes de la sabiduría del profesor, deben estar propensos y dispuestos a llenar los huecos. ¿De qué estamos vacíos?, dice el postmodernismo volteando hacia atrás. Pero tampoco va por allí, ni tampoco la válida pregunta de que si un poco de antidepresivo fomenta la serotonina, neurotransmisor ligado a la secuencia de la vida en las neuronas. Tampoco depende de preguntas sin sentido acerca de lo que algo que ostenta su sinsentido, tiene la mayor de las lógicas posibles: se suicidó por todo y por nada, entonces, para muchos científicos sociales no cabe en esta jerarquía enredada una lógica válida, pues no sustenta los principios básicos de a+b=c. Estamos hablando de lo humano frente a las condiciones básicas de su realización, porque saben, para cada ser su tiempo, y es que estas condiciones sociales no pueden seguir así, saben, me da miedo, yo de 20 años, el día en que la seguridad alimentaria sea envuelta en un paquete transgénico sujeto del monopolio imperial, me da miedo que Nestlé monopolice el vital líquido, me da miedo que se patente mi vida, me da miedo. Pero saben, no me da miedo decir esto, tampoco me da miedo preguntarle al maestro, ni saber que nuestro país históricamente nunca fue nuestro, ni que la reserva monetaria de EE.UU está en Oro y la nuestra es la deuda externa, tampoco que nuestra vida sea estrangulada poco a poco por la lógica del trabajo libre, que no es más que el robo del tiempo. A lo que voy es a lo que sigue, y es que ellos, Isaac y Lee, se suicidaron con 3 días de diferencia, pero los une una cosa, que ellos, a diferencia de muchos, saben que esto está valiendo verga y que el mundo tiene que cambiar, porque el planeta se calienta, porque la vida se extingue y porque nuestro tiempo, para realizar nuestras condiciones espirituales mínimas, se ha limitado a la lógica del consumo. Necesitamos tiempo, no horas-trabajo, y necesitamos espíritu, no tarjetas de crédito. Pido a aquellos quienes aceptan esta realidad tan dolorosa que resistamos, que aprendamos y bajemos lo que aprendemos a las comunidades que mueren de hambre o a la gente que muere de tiempo, pido que resistamos este embate que parece nunca terminar. ¿Qué seguirá acaso una serie de suicidios masivos mientras las transnacionales destruyen los alimentos porque los precios del mercado estaban bajos, mientras el mundo se polariza en este dolor, nosotros seguimos gritando "Para cada Utopía su Camino". Creo que podemos tener la madurez histórica para gestar una burbuja dentro de esta destrucción, pero el tiempo pasa, y vamos contra reloj, ayer fue Isaac y no quiero que sea el siguiente tú o yo.


Pequeño tratado de MI con el tiempo

Sobre nosotros mismos callamos, pero ante el todo y ante lo que no se ha dado la oportunidad de existir, ostentamos una pequeña diferencia, se le puede llamar como sea, pero es donde se encuentra la humanidad. Y sobre toas las cosas que ya existieron, nos encontramos, hoy como una sociedad que no deja de ser pesimista, que no deja al lado el YO, pero el yo primero. Por eso, hoy hacemos un tratado con MI tiempo, con mi propia historia personal, que no sólo es un vil reflejo sin límites infinitos de todo lo que ha sido la humanidad, de la conquista del Tíbet, pasando por los esquimales y los orientales, donde las creencias se vuelven sobre sí, evocando un Dios que sólo refleja ese sentimiento de lo imposible. MI, donde se establece toda reacción de lo inmediato, será el YO, capaz de reflejarse infinitamente y sin ninguna barrera jamás impuesta, hacia donde no ha existido aquella capacidad. MI tiempo se concentrará nunca sólo en el pasado y viviremos el presente, con todas las dificultades y sufrimientos que puedan ocasionar los seres humanos que no se han dado la oportunidad de ver más allá de lo que son realmente ellos. Abiertos con la amplitud del tiempo, evocaremos ya no al MI, nos convertiremos en MU, aquél fractal impaciente de volver a ser lo que nunca es, aquel cambio constante sin ninguna velocidad ni sentido a la par ya no de la materia, sino del tiempo. NO ES LA NADA LO OPUESTO A LA EXISTENCIA; TAMPOCO EL MOVIMIENTO EXISTE PORQUE ES MU.

Lo que firmamos aquí es una petición de existencia ante las propias condiciones materiales de nuestro propio cerebro, y del ELLO, con las montañas hechas mar y las palabras vueltas ciegas a sí mismas en la realidad, superar toda contradicción evocada en el presente-pasado-futuro, con el inconsciente en la mano, tratamos de seguir en pie pues desde aquel momento, todo lo que siguió nos hizo daño, pero siempre encontraremos dentro de MI-MU la fortaleza de poder seguir en pie, de "nadar en el río" y de flotar sobre las montañas del tiempo, allá donde se hacen los sueños, para que los hombres sigan en pie, aunque pierdan la conciencia de estar vivos. Pedimos recordad la utilidad y amplitud humanas, pedimos un réquiem por los que nos hacen daño, por las "contradicciones de los dos hemisferios de los sexos", sobre lo que es y no ha podido ser evocaremos convincentemente que yo seré lo mismo conmigo, consigo, con ello, aunque se hable como humano y no se escuche la resonancia del ello, aunque el Tanatos de la palabra, nunca más vuelva a ser Eros de toda ontología y, aunque los sentimientos no puedan emerger más allá de la sociedad coercitiva, pediremos a MU que nos lleve a donde se hacen los sueños y soñar un poco que puedes volar y luego tratar de encontrar el camino pasando el umbral, para luego regresar. No que nos pedimos, es que ante lo que cargamos, nos aguantemos vivos y ante lo que vivimos y ya se ha vivido, pedir que la flor del tiempo siga emergiendo de donde se mantiene, aunque sea poco, la capacidad para seguir nadando.

Paciencia, humildad, esperanza y paz, hacemos nuevamente un réquiem por los que ya cayeron y a los que no se dieron la oportunidad de seguir caminando...

Mi MU.- Pável


Si soy solo en esta carrera que no se llama de ninguna forma, si soy solo con el viento a las luces de la noche y mi camino será guiado por la luna y el sol. Si soy solo en este mundo de justificaciones ambiguas, lleno de soledad en los mensajes, en las acciones y en los efectos de las personas para sí, es que esas cosas deben cambiar.

Si hoy al humano que se arremete a una esquina, prometiéndole primero con el tolete el consumo seguro y prometiéndole con el tolete un primer error, que estoy seguro de que no se nos olvida: hace quinientos años hombres que venían a nombre de Dios se llevaron todos los valores que existían y desde allí, las cosas se dejaron ir en un sólo sentido, pero cambiará.

Hoy los leños de la hoguera piden resguardo, porque las cosas van a cambiar, y si no se trabaja, se rompe el hechizo. Vamos a mezclar dos puertas por un umbral en la tercera, cuarta y quinta dimensión, objetivando a la par del mundo real, hablando a la par de la mente, pero con su estómago, pero también con su alma.

Hay un largo proceso de conciencia del que pocos sabrán romper ese umbral, pero hoy los humanos deben aprender a cambiar y a creer y a hablar y a trabajar, estudiar y comer.

Este es el segundo MU, pues no es la nada lo opuesto a la existencia, esto es el dicho que yo no pido, sin que sé desde que nací, que las cosas iban a cambiar, mi tiempo es lo de menos, multiplicarlo es mi vida.